El cambio comienza en uno mismo

Es clave que la presión ciudadana sobre los gobiernos continúe, así como que todos adoptemos hábitos de consumo más responsables y sostenibles

Si existe un sentimiento que predomine actualmente, es el de inseguridad; no necesariamente una inseguridad puramente física, sino algo más profundo y psicológico. El ciudadano se ve, como Stefan Zweig en otro contexto bien trágico, contemplando con nostalgia un mundo de ayer donde el futuro parecía asegurado y sustentado sobre sólidos cimientos. Sin embargo, si tomamos una perspectiva más amplia, nos daremos cuenta de que toda época tiene sus desafíos; no cabe más que enfrentarlos.

 

El mayor sin duda, puesto que afecta a nuestra propia supervivencia como especie, es el cambio climático. A nadie se le escapa ya que la acción humana ha contribuido en gran medida a cambiar, para mal en demasiadas ocasiones, el medio ambiente. Con todo, la conciencia ecológica es relativamente reciente y la verdadera interiorización de la dimensión real del problema por la población general y los gobiernos ha sido lenta.

 

Las campañas de organizaciones ecologistas como Greenpeace, siempre espectaculares y dirigidas a despertar conciencias, han obtenido un éxito relativo y temporal. Lo que faltaba era una figura que catapultara la conciencia ecologista y la hiciera calar a nivel global. Figuras famosas han prestado su imagen y su voz, pero el mensaje sonaba de algún modo artificial.

 

Finalmente, la espera ha terminado. No ha aparecido un mesías que puede resolver el cambio climático con un chasquear de dedos, sino una joven estudiante de bachillerato sueca con síndrome de asperger y una férrea voluntad. Pocos podían imaginar que su protesta frente a las puertas del Riksdag con su inseparable pancarta que rezaba Skolstrejk för klimaten (huelga escolar por el clima), pasaría de ser algo anecdótico a un verdadero fenómeno de masas, ganando adeptos y simpatías a un nivel rara vez visto.

 

Toda una generación de adolescentes y gente joven en general, ha descubierto por sorpresa que existe una alternativa a la pasividad ante hechos contra los que individualmente no se puede luchar. Ahora son plenamente conscientes del nivel de desgaste y sobreexplotación al que ha llegado el planeta; los desastres que el cambio climático está produciendo en todo el mundo y la falta de cualquier opción de futuro si no se actúa ya, forzando a gobiernos reacios, especialmente los más contaminantes, a comprometerse a un cambio radical.

 

China es el líder absoluto de los países contaminantes, contabilizando el 60% de las emisiones de CO2 a escala global, si bien parece mostrar más voluntad de variar su modelo energético a otras fuentes menos contaminantes y más sostenibles, mucho más de lo que se puede decir de Rusia, India y Estados Unidos; Europa se muestra mucho más comprometida, pero su influencia es menor, dado que apenas produce el 10% de las emisiones totales.

 

El tiempo se agota si no queremos llegar a un punto de no retorno. La Cumbre del Clima celebrada en Madrid a última hora por las protestas en Chile, que iba a ser el país anfitrión, no termina con compromisos tan firmes ni especialmente ambiciosos, como le han echado en cara muchos asistentes. No es un fracaso, sin embargo, puesto que ha concentrado más atención mediática que cualquiera de las cumbres precedentes.

 

Es clave que la presión ciudadana sobre los gobiernos continúe, así como que todos adoptemos hábitos de consumo más responsables y sostenibles; el verdadero cambio comienza en uno mismo.

*Abogado y politólogo

 

 

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