29 de Julio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Cubanos en concentraciones en Madrid reclamando justicia y democracia
Cubanos en concentraciones en Madrid reclamando justicia y democracia

Derechos constitucionales y Cuba

Lo primero que hay que reconocer es que nuestro Tribunal es lentísimo, lo que le resta la necesaria oportunidad a la resolución. Habría que pedirles más celeridad

| Mónica Nombela Edición Alicante

Esta semana nos ha dejado una serie de imágenes muy preocupantes de la situación en la isla de Cuba, que recuerda tristemente aquellos episodios funestos que sucedieron durante la época final de la dictadura argentina. Recuerdo haber visto la escalofriante película “La noche de los lápices”, que narraba la detención ilegal de varios menores estudiantes por protestar contra el régimen militar y cómo los encarcelaban y torturaban. Este tipo de situaciones esperemos que no se esté produciendo en Cuba, pero miedo da de que pueda suceder, pues todo apunta a que hay ya más de cuatrocientas personas desaparecidas, según la organización Human Rights Watch. Personas que protestan o se han manifestado en contra de la dictadura de Díaz-Canel. Muchos tal vez pensarán “a mí lo que pase en Cuba me da exactamente lo mismo, si yo estoy en España”, ignorando los lazos históricos que nos unen a la isla. Precisamente el hecho de estar en España, en un Estado social y democrático de Derecho, es lo que nos permite andar tranquilos por la calle y saber que no vamos a ser detenidos en un momento dado sin motivo, por capricho de nadie. Sabemos que nadie va a disponer a su antojo de nuestra persona ni de nuestra familia o nuestros bienes, sin darnos la posibilidad de defendernos ni conocer el motivo de nuestra detención. Esta es una de las grandísimas conquistas de la democracia en España, que tomó carta de naturaleza gracias a la Constitución Española de 1978.


Con demasiada frecuencia en los últimos años se está tratando de demonizar nuestra Carta Magna y desde algunos sectores hablan pestes de ella, como si fuera un texto maldito que hubiera que arrasar. Lógico, puesto que para los no demócratas es el enemigo que hay que batir. Es cierto que la Constitución, como toda obra humana, tendrá sus fallos y de hecho bajo mi punto de vista algunos tiene -como el tema obsoleto de la Ley sálica, que haríamos bien en reformar antes de que la princesa Leonor esté en edad de ser madre-. Sin embargo, sus virtudes son muy superiores y conviene recordarlas. La Constitución contiene una serie de principios básicos, derechos y libertades que protegen a todas las personas, sea cual sea su condición. Volviendo al ejemplo del principio, la situación que se está produciendo en Cuba con los desaparecidos, hoy en día afortunadamente sería imposible que sucediera en España. Una de las grandes conquistas que logró nuestra Constitución es el derecho del habeas corpus, que impide las detenciones ilegales. Gracias a este derecho, ninguna persona puede estar detenida durante más de 72 horas en nuestro país sin pasar a disposición judicial, además de que toda persona tiene derecho a ser informada del motivo de su detención, a informar a otra persona de dónde se halla detenida, a que le sea asignado un abogado y que esté presente en sus declaraciones, y un largo etcétera de derechos. Conquistas, mejor dicho.

Los cubanos están siendo detenidos por protestar contra el régimen político de su país y por la situación económica, empeorada por la pandemia. Ya les gustaría a ellos tener un texto constitucional como el nuestro al que poder agarrarse, a pesar de que sea denostado por algunos sectores, que lo que pretenden en realidad es situarse ellos por encima de la ley y gobernarnos de una manera antidemocrática. Precisamente, y esta es la grandísima trampa que muchos no han entendido, tratar de desautorizar la constitución solo tiene un propósito, que es privarnos de nuestros derechos y nuestras libertades individuales y colectivas: el derecho de reunión, el de asociación, el de manifestación, el de culto religioso, el de pertenecer al partido político que a cada uno le dé la gana, el derecho a poder expresar las propias opiniones, el derecho a escribir esta columna y publicarla en un medio de comunicación para que lo lean varios cientos o miles de personas. Derechos a los que no hemos de renunciar en modo alguno.

Nadie está por encima de la Ley ni puede tomar alegremente decisiones gubernamentales sin respetarla, aunque haya una pandemia

En esta órbita, y justamente esta misma semana, el Tribunal Constitucional ha dictaminado que el confinamiento que tuvo su origen en la declaración del estado de alarma del año pasado, con ocasión de la pandemia, fue inconstitucional, dado que supuso una suspensión de derechos, y que el instrumento adecuado no era el estado de alarma, sino el de excepción. Lo primero que hay que reconocer es que nuestro Tribunal es lentísimo, lo que le resta la necesaria oportunidad a la resolución. Habría que pedirles más celeridad, especialmente en asuntos de tamaña gravedad, porque además la justicia que no llega a tiempo no es justicia. Ahora díganme qué va a pasar no solo con el más de un millón de multas dictadas durante la pandemia, que quedan en papel mojado, sino con el aluvión de reclamaciones que ya se anuncia contra el Estado. Hay quien habla de la posibilidad de reclamar 28€ al día, y aunque menos da una piedra con esa cantidad la mayoría de los autónomos no tenemos ni para empezar, pero yo me pregunto, ¿quién va a pagar esta fiesta? A ver, ¡que el Estado somos todos! Muchos ya veníamos alertando desde el tiempo del confinamiento de que el estado de alarma era ilegal -en mi caso, a través de las catorce columnas que escribí numeradas, todas bajo el título “Confinamiento”, durante las catorce semanas que duró este-. A muchos se nos ha caído la boca de decirlo, celebro por tanto la resolución dictada, por más que el Gobierno pretenda desautorizarla, en otro acto más de falta de respeto, que ahonda en lo que antes decía.

 

Ruego que no banalicemos el texto constitucional ni la labor de control que realizan el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo o el Tribunal de Cuentas, entre otros órganos del Poder Judicial y aledaños. Nadie está por encima de la Ley ni puede tomar alegremente decisiones gubernamentales sin respetarla, aunque haya una pandemia, ni aunque bajen los extraterrestres por fin, si es que aún no se hallan entre nosotros, tesis que como bien saben defiendo.

Mónica Nombela Olmo

​Abogada y escritora