| 23 de Junio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Definitivamente somos gilipollas

¿Viene la señora Montero, en una gran maniobra publicitaria, a vender la salvación de las mujeres doloridas como si hasta ahora hubieran tenido que ir arrastrándose hasta su trabajo?

| Manuel Avilés Edición Alicante

Al menos yo, disculpen ustedes que no quiero ofender a nadie. Me he convertido a estas alturas en un abuelito bonancible y pacifico – una especie de abuelito de Heidi, pero sin barba. No la soporto porque pica- y solo deseo paz y bien, y felicidad con una sonrisa bobalicona como si me hubiera apuntado al Hare Krishna. Estoy dedicado a la lectura  de la prensa rosa, tebeos de Mortadelo, Zipi Zape y Rompetechos y alguna novela lacrimógena de Corín Tellado para alienarme por completo porque a estas edades tampoco me apetece enarbolar banderas hablando del opio del pueblo y la religión como distracción de las masas trabajadoras, que hace más de siglo y medio que palmó el padre Claret y eso ya está anticuado.

Parece que Putin va aflojando o al menos los propagandistas de la guerra de Ucrania aflojan. Las noticias de esta guerra – descerebrada como todas- ya forman parte de los telediarios casi como una más y no como la única noticia que ocupa el noticiario entero. He tenido suerte, he conocido a una chica – no daré más datos, salvo que es joven, inteligente y guapa- por medio de la literatura. Firmando mi libro “De prisiones, putas y pistolas”, entre firma y firma, asombrado yo de los ojos azules de la muchacha, salió el tema de la guerra “Putinesca”.

La chica, angelicalmente, me suelta: mi marido es ucraniano, del Donbas, o sea de los que llaman prorusos y no está de acuerdo con las versiones que ustedes venden de esta guerra. Me pide el teléfono – ella a mí, no yo a ella que un anciano no debe caer en el ridículo de intentar acercamientos con chicas que no solo pueden ser sus hijas, sino casi sus nietas- y me manda un video titulado, más o menos, la verdad sobre la guerra de Ucrania. Un señor elegante y asertivo, con expresión pausada, revisa lo esencial para el mundo en los últimos setenta años: las relaciones ruso-americanas. El vídeo de esta chiquilla no tiene desperdicio, pero no ha destruido mi opinión sobre el hijo de Putin, aunque sigo también con tres pensamientos firmes: la expansión de la OTAN es vista como una amenaza seria por Rusia. Estados Unidos y Rusia siempre se pelean a través de estados y pueblos interpuestos, llevando sus disputas a sitios insospechados mientras se tientan la ropa y siempre son otros los que mueren. La potentísima industria del armamento requiere guerras donde utilizar y gastar lo que generan en una espiral diabólica e inacabable. ¡Es la economía, estúpido! Recuerden que en la guerra mueren jóvenes que no se conocen ni se odian por culpa de unos viejos que se conocen y se odian pero no se matan.

En España no tenemos problemas hoy. Somos felices y vivimos en el mundo de Yupi del Estado del Bienestar. Nuestra principal preocupación  - voy a ir al médico para que me recete tranquimazines ya- es si esa chica caribeña explosiva y sus dos colegas bailarinas –  a mí me gusta más la rubia de bote de la izquierda, los contorsionistas que las acompañan no me interesan- ha sido tercer premio o segundo en ese festival devaluado y que ha ido cayendo en picado desde que ganó la “Tanqueta de Leganitos” con el La, la, la de Serrat. Esa es mi preocupación, la que me dificulta conciliar el sueño.

 Segundo problema gordo: Mientras escribo esto, Juan Carlos de Borbón está volando  directamente desde los Emiratos a Vigo. ¡Viva el poderío! Sin escalas ni colas en los aeropuertos ni leches. Estoy en un ¡Ayy! ante la exhibición. Me quedo alucinado ante quienes se postran delante de la nobleza. Oye que fulanito es de estirpe noble. Su bisabuelo era conde, o duque, a marqués. Mecagoentoloquesemenea. Socialismo y república.

Juan Carlos  - me sumo punto por punto a las opiniones vertidas en televisión por Joan Baldoví, un tipo coherente- se largó a los Emiratos  hace casi dos años, como hicieron sus antecesores siglos  atrás. Carlos IV y el gran traidor Fernando VII a Francia, mantenidos y pagados por Napoleón. Cristina, la mujer del traidor Fernando, casada luego con Muñoz, estanquero de Tarancón y madre de tantos muñoces, también salió por piernas. Isabel II, su hija, también a Francia. Alfonso XIII a Italia cuando la proclamación de la segunda república y desde allí apoyó a Franco en el golpe y en la guerra civil posterior. No ha sido históricamente ejemplar, ni mucho menos, la conducta borbónica, más bien todo lo contrario. Todos huidos.  Juan Carlos puede volver porque la fiscalía general, dejando claro que el principio de igualdad ante la ley es una filfa en España, ha dado carpetazo a las investigaciones sobre un chorro de negocios, cuando menos, oscuros del rey emérito: supuesto cobro de comisiones por el AVE a La Meca  - de sesenta kilos, se hablaba, que se llevó Corinna-; tarjetas de crédito más oscuras que el sobaco de un grillo y una cuenta con diez kilos en el paraíso fiscal de la isla de Jersey. ¡La madre que me parió! Y si yo intento – imposible porque no tengo ni asesores, ni idea de economía, ni dinero- disimular diez mil pavos, me endosan un puro que me dejan tiritando, pero… el principio de igualdad, aquí, dice que somos todos desiguales dependiendo de la estirpe. El problema grave, ahora mismo, es que este señor viene desentrenado para participar en la regata de Sanxenxo. ¡Qué lástima!

En este país es más cierto que en ningún sitio que quien sirve al estado, sirve a un ingrato

 

Me salta un anuncio en el teléfono: El comisario de economía de la Unión europea dice que hay que evaluar con España la sostenibilidad de las pensiones. Mientras tanto -¡lagarto, lagarto!- los abuelitos, mis coetáneos, andan aún yendo de vez en cuando a tocar los silbatos delante de las alcaldías. No se han dado cuenta de cuánto han conseguido unos pocos diputados catalanes o vascos. Y hay nueve millones de jubilados que podrían ser determinantes a la hora de garantizar más las pensiones y subvencionar menos gilipolleces, con una representación parlamentaria acorde con el volumen de gente.

Lo penúltimo es para nota. La señora Montero – ex de Iglesias, dicen, que la aupó a la gloria del ministerio- ha inventado la pólvora: las mujeres podrán ponerse de baja cuando tengan dolores por culpa de la regla y esas bajas las cubrirá la seguridad social.

¡La leche! He gestionado asuntos de personal en la administración durante un montón de años. He visto miles de bajas por los motivos más peregrinos. Una de las más raras, por ejemplo, era la “angustia situacional”. Un señor que, cuando pensaba que tenía que ir a trabajar, se ponía malo, pero malo de estar acostado, porque se le desataba la ansiedad al pensar en el trabajo. Si a una mujer le duelen los riñones, los ovarios, la cabeza o lo que sea, va al médico y le da la baja sin especificar la enfermedad porque es un asunto privado. Ya hace tiempo que el motivo de la baja no se especifica en los partes – me refiero a los de Muface que son los que conozco-. ¿Viene la señora Montero, en una gran maniobra publicitaria, a vender la salvación de las mujeres doloridas como si hasta ahora hubieran tenido que ir arrastrándose hasta el puesto de trabajo? Como se nota que andamos intentando vender méritos para las elecciones.

Ultima perla. Mi amigo Juan Alberto Belloch escribe un artículo impagable: “Margarita y el soldado Sánchez”. A la que fue su Secretaria de Estado de Interior le recomienda: Margarita cuídate de los idus de cualquier mes venidero – en los Idus de Marzo Bruto asesinó a César- pues ese único soldado es perfectamente capaz de cometer un nuevo crimen, la lista de sus víctimas termina de momento con la defunción política de la veterana directora del CNI, Paz Esteban.  En este país  - hemos visto ceses sonadísimos con el sonsonete de “por pérdida de confianza”- es más cierto que en ningún sitio que quien sirve al estado, sirve a un ingrato. Cesan a una espía por espiar, que para eso están los espías y no para hacer novenas a la Virgen del Socorro. ¿No nos estaremos volviendo gilipollas sin remedio?