20 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Y Delgado “pa’ cuándo”?

Con Cospedal fuera de circulación, el caso de la ministra de Justicia es aún menos soportable: ella supo de las andanzas y chantajes de Villarejo y no hizo nada. Ahora debe marcharse.

 

 

María Dolores de Cospedal ya es historia por escribir. Se ha ido. Como tantos referentes de los últimos años del PP. Ha dicho adiós entre la indiferencia de los suyos. Sin escuchar demasiados agradecimientos. Confusa ante el hecho de que nadie haya alzado la voz cuando se ha visto acorralada. 

“Un partido que no es capaz de defender a los suyos cuando están siendo injustamente atacados no puede esperar que los ciudadanos confíen en él”. Ése ha sido el epitafio grabado en su tumba política.  Ella, con todo, sabe bien que así es la vida misma: lisonjas cuando estás en el machito y el riguroso “que te vaya bien” nada más perder la tarjeta de crédito.

 

Más si eres del PP, siempre dispuesto a agrandar las críticas de los adversarios. De hecho, el alivio por su dimisión pública se notó de inmediato en la cúpula del partido. Pablo Casado temía la foto en el Congreso con la ex secretaria general sentada todavía en la bancada popular.

 

 

Pues bien, tras liberarse de tan “pesado lastre” para hacer oposición, lo lógico sería que el foco se volviese hacia otra Dolores, de apellido Delgado. Sí, la que sigue siendo ministra de Justicia. La misma que, siendo fiscal, supo de los turbios delitos de Villarejo y nunca los denunció.

Despejada la cuestión de la ex número dos del PP, Delgado debería estar en el disparadero. Si era inevitable la caída de María Dolores de Cospedal ¿cómo no va a dejar su cargo Dolores Delgado por lo mismo, agravado porque mintió al afirmar que no conocía al comisario chantajista y grabador? Sin duda.

El doble rasero

¿O es que aquí muchos juegan al doble rasero? Hay una diferencia no pequeña entre ambas personalidades políticas: que quien nombró a la ministra fue Pedro Sánchez. Y me cuentan desde el PSOE que el propio presidente se negó en rotundo a aceptar la dimisión que le presentó su responsable de Justicia. 

Sea como fuere, resguardada por el equipo de La Moncloa, Delgado se ha guarecido en el victimismo para ir diluyendo sus responsabilidades. Dado que Sánchez alcanzó el poder con la ejemplaridad y la regeneración como banderas, su ministra de Justicia no debería pasar la prueba de la legitimación ética con tan rotundo peso en la mochila

 

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