24 de abril de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Cisma y traiciones: Lo que la sentencia de las hipotecas ha destapado en el TS

El presidente del Supremo, Carlos Lesmes, saluda al de la Sala Tercera, Luis Díaz-Picazo.

El presidente del Supremo, Carlos Lesmes, saluda al de la Sala Tercera, Luis Díaz-Picazo.

El cruce de reproches entre los dos "bandos" de la Sala Tercera es insólito en la historia del Alto Tribunal. Y ve la luz la tensión y el enfrentamiento brutal entre los magistrados.

Ventiún días después de la polémica sentencia del Tribunal Supremo que adjudicó a los clientes el pago del impuesto sobre las hipotecas -una resolución que derribó otra anterior de la sección correspondiente de la Sala Tercera que había fallado en sentido contrario endosando el impuesto a las entidades bancarias- este martes han visto por fin la luz las distintas opiniones de los magistrados que participaron en tal convulso pleno, que acabó con 15 de ellos en un lado y otros 13, en el otro radicalmente opuesto.

Y tanto en los argumentos del fallo definitivo que exonera a los bancos de llamado IAJD, como en los distintos votos particulares en su contra, rezuma el clima de crispación y abierto enfrentamiento, una guerra civil en toda regla, que se vivió el 5 y 6 de noviembre en el madrileño palacio de la Plaza de la Villa de París. 

El fuego circula, en realidad, en las dos direcciones. Pero un reproche prima sobre todos los argumentos: el cambio de criterio "radical" de los primeros magistrados de la Sección de Sala Tercera que olvidaron la jurisprudencia histórica sobre el asunto para fallar contra los bancos y a favor del cliente.

Lo hace la mayoría del Pleno, con su presidente Díez-Picazo a la cabeza con palabras jurídicas gruesas. "Drástico viraje jurisprudencial" y "arbitrismo judicial", censura el bando finalmente vencedor.

Estos 15 magistrados que inclinaron la balanza a favor de los bancos critican las resoluciones iniciales porque se actuó sin que se hubiera producido una modificación previa del "corpus normativo" aplicable ni ninguna otra circunstancia que pudiera incidir en la resolución de los asuntos.

De ahí ese "drástico viraje jurisprudencial respecto a lo que este Tribunal había declarado con anterioridad y por largo tiempo en la jurisdicción contencioso-administrativa, así como respecto a lo declarado en la Sala de lo Civil, giro que tuvo un amplio eco social y jurídico por la indudable trascendencia económica y social de la materia".

Recuerda también la mayoría de la Sala que la "fijación definitiva de jurisprudencia es, precisamente, una de las finalidades básicas -si no la que más- de los plenos jurisdiccionales", y acusan a los firmantes de las sentencias iniciales de causar "arbitrismo judicial" con su inesperada decisión.

 

Muy mal parado tras el esperpento de las hipotecas: en el centro, el presidente de la Sala Tercera del Supremo, Luis Díaz Picazo.

 

Pero el bando en minoría también pone negro sobre blanco sus reproches al resto de magistrados. "Causan extraordinaria preocupación, principalmente en la vertiente institucional, los sorprendentes derroteros que ha tomado este asunto", afirman en su voto particular conjunto cuatro de los magistrados que quedaron en minoría en la votación del 6-N.

"Esta es la primera vez en la historia del bicentenario Tribunal Supremo en que, de un modo indisimulado, se convierte un recurso de casación, que el pleno de la Sala Tercera estaba llamado a resolver, en otra cosa distinta y sustancialmente peor: en un desinhibido repertorio de medias verdades, desahogos verbales y argumentación poco rigurosa", afirman Francisco José Navarro, Eduardo Calvo, Ángel Aguallo y Jesús Cudero.

Precisamente Cudero Blas fue el ponente de la primera sentencia notificada el pasado 18 de octubre y que ponía en cuestión y derogaba el criterio jurisprudencial vigente y señalaba a los bancos como los obligados a pagar el citado Impuesto de Actos Jurídicos Documentados.

De la sentencia y los votos particulares se extrae una derivada más: la guerra civil que el nombramiento de Luis Díez-Picazo como presidente de la Tercera provocó entre muchos de sus compañeros.

Muchos le considera un "enchufado" del presidente del tribunal, Carlos Lesmes, que incluso forzó la ruptura de una regla no escrita en el Alto Tribunal, que los presidentes de Sala cumplan dos mandatos. No lo hizo el predecesor de Picazo, José Manuel Sieira, defenestrado por Lesmes para colocar a su apadrinado.

De hecho, Sieira no oculta en sus argumentos una crítica velada hacia el presidente de la Sala que le reemplazó en el cargo. Opina que aunque Picazo tenía competencia para convocar el Pleno "ello no supone que su criterio deba necesariamente ser compartido ni que tal decisión no pueda ser sometida al control de éste". Guerra de togas.

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