23 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Acabemos con esta farsa

La afición del Estudiantes.

La afición del Estudiantes.

Tenemos que decidir lo que queremos: liga cerrada o liga abierta. Lo que sea, pero esta pantomima se tiene que acabar.

Equipos que casi llegan pero que nunca terminan de llegar, equipos que parece que no van a llegar pero que siempre llegan, equipos que ascienden pero que nunca ascienden. No puede ser. No puede ser que el Estudiantes sea el Daenerys Targaryen del baloncesto: juega con fuego pero nunca se quema. Tenemos que elegir.

No puede ser que el Estudiantes sea el Daenerys Targaryen del baloncesto: juega con fuego pero nunca se quema.

Si queremos liga cerrada:

Urge cortar las ilusiones de la gente. No podemos consentir que, temporada tras temporada, miles de aficionados de equipos LEB acudan a las canchas pensando que sus equipos el año siguiente pueden estar en el Palacio de los Deportes luchando contra el Real Madrid. No puede ser que decenas de jugadores y trabajadores de cuerpos técnicos peleen año tras año por conseguir que sus equipos asciendan a ACB, y luego esto solo se materialice si se cumplen unas ultra exigentes condiciones económicas.

Cerramos la liga a cal y canto. Decidimos cuáles son los equipos que participan y cuáles son los que se quedan fuera, igual que si fuera el patio del colegio: tú sí, tú no que estás gordo, tú sí, tú no que llevas gafas, tú sí, tú no que tus padres son pobres. Una vez elegidos los equipos tenemos que inventar algo para que la liga sea lo más competitiva posible. Tenemos que dar la cara y reconocer que lo más importante es el dinero y que todo gira en torno a él. Olvidémonos de valores que a nadie interesan ya porque nadie los cumple. Tenemos que hacer una liga mejor, equitativa, coherente, con sentido. Lo hacen en la NBA y no les va mal. En España está visto que solo sabemos hacer buenos inventos poniéndole un palo a algo que ya existe, pues pongámosle un palo a la NBA y saquemos algo productivo.

En España está visto que solo sabemos hacer buenos inventos poniéndole un palo a algo que ya existe, pues pongámosle un palo a la NBA y saquemos algo productivo.

Si queremos liga abierta:

Vale. Es otra posibilidad. Lo que urge aquí sería flexibilizar las condiciones para participar en ella. Que si descienden dos equipos desciendan irremediablemente y que si ascienden otros tantos, haya la suficiente flexibilidad para que puedan sobrevivir sin que ello supongo un problema para liga. Yo creo que este es un modelo obsoleto, pero como hay mucho romántico del deporte que todavía tiene esperanzas en que esto sea un mundo de felicidad y fantasía donde lluevan piruletas cada viernes por la tarde, pues me temo que tendremos que seguir soportando esta rémora que no nos hace progresar.

Podéis seguir aferrándoos a la arcaica idea de que el deporte son valores, pero no es así. El deporte -el profesionalizado, se entiende- es un negocio, un espectáculo y como tal hay que tratarlo. Si queréis ver deporte de verdad, sano, con valores reales y no esta maquinaria de destrozar sueños que nos hemos inventado, acudid cualquier sábado por la mañana a un polideportivo a ver a los chavales jugar al baloncesto, al fútbol o al balonmano. Si miráis con atención podréis ver como también incluso hay niños que juegan al voleibol, al bádminton o al hockey. Solo tenéis que salir a la calle.

Si se saca rendimiento de grabar a catorce subnormales en una isla, ¡cuántas cosas podríamos hacer con el deporte!

¿El deporte profesional? Eso es otra movida. Y como tal tenemos que tratarla. No puede ser que no seamos capaces de vender un producto interesante y que, a su vez, sea rentable. Si se saca rendimiento de grabar a catorce subnormales en una isla, ¡cuántas cosas podríamos hacer con el deporte!

 

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