| 03 de Octubre de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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El Rey Felipe VI saluda al recién investido presidente de Colombia, Gustavo Petro.
El Rey Felipe VI saluda al recién investido presidente de Colombia, Gustavo Petro.

Podemos guillotinando

El último show de los socios cutres de Sánchez lo han intentado montar con el espadón de Simón Bolívar, libertador y negrero esclavista, cuando nuestro Jefe de Estado no se quiso levantar

| Pedro Nuño de la Rosa Edición Alicante

Que las encuestas de afectos a la causa podemita les van de mal en peor a la formación morada se corresponde con el numerito y vis cómica que cada día necesitan improvisar para que se hable de ellas/ellos/elles, aunque sea para ponerlos a caldo constitucional, contestar a su última y fétida ocurrencia jacobina, o embaucador postureo de salón (hoy terraza) antisistema, pero gracias al tolerante sistema. 

El último show de los socios cutres de Sánchez lo han intentado montar con el espadón de Simón Bolívar, "libertador" y "negrero esclavista" (de eso no dice nada Pablo Iglesias), cuando nuestro Jefe de Estado, y monarca heredero de aquellos Borbones que perdieron las colonias como todas las demás coronas europeas, no se quiso levantar al paso del presunto sable histórico resguardado en urna para transportarlo, cual seglar vestigio hagiográfico en altarcillo del pueblo, por los soldaditos colombianos más dubitativos que marciales, ante los mandatarios extranjeros acudidos solidaria y protocolariamente a la toma de posesión presidencial de un exguerrillero del M19, Gustavo Petro, acompañado, como es lógico y preceptivo en tan altos actos dignatarios, de su gigantesca esposa, la nueva primera dama colombiana, Verónica Alcocer García (prístinos apellidos indigenistas). 

Ante el insultante restregón visual de pasarnos por delante el filo que cortara tanto gaznate español en los albores del siglo XIX, Felipe VI, actual representante de todo el pueblo español, no movió sus posaderas, ni excusó palabra, limitándose a mirar la reliquia con el mismo gesto que hubiera puesto ante el desfile procesional del brazo incorrupto de Santa Teresa, o, ya situados en armas: la Tizona del Mio Cid, no menos victoriosa y batalladora que la de Bolívar, y a bien seguro a nadie de este país hubiese molestado la falta de aprecio historicista, que no desprecio personal, por parte de cualquier Presidente latinoamericano o magrebí permaneciendo inmutables en su asiento ceremonial. 

Pero un asunto es criticar por criticar hasta a los de tu propio Gobierno que te arrima una disparatada nómina y complementos, amén de permitirte colocar a todos tus amigachos/as, por no hincar la cerviz humillada ante el último y desarrapado Pancho Villa, o al icónico Che Guevara, no conozco podemita que por imitarlo se haya tirado al monte, y otra, muy otra cuestión nos parece el pasarse cuatro pueblos con declaraciones criminales y salvajes que tienen unas, merecida respuesta en el Código Penal, y otras en aquel desternillante "Celtiberia Show" del inolvidable Carandell. 

¿Respeto a quien no quería ni ver a los indígenas sentados en su parlamento panamericano?

Porque que el constreñido y malababa Echenique suelte que entiende "por qué gusta tanto este rey a los ultraderechistas de Vox", como si a tantos y tantos millones de españoles, exceptuando su vocinglera cuadrilla asamblearia, no les placiese (como a británicos, suecos, holandeses, etc.) la monarquía parlamentaria que nos dimos constitucionalmente. O a Pablo-Pablete Iglesias tan ensoñado con una República como yo con la bonoloto a la que pocas veces juego. Y ya, como corifeo de la estulticia, remata la ministra Ione Belarra, con esa su jeta pasmada que Dios le dio, exigiendo que el Gobierno español pida disculpas por la agachadita y falta de respeto. ¿Respeto a quien mandó matar a miles de españoles, no ya en el campo de batalla, sino a los encerrados en mazmorras y muertos a machetazos por no gastar pólvora? ¿A un aspirante a dictador, e incluso Emperador de toda Sudamérica llevado por su paranoica admiración a Napoleón? ¿Respeto a quien no quería ni ver a los indígenas sentados en su parlamento panamericano? 

Pero quien ha traspasado todos los límites del "terror" homicida, es el émulo de Robespierre, Marat, Danton... y demás revolucionarios franceses decapitados por su propio remedio para los demás, ha sido un diputado "granaíno malafollá", de quien nadie había oído hablar hasta que se ha espolsado al respecto, y después de mandar a Jefe del Estado a "que le den por saco" (¿por detrás?), añadió otra frase que muy bien podría quedar para los anales patibularios del regicidio al desearse: "una buena guillotina en la historia del Estado español". A este, si lo engendran un poco más tonto, ya no nace; y más de uno de sus ajustados votantes habrá pensado en ponerle las partes más pudendas y varoniles bajo la misma cuchilla que él recomienda y desea para segar reales cuellos ajenos.