75 aniversario del desembarco de Normandía: Una lección de humanidad muy vigente

Todos los actores del juego entendieron que su interés propio dependía de la colaboración y el bienestar de los demás. Hoy, lamentablemente en la Unión Europea hemos dado un paso atrás

El desembarco de Normandía, del que esta semana se celebra el 75 aniversario, fue algo más que una inmensa operación militar a gran escala. Pese a sus defectos, cabe recordar que los bombardeos previos que debieron haber allanado su camino, las defensas alemanas en las playas normandas permanecieron mayoritariamente incólumes, supusieron el paso final en la derrota de un nazismo que apenas dos años atrás parecía invencible.

Los hombres y mujeres que arriesgaron sus vidas en aquella ocasión, civiles y militares, con su valor y entereza demostraron que nunca hay que arrojar la toalla ante un enemigo de la libertad. Sin embargo, el recuerdo de aquel día no es sólo para los caídos, sino para los supervivientes de ambos bandos, que una vez terminada la contienda sólo deseaban volver a una vida tranquila y en pacífica convivencia y cooperación.

La clave radica en esas últimas palabras: convivencia y cooperación. Aclaradas y delimitadas las responsabilidades civiles y penales en los juicios de Nuremberg, aunque no necesariamente estuvieran todos los responsables, los aliados se apresuraron a evitar el gran error del fin de la 1ª Guerra Mundial y huyeron del revanchismo.

Europa y Estados Unidos entendieron que la cooperación era la base para una futura convivencia sin fricciones. Haciendo caso esta vez de los consejos desoídos durante la firma del Tratado de Versalles, se centró el trabajo en una rápida reconstrucción, antes que en la exigencia de reparaciones de guerra. La conversión del antiguo aliado soviético en amenaza para las débiles democracias europeas supervivientes, aceleró el proceso de colaboración.

En unas condiciones extremas, en las que lo lógico para muchos hubiera sido guiarse por el interés propio en detrimento de los demás, todos los actores del juego entendieron que su interés propio dependía de la colaboración y el bienestar de los demás. La puesta en común de la producción de carbón y acero franco-alemana, rápidamente condujo a una unión aduanera sin aranceles. El comercio se benefició, así como los ciudadanos de a pie.

Hoy, lamentablemente, hemos dado un paso atrás. La Unión Europea aguanta el embate de euroescépticos que buscan socavar su base desde dentro y volver a una situación ingobernable de reinos de taifas, aplicando recetas económicas y políticas del pasado que, bien es sabido, nunca funcionaron positivamente. Estados Unidos, antaño aliado, parece que mientras siga gobernado por el histriónico presidente Trump, nos va a dar más disgustos que alegrías.

La imagen de esos 300 nonagenarios supervivientes debería llevarnos a reflexionar sobre qué queremos para el futuro. Se luchó por una convivencia que hoy está en entredicho por parte de gente que no ha sufrido guerras ni carestías, sino que, simplemente, no comprenden el valor de lo obtenido en los últimos setenta años y desdeñan una herencia que tuvo un alto coste.

Necesitan aprender de esa gran lección de humanidad.

 

*Politólogo y abogado.

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