27 de junio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sale a la luz un terrorífico cuadro de Goya con el halo de ‘Expediente Warren’

El Museo de Zaragoza expone desde hace unos días un inquietante cuadro del genio aragonés que, como muchas de sus obras, parece adelantada a su tiempo, además de poner los pelos de punta.

Uno de los monstruos nacidos en el sueño de la razón de Francisco de Goya viene dando que hablar en los últimos días. Acaba de salir de la luz y su terrorífica estampa no se olvidará en mucho tiempo.

Se suele decir que Goya, como buen clásico, se adelantó a su tiempo. Sus temas de inspiración, su técnica y su compromiso con el proceso creativo abrieron nuevos caminos en el arte y en sus pinturas y grabados se aprecian, anticipadas en muchas décadas, notas de movimientos como el Romanticismo, el Impresionismo o el Expresionismo.

No es casual, por tanto, que podamos advertir el rastro estético incluso en una superproducción hollywoodense de hoy en día. Y así sucedido con este cuadro del genio aragonés recién descubierto y que atesora una peculiar historia.

El Museo de Zaragoza expone desde hace pocos días esta misteriosa e inquietante obra del maestro de Fuendetodos, cedida por una familia que desea mantener el anonimato. Solo se sabe que la obra no ha salido de la ciudad del Ebro en los últimos dos siglos.

El cuadro lleva por título ‘Visión fantasmal’ y salió del pincel de Goya en torno a 1801, en un momento de plenitud creativa

El cuadro en cuestión lleva por título ‘Visión fantasmal’ y según el historiador del Arte, Arturo Ansón, salió del pincel de Goya en torno a 1801, en un momento de "plenitud creativa", reflejando "esas imágenes espectrales" que guardan similitud con las fantasmagorías, trabajando de una forma "rápida" para plasmar "lo que su mente le expresaba".

"No es ni un boceto", explica Ansón, quien aclara que el autor regaló "este borrón" a Juan Martín de Goicoechea, sin que "ningún pintor de la época" hiciera una obra de temática similar. Incluso dentro de su propia obra, "aun teniendo en cuenta las series fantásticas que había pintado, no hay imágenes tan espectaculares" como ésta.

Es un óleo sobre lienzo de 26 por 17 centímetros. La imagen sólo se conocía por una instantánea en blanco y negro tomada del fotógrafo Juan Mora Insa que apareció en el número monográfico dedicado a Goya en 1928 por la revista Aragón,  con motivo de la conmemoración del Centenario de la muerte del pintor. Es la primera vez que se expone al público.

Existe la seguridad de que en 1928 la pintura 'Visión fantasmal' formaba parte de la colección de los condes de Gabarda y estaba en su palacio de Zaragoza, situado en la plaza del Justicia, sede en la actualidad del Colegio Notarial de Aragón.

Capricho fantasmal

Este pequeño cuadro es un boceto en el que el Goya habría querido plasmar una idea fantástica, un sueño, un "capricho fantasmal", que después podría concretar o desarrollar en un formato mayor y más detallado. Pero se quedó en su primer estadio de ejecución.

 

 

Detalle de la presencia demoniaca, en torno a la cual se adivinan otras figuras.

 

La escena acontece en un ambiente de nocturnidad y en un exterior. En el centro de ella, un fantasma se aparece a una serie de figuras humanas que están apenas sugeridas en la parte inferior de la composición, en un primer plano.

Se trata de un ser demoníaco, del que el artista sugirió con enérgicas pinceladas ojos, nariz y boca, y dos cuernos que salen de su cabeza; va vestido con capa negruzca, y una larga cabellera le cae por los hombros. De los seres humanos, los bultos de cuatro figuras están definidos con cortas y empastadas pinceladas rosáceas que sobresalen sobre el fondo marrón oscuro que sugiere la oscuridad nocturna.

En el extremo derecho de la composición, más próximas al espectador, se aprecian otras tres figuras humanas, algo más definidas en claroscuro; una está en pie, otra con el cuerpo inclinado hacia delante, y la tercera parece que está sentada o recostada sobre el suelo o una piedra.

Las dos primeras parecen mujeres, vueltas de espaldas a los fantasmas, con los cuerpos recubiertos con mantos o sábanas blancas, no así la figura recostada, que apenas está definida. Algunas figuras más, en plano posterior a éstas, están solo sugeridas mediante un leve frotado con el pincel, y ya sin carga de pintura.

El borrón está ejecutado alla prima, esto es, a la primera, sin dibujo previo y sin correcciones, queriendo plasmar el autor de inmediato imágenes soñadas o sugeridas por algún relato literario. Sobre la imprimación blanca, hay una ligera base ocre, sobre la que aplicó pinceladas más oscuras. Unas ligeras pinceladas amarillas iluminan ese fondo espectral. Es el único toque de color claro que rompe el predominio cromático oscuro del cuadro.

Ansón no tiene dudas de que esta visión fantasmal es obra autógrafa de Goya, porque tiene los modos de pintar del pintor aragonés, y también responde a la temática fantástica o caprichosa que él plasmó en grabados y cuadros del periodo posterior a su grave enfermedad y su sordera, en los últimos años del siglo XVIII, entre 1797 y 1800, aproximadamente.

Responde ya a una temática y una sensiblilidad en la que el espíritu de la Ilustración ya presenta rasgos prerrománticos, reflejando lo "sublime fantástico", presente en algunas obras de Goya de esos años. Aunque si ese demonio apareciera en alguna de las películas de la exitosa serie de terror Expediente Warren tampoco nos extrañaría. Juzguen ustedes mismos con este tráiler de La monja:

 

 

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