22 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La España de los dos bandos como lamentable arma electoral de Pedro Sánchez

España necesita puentes, no trincheras, pero Sánchez solo sabe excavar las segundas para dividir y tapar sus fracasos en los problemas que sí son suyos y no sabe atender.



 

 

 

La exhumación de Franco se convirtió, de manera grosera, en el gran acto de la campaña electoral de Pedro Sánchez y del PSOE, incapaz de resistirse nunca a la tentadora posibilidad de financiarse su propia propagando con recursos públicos.

Interrumpir el comienzo de los Telediarios para colgarse la medalla con una larga intervención sin preguntas y convertir el traslado de los restos de un personaje nacido en el siglo XIX en un maratón televisivo en la cadena pública, en contra además de lo anunciado, define al personaje y deja claro su objetivo estrictamente electoral.

Sin discutir la necesidad de adoptar cualquier decisión que profundice o culmine en la reconciliación nacional, un viaje por definición incompleto mientras haya deudas pendientes o el frentismo se imponga a la fraternidad; Sánchez se ha servido de ese espíritu para hacer justo lo contrario.

Lejos de culminar la reconciliación, su torpe manipulación de las emociones intenta devolvernos a un pasado de trincheras y no de puentes

Su intención no es, como dice de palabra, culminar la Transición, sino lo opuesto: reabrir heridas para activar una movilización electoral, por razones emocionales, que ahora mismo no tiene garantizada tras forzar una repetición de los comicios.

Sus excusas

Homenajear a las víctimas nunca puede ser ofensivo, pero utilizarlas como pretexto para recrear dos bandos en el presente y arrogarse la representación de uno de ellos es vergonzoso: una mercancía tan delicada como el pasado, repleto por definición de dramas cuando viene marcado por una Guerra Civil, requiere de un cuidado que Sánchez no ha tenido ni querido tener.

Porque lejos de culminar la reconciliación, su torpe manipulación de las emociones intenta devolvernos a un pasado de trincheras y no de puentes, que se escribe en términos de vencedores y vencidos nuevamente, y no de españoles capaces de recordar, homenajear y honrar a todas sus víctimas, de todos los colores, y hacer de su triste legado un combustible moral, ético y político de su democracia.

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