| 07 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra, y la ministra de Igualdad, Irene Montero
La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra, y la ministra de Igualdad, Irene Montero

Se nos está yendo la olla

La señora Montero, sus adláteres y los grupos de presión que las circundan y en que se apoyan, creen haber descubierto el Mediterráneo

| Manuel Avilés Edición Alicante

Partamos de la base siguiente: no me considero facha ni de derechas. Jamás he votado al PP ni pienso hacerlo, exactamente igual me pasa con Vox, aunque los respeto a ambos sin compartir sus presupuestos. He votado a Podemos en las últimas citas electorales y me he comenzado a desencantar, al ver cómo ponían en marcha “La rebelión en la granja” de Orwell sin cortarse un pelo y entraban en la dinámica de chalets, cargos importantísimos para amigas íntimas y comenzaban en el día a día a predicar una cosa y hacer la contraria. Hoy hago examen de conciencia y sigo coincidiendo con ellos en el republicanismo y poco más. No los volveré a votar en la vida.

La última perla, oída este fin de semana en televisión, no tiene desperdicio. Más o menos, que no llevaba la libreta a mano para tomar nota exacta: “Las relaciones sexuales entre hombre y mujer deben ser consensuadas y consentidas, una vieja aspiración del feminismo”.

Abro unos ojos como platos. ¿Alguna vez, desde que yo recuerdo y conozco el código penal, se han podido mantener relaciones sexuales no delictivas sin consentimiento de ambas partes? –entendamos que estamos ante una relación clásica y no ante las modas que oímos en programas basura de sexo fluido, relaciones abiertas, intercambios, poliamores varios y otras gilipolleces estratosféricas que los ancianos desconocemos. El consentimiento siempre ha sido –desde que yo tengo uso de razón, al menos nominalmente y no para alguna imbécil que me lo niega sin conocerme- “conditio sine qua non” para que una relación sexual no sea delictiva.

La señora Montero, sus adláteres y los grupos de presión que las circundan y en que se apoyan, creen haber descubierto el Mediterráneo. Ellas, y solo ellas han dado con la piedra filosofal de la dignidad y la libertad femeninas y afirman como si el pensamiento jurídico fuese suyo: toda actividad sexual sin consentimiento es violación.

Cuando yo entré en la cárcel, con veintiún años, virgen y mártir, junio del 77, con las prisiones explosionando  por la ley de amnistía que no había cogido a los llamados “presos comunes” y querían salir a la calle como los Marcelinos Camacho, los Simón Sánchez Montero, los Ormazabal Tifé, los Agustín Ibarrola… Aquellos sí que eran buenos y entregados a la lucha por la libertad, la igualdad y los trabajadores, y no los amantes de las gambas que ahora pululan. Todos aquellos que purgaban condenas bajo la acusación de comunismo, rojerío, insumisos, leyes de vagos y maleantes, arrestos gubernativos y otras bazofias jurídicas propias del régimen que se resistía a expirar.

En aquellas cárceles pestosas, ruinosas, mal atendidas y llenas de alféreces provisionales y otros enchufados franquistas, que habían sido recolocados por el régimen para que sus adeptos tuvieran un sueldo fijo, aunque fuese mísero, ya había un montón de gente condenada por violación. Luego… el delito no ha sido descubierto por Montero, por Belarra, por Beatriz Gimeno ni por Boti García, que son las mandamases legislativas y beneficiarias en ese terreno.

Veamos el código penal del 73 –con Franco vivo- y qué condenaba entonces: “la violación de una mujer será castigada con la pena de reclusión menor (de doce años y un día a veinte años)- o sea, más que ahora-. Se comete violación – decía el artículo 429 de aquel código franquista- yaciendo con una mujer en cualquiera de los casos siguientes: Cuando se usare fuerza o intimidación. Cuando la mujer se hallare privada de razón o de sentido por cualquier causa. Cuando fuere menor de doce años cumplidos”.

Ustedes no han descubierto América ni la defensa de la mujer. Cierto que hay que renovar muchos conceptos, pero la fuerza, la violencia, cualquier modo de avasallamiento, la sumisión química, el engaño a menores y cualquier abuso sobre los mismos, ya estaban recogidos en los anteriores códigos penales. No vengan de salvadoras con unas leyes que innovan muy poco salvo a peor. ¿Se suprime el abuso y todo es agresión? Perfecto. El poder político define siempre la política criminal. Espero que la nueva redacción del Código Penal tipifique claramente las conductas y tipifique las penas atendiendo al elemental y universal principio de legalidad y proporcionalidad, o sea, dejando claro qué conducta es delito y qué pena está asignada a cada conducta.

A bombo y platillo se anuncia en el Congreso la votación de una Ley Orgánica de garantía integral de libertad sexual

 

El tipo que fuerza a una mujer a tener sexo… a la cárcel. El que la mata ¡por supuesto! El que le pega, la hostiga de cualquier manera, la amenaza, la somete cualquier tipo de esclavitud…a la cárcel, pero con el derecho penal, procesal y constitucional de por medio, es decir, con las garantías que exige el principio de legalidad. ¿Creen que los delitos se eliminan de golpe con reformas legislativas? Estudien cualquier escuela criminológica. Toda sociedad tiene en su esencia la desviación social y mientras haya seres humanos habrá delitos. La lucha contra los mismos es algo permanente diario. Y depende de quién tenga el poder se tipifican unas conductas u otras – ver escuela critica de criminología de inspiración marxista-.

Yo veo ahora, por ejemplo, en todos los telediarios a dos señores muy maqueados, trajeados, a los que todos los medios llaman comisionistas y que, al parecer, se han beneficiado de pelotazos vendiendo mascarillas. Hablan de seis millones. Buen pelotazo. Van en taxi a declarar y se vuelven en taxi tras haberlo hecho. Hay pruebas, hay facturas, hay papeles y testimonios. Ellos van en taxi. Una señora –en Villalcazar del Cerro- el día de Nochebuena, va al cuartelillo por la mañana y dice: José, en el mes de agosto, me dijo que me iba a matar y me pasó la mano por el pecho con intención lasciva. Con esa palabra, ese hombre se pega en el cuartelillo Nochebuena y Navidad y luego ya veremos por donde sale el sol.

A bombo y platillo se anuncia en el Congreso la votación de una Ley Orgánica de garantía integral de libertad sexual. Todo político – principio que pretendo establecer desde hoy-, más cuanto más efímero es su paso por el poder como muchos que vemos pulular, tiene una pulsión megalómana de quedar en la memoria para los siglos venideros, como los faraones con las pirámides. “Yo he sido – proclama engallado- quien hizo la ley de garantía de la integridad sexual”.  Y se queda tan a gusto.

Me empapo del Diario de sesiones de las Cortes, aunque no cobro una mierda por este artículo. Pura vanidad anarcoide.

Dice la señora Vehí: “El no es no, ya servía y el problema es que los jueces no aplican este código penal que ya está vigente”.

Habla la señora Velarde: “…la violencia sexual contra las mujeres supone una forma de discriminación y la vulneración también de una amplia relación de derechos humanos”. Totalmente de acuerdo, pero no veo ninguna novedad. Esto ya lo sabíamos todos y creo que está comúnmente asumido.

Habla la señora Méndez: “…es repugnante cómo se utiliza a las víctimas de agresiones sexuales para otros fines políticos. La normativa citada no comporta ninguna obligación cuyo contenido no esté ya recogido y desarrollado en nuestra legislación. Se solapan varios artículos con leyes ya existentes…cuyo proceder, que atenta contra el principio de igualdad o presunción de inocencia, quieren emular y agravar con esta ley…rompe los principios de seguridad jurídica, reorienta el régimen de valoración de la prueba y va contra el principio de In dubio pro reo… siendo sospechosos todos los hombres que hayan tenido relaciones sexuales con una mujer sin un notario delante. Esta ley está llena de contradicciones – la página 12 de ese diario es impagable”.

La grave preocupación que he leído – flotando a lo largo de muchas argumentaciones- es la inversión de la carga de la prueba. Si te denuncian eres presunto culpable, debes demostrar tu inocencia en lugar de ser el acusador quien debe demostrar tu culpabilidad. La inversión de la carga de la prueba es un ataque frontal a cualquier estado de derecho.

En medio de este gran lío, se pretendía también abolir la prostitución. Han pasado por encima y se ha esfumado el propósito. Abolir la prostitución es imposible. Hay que perseguir la trata. Hay que perseguir a quienes en fraude de ley – he conocido a muchos en la cárcel- se llaman hosteleros y son macarras profesionales. Dicen que tienen un hostal con habitaciones y tienen un puti club. Dicen que no tienen nada que ver con lo que hacen “las chicas” que suben a las habitaciones y cobran bien por cada “ocupación”. Más que la chica que soporta al baboso. ¿Cuántos puti clubs de carretera y de ciudad siguen funcionando como si no pasara nada? No puede usted criminalizar a una mujer que, falta de dinero, se busca un amigo o dos que le pagan el piso y la luz y el agua a cambio de una actividad en la que su cuerpo es el instrumento y lo hace para sobrevivir. Lo que toda la vida se ha llamado “ponerle un piso”.

O se nos ha ido la olla o no s quieren hacer gilipollas. Don Felipe González, usted que ha estudiado en el Colegio Claret como yo ¿no podría arreglarme en un pis pas la nacionalidad dominicana? Pena de país.