24 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La batalla por la audiencia. ¿Qué hará Telecinco el día que "Sálvame" sucumba?

Jorge Javier Vázquez

Jorge Javier Vázquez

Hay programas en televisión que son capaces de atrapar a los espectadores de tal forma que pasan los años y siguen generando unas cifras muy elevadas. Sin embargo, nada es eterno.

 

 

Arranca el otoño, la estación de la melancolía, la reflexión y el cambio. Es tiempo de lluvia, de olor a tierra mojada, de disfrutar la intensa paleta de color de la naturaleza y, por qué no, de la televisión. Podemos ponernos intensos, gritar a los cuatro vientos que no la vemos, que preferimos un buen libro (que también) a darle al mando y zapear. Señores, ir de ilustrados, de renegados, de intensos, no deja de ser todo un postureo pueril. Son muy pocos los que de verdad no cuentan con un televisor en su casa. Aceptémoslo, en algún momento del día la inmensa mayoría de los mortales se sienta delante de la tele, la enciende para tener ruido; incluso los hay que desayunan, almuerzan y cenan con ella. La televisión es espectáculo, la televisión bien hecha siempre es un placer y el combate por la audiencia es lo más parecido a la "bestia grande y fuerte" de la que escribió Platón.

"Es como si alguien, puesto a criar una bestia grande y fuerte, conociera sus impulsos y deseos, cómo debería acercársele y cómo debería tocarla, cuándo y por qué se vuelve más feroz y más mansa, (…) y aplicara los términos de bueno o malo, justo o injusto, a las opiniones del gran animal, denominando buenas a las cosas que a éste regocijan y malas a las que le molestan".

La audiencia, esa amalgama variopinta que rige los destinos de los descomunales despachos de los directivos, es soberana. La lucha por seducirla, por conquistarla se convierte en una batalla apasionante, una partida de ajedrez en la que la creatividad, la estrategia y la paciencia son sus valores esenciales. Confieso que es un combate que me apasiona.

Si en la España de los años 90, la irrupción de las televisiones privadas y de los medidores de audiencia cambiaron para siempre el modelo y el negocio televisivo; hoy, en la del siglo XXI, las plataformas de streaming le han dado una vuelta al consumo. Los espectadores nos hemos acostumbrado a consumir contenido cuando queremos, donde queremos y como queremos. Los nuevos partners le están robando el contenido a las cadenas generalistas, tanto a las públicas como a las privadas. Las audiencias ya no son lo que eran y robar medio punto de cuota de pantalla al de enfrente es, cuando menos, una labor titánica.

Aquí es donde quería llegar. Durante años, la cadena que le ha tenido cogido el pulso a la audiencia en televisión ha sido Telecinco. Su modelo de negocio basado en bajos costes y producción propia le ha salido más que rentable. Su cuenta de resultados resulta envidiable. Como ejemplo de este modelo destacan las cinco horas de parrilla de Sálvame, un programa dividido en frutas y hortalizas con las que esquivan horarios protegidos y suman audiencia desde su nacimiento.

Habría que remontarse al 19 de marzo de 2009, la noche que se estrenó Sálvame, un programa semanal que nacía con la intención de comentar en clave de humor Supervivientes, uno de los realities insignia de la cadena. El programa obtuvo un 25.8% de cuota de pantalla. Dada la rentabilidad del espacio, en poco menos de un mes se transformó en diario. Ahí sigue, en el mismo lugar desde aquel 27 de abril. A lo largo de los años, Sálvame se ha convertido en el culebrón de Telecinco. Aparcó la información del corazón para fagocitar a sus colaboradores, los mismos que desde hace años incluso alimentan las portadas de las revistas del corazón. Ellos son el corazón hoy. Ellos, con sus idas y venidas, van de opinadores, pero en realidad son los protagonistas de un culebrón que se mantiene vivo y en lo alto de podio vespertino desde hace más de una década. Sálvame ha impuesto un modelo de programa en directo, en una época en la que ya no se estilan esos directos, un programa cuyo principal interés para el espectador es la vida de sus colaboradores, sus escándalos y las peleas. Sálvame ha normalizado las broncas y ha emponzoñado todos los programas de debate de la televisión, incluso los políticos, hoy si no hay ruido la cosa no mola.

Este verano los medios publicaron alarmados los sueldazos de los presentadores y de los colaboradores de Sálvame. Los salarios oscilan en una horquilla entre los 1.400 euros por programa que se embolsan los mejor pagados (Kiko Hernández o Kiko Matamoros, por ejemplo) hasta los 600 euros de los más bajos (Gustavo González y Rafa Mora). Todos se mostraron estupefactos, que no digo yo que no sea para sorprenderse, pero el análisis debería ir por otro lado. ¿Cuánto le cuestan a Mediaset esas cinco horas de programa? ¿Cuánto le han costado a la competencia directa esas mismas horas esta última década? Entre encajar y pagar culebrones que seduzcan al público y el baile de concursos, los costes de la competencia han sido brutales.

Kiko Matamoros, Lydia Lozano y Kiko Hernández

El modelo de Antena 3 en esa franja ha ido por otro lado y, de momento, parece que la vida en directo de Telecinco no hay tocado techo, no encuentra competencia.

Me sorprende que la audiencia no haya mostrado rechazo a un programa que se ha instalado en la televisión de la crueldad, esa que convierte en espectáculo el sufrimiento humano. Y si no, que se lo pregunten a Antonio David, por ejemplo. ¿Dónde se encuentra el límite? Sálvame ha llegado a unos términos insospechados, se ha transformado en un producto que despierta los instintos más bajos de la audiencia apelando, entre otras cosas, a la humillación. No le quitemos sus méritos al programa, confieso que en los meses de confinamiento ofrecieron ratos impagables, necesitábamos evadirnos. Quizá sea ese su secreto, vaciar la mente de la audiencia y convertirse en el guilty pleasure del público, el placer culpable, el placer inconfesable. Porque nadie confiesa que ve Sálvame.

Nada es eterno en esta vida. Así como los informativos de Antena 3 han sido capaces de igualar y superar a los de Telecinco (lo que parecía una misión imposible) cualquier día alguien tocará la tecla y le dispara en el centro de flotación al incombustible Sálvame. Ese disparo deberá jugar en otra liga, en la de la creatividad, la frescura, la paciencia y la novedad.

Vicente Vallés

Antena 3 informativos ha alcanzado su meta, ha dado la vuelta a los datos gracias a la constancia, a la labor de pico y pala y al esfuerzo de un equipo liderado por Santiago González, su director. Bueno, también con un poquito de ayuda de Pasapalabra en el caso del informativo de las nueve. El arrastre del concurso es indiscutible, como también lo es la perseverancia y la paciencia de su director y presentador, Vicente Vallés, a pesar de las diferencias con el informativo de Piqueras continuó su labor pacientemente, inasequible al desaliento.

Con las audiencias de los informativos a su favor y el prime time repartido según la noche, los datos de las cadenas en esta extraña temporada se juegan en la mañana y, sobre todo, en la tarde. La pelea, de momento, se antoja complicada. Yo me pregunto, ¿qué hará Telecinco cuando Sálvame sucumba?

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