30 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Las colección de grandes engaños de Sánchez con los que ganó las Elecciones

Pedro Sánchez, poniéndose la chaqueta

Pedro Sánchez, poniéndose la chaqueta

El líder del PSOE persuadió a los electores de que no haría nada de lo que está haciendo con Podemos, ERC y Bildu. Éstas son las pruebas del "engaño" que le hizo ganar votos.

Pedro Sánchez ganó las últimas Elecciones Generales comprometiéndose en público, de manera reiterada, a no hacer las tres cosas que, sin embargo, ha terminado haciendo: integrar a Podemos en el Gobierno; deberle la investidura a partidos independentistas y, por último, pactar con Bildu. Eso que acaba de hacer, según los hechos y el testimonio de Pablo Iglesias... y que no existe, según José Luis Ábalos.

Las veces en que el ahora presidente renegó de esas alianzas son incontables, y se remontan ya incluso a hace cinco años, cuando repudiaba el crecimiento de Podemos denunciado que, su actual socio, tenían una hoja de ruta "chavista" que convertiría a España "en Venezuela" y comportaría hasta "cartillas de racionamiento".

 

 

Pero no hay que remontarse tanto. En las dos Elecciones Generales mediantes entre la moción de censura y la actualidad, Sánchez también estigmatizó todo tipo de entendimiento con tres fuerzas que, por distintas razones, defienden proyectos abiertamente contrarios a la Constitución.

Incluso se presentó a las urnas con ese compromiso, complementado con otros como el endurecimiento del delito de rebelión para evitar la impunidad de dirigentes como Puigdemont o Junqueras.

 

 

Empezando por el partido al que ha dado la vicepresidenta segunda del Gobierno y cuatro ministerios, Sánchez rechazó la coalición que ahora está en vigor y llegó a decir, en una entrevista con Antonio García Ferreras, que esa posibilidad le provocaba insomnio a él y "al 95% de los españoles".

 

 

Antes de eso, y con la misma vehemencia, Sánchez ya había denostado y, aún más, presumía en una entrevista con Susanna Griso de extender su veto a los independentistas, vanagloriándose de haber rechazado llegar a la presidencia con esas compañías.

Las mismas que, en junio de 2018, le hicieron presidente y ahora han sellado una alianza estructural extensiva desde ERC hasta Bildu; desde los Presupuestos Generales hasta la bilateralidad con Cataluña o el control de Navarra.

 

 

Con ese compromiso, que coronó en la primera de sus campañas electorales posando con la bandera de España como gran reclamo en su presentación, acudió a las urnas con otra promesa en el zurrón: rechazar el mero diálogo con Bildu, a quien consideraba heredera de Batasuna y recriminaba su actitud cómplice mientras reivindicaba a su compañero asesinado Ernest Lluch.

 

 

La hemeroteca es todavía más cruel con Sánchez y más reveladora para quienes tal vez le votaron dando por buena su palabra: son incontables las ocasiones en que no solo se distancia de Bildu, sino que incluso se indignaba por la mera pregunta.

 

 

Otros dirigentes socialistas como Carmen Calvo, José Luis Ábalos, Adriana Lastra o Rafael Simancas, entre otros, también desmintieron la posibilidad de acordar nada con el partido que tiene al frente al mismo dirigente de la antigua Batasuna, Arnaldo Otegi.

La ley del silencio

Hoy todos guardan silencio, con una ola de protesta limitada a barones regionales poco dispuestos a plantar cara de verdad o a "viejas glorias", como Felipe González, Alfonso Guerra o Nicolás Redondo, despreciados o ignorados por Ferraz.

De hecho, los más críticos, como Guillermo Fernández Vara o Emiliano García-Page, han reculado tras sus protestas iniciales, llegando a disculparse en la Ejecutiva Federal celebrada este lunes, o han desaparecido de la escena en silencio. "Nadie va a levantar ya la voz. Y a los que la levantan, aunque fueran muy importantes en tiempos, no se les hace ni caso", concluyen fuentes socialistas consultadas por ESdiario.

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