19 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Adriana Lastra toca fondo en apenas un mes y ya es cuestionada como portavoz

Pedro Sánchez, junto a Margarita Robles y Adriana Lastra, a su llegada al pleno de la moción de censura.

Pedro Sánchez, junto a Margarita Robles y Adriana Lastra, a su llegada al pleno de la moción de censura.

Muchos diputados veteranos ya advirtieron que la actual coyuntura requería un parlamentario con experiencia y con capacidad de diálogo. Pero Sánchez no se fía y colocó a su número dos.

El Gobierno sabe ya que está "en libertad vigilada". Y que el plazo se le acaba el próximo otoño. Es entonces, según sus propias palabras, cuando Carles Puigdemont tiene intención de dinamitar al Ejecutivo de Pedro Sánchez si no logra del líder del PSOE lo que el expresidente fugado exige.

"Va a ser un suplicio, cada votación un martirio", reconocía el pasado viernes un veterano diputado socialista, que respiraba de alivio al ver como, in extremis, el Congreso aprobaba el nombramiento de Rosa María Mateo como administradora única de RTVE. Gracias al indulto concedido por los 9 diputados del PDeCAT al PSOE.

Y es que como la cúpula de Ferraz pudo comprobar con el rechazo al techo de gasto de Sánchez, los 84 diputados socialistas componen una precaria base para la acción del Gobierno. Una precariedad que se ha cobrado ya su primera víctima: la portavoz parlamentaria, Adriana Lastra, incapaz de tejer las complicidades imprescindible para La Moncloa.

"No se da cuenta de su debilidad y espera adhesiones inquebrantables. Nuestro apoyo era tan solo para echar a Rajoy, nuestros votos se los tendrán que ganar iniciativa a iniciativa", aseguran a ESdiario fuentes de Podemos.

 

Pedro Sánchez, durante una sesión de control al Gobierno. Tras él, su portavoz parlamentaria, Adriana Lastra.

 

Y es que, como sucedió durante la etapa de Margarita Robles, entre la mayoría de los diputados del PSOE se  extiende en las última semanas una convicción: "Lastra está muy verde y no tiene la talla para el cargo que ocupa".

La complicada aritmética obligaba a Sánchez a escoger entre algunos de los parlamentarios más veteranos, con varias legislaturas en el Congreso y con complicidades con el resto de portavoces. El problema radica en  la composición del Grupo Parlamentario de Sánchez. De los 84 diputados, apenas una decena son fieles al presidente. El resto militaron en el susanismo y se rebelaron contra su líder y su estrategia del no es no.

Por eso, aunque sonaba para ministra, Sánchez encargó a Lastra el control de sus diputados para garantizarse la necesaria disciplina en tan complicada aritmética. Pero Lastra ha sido incapaz de mirar más allá y establecer una negociación fructífera sobre la senda del déficit, la primera votación de calado tras la moción de censura.

Además, a Lastra le ha perjudicado el vacío de poder en Podemos -tras la baja por maternidad de Irene Montero- y sus distantes relaciones con otros portavoces, como el repúblicano Joan Tardá o el vasco, Aitor Esteban. Y para empeorar el escenario llega ahora Miriam Nogueras -persona de absoluta confianza de Puigdemont- para tomar el control del PDeCAT en el Congreso.

Y con tan diabólico escenario, Lastra ya ha cosechado su primer gran fracaso en apenas 4o días. Y, como ironiza uno de sus compañeros, "esto no ha hecho nada más que comenzar".

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