23 de abril de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Cunde el pánico en el PP: temen acabar tan mal como el PSOE del peor Zapatero

Rajoy el pasado viernes presidiendo su una reunión de su Comité Ejecutivo Nacional.

Rajoy el pasado viernes presidiendo su una reunión de su Comité Ejecutivo Nacional.

Rajoy quiere evitar un efecto contagio del "virus C's" al resto del país y del partido a menos de un año y medio las elecciones municipales y autonómicas, pero sin moverse un ápice.

El castigo al PP en las elecciones catalanas ha sido tan severo que ha dejado flotando en el ambiente la sensación, esta vez sí, de que ha empezado el fin de un ciclo; con Mariano Rajoy achicando agua de un barco al que el 21-D, y todo lo que le antecedió, han hecho una grieta irreparable. 

Y la marcha de su fiel jefe de Gabinete, Jorge Moragas, como embajador de la ONU en Nueva York (por más que estuviera pactada desde hacía meses) no hace sino acrecentar esa imagen de que el marianismo está, poco a poco, de salida.

En una reacción poco habitual en él, el propio Mariano Rajoy se apresuró a comparecer el viernes para intentar colocar un dique de contención que aislara lo ocurrido en Cataluña, con buena parte del país preguntándose si acaso uno de los actores principales de la mayor crisis política de la democracia tiene algo más que aportar a su solución que no haya hecho hasta ahora.

El PP tiene a la vuelta de la esquina elecciones municipales y autonómicas, con C's en estado de gracia

Quiere evitar el presidente un efecto contagio del virus C's al resto del país y del partido a menos de un año y medio las elecciones municipales y autonómicas, donde está en juego el poder territorial cada vez más mermado del PP y con Ciudadanos en un estado de gracia. "Ellos son los limpios, los puros", ironizan en Génova 13.

En la rueda de prensa del viernes llegó a presumir Rajoy de que en las últimas elecciones generales su partido ganó a Ciudadanos en las cuatro circunscripciones de Cataluña, como si de algo sirviera aquello en este momento. Como si todo se redujera a números y porcentajes, cuando el resto de partidos habla de sentimientos. 

Es evidente, y así lo reconocen los populares en privado, que los catalanes han desconectado del PP. Y lo que es aún peor, como se lamenta un cargo popular a ESdiario: en estas elecciones un partido que nació hace sólo una década ha arrebatado a los populares la causa patriótica, santo y seña del PP

"Mantenemos una defensa clara y rotunda de la unidad de la Nación española y de la igualdad de todos los ciudadanos españoles ante la ley; una unidad y una igualdad que articulamos a través de nuestro compromiso y respeto con la Constitución de 1978", rezan los Estatutos del PP en su preámbulo. 

La situación es muy grave, más allá de haber obtenido 4 escaños intrascendentes en Cataluña y quedarse sin grupo parlamentario. Porque a ello se une una nueva mayoría absoluta del independentismo y un Gobierno debilitado y en minoría, maniatado presupuestariamente por el PNV y los canarios. Sin olvidar un escenario judicial muy sombrío para el PP en 2018, con Gürtel azotando como un huracán.

No obstante el presidente está convencido de poder agotar la legislatura, y el viernes volvió a repetir que ni se le pasa por la cabeza convocar elecciones. Y mientras él se refugia en La Moncloa, en la calidez de quienes jamás osarían decirle que va desnudo como el rey del famoso cuento de Andersen (con Soraya Sáenz de Santamaría y Carmen Martínez Castro a la cabeza), en su partido reina la apatía.  

Pero la política es implacable, y por más que hasta ahora nadie dentro del PP se haya atrevido a toser a Rajoy, basta recordar lo que le pasó a José Luis Rodríguez Zapatero en su última etapa: las perspectivas del PSOE en las elecciones municipales y autonómicas de 2011 eran tan malas que los barones socialistas obligaron al entonces presidente del Gobierno a anunciar antes de dichos comicios que él no se presentaría a las generales del año siguiente. Porque ocho años en el Gobierno, dijo, son suficientes.   

Tan profunda era para entonces la herida del PSOE, y tanto tardaron en reaccionar los mandos socialistas, que aquel gesto de Zapatero sirvió de poco: el PP arrasó en 2011 y tiñó el mapa de azul. Los populares no quieren que este ciclo acabe así.

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