| 15 de Mayo de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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La vacuna contra la Covid-19 está significando una esperanza para recuperar la normalidad
La vacuna contra la Covid-19 está significando una esperanza para recuperar la normalidad

Obligación y devoción

Va a ser muy difícil enclaustrarnos como a nórdicos, salvo que Moncloa, a quien de mala gana suele obedecer la Generalitat Puig, vuelva a dar el toque de queda absoluto y para todos

| Pedro Nuño de la Rosa Edición Alicante

Malos tiempos estos para la lírica. Sabios y charlatanes se reúnen en el ágora de las tertulias televisivas o radiofónicas, y corral de tragedias en ambas, soltando cada cual su admonición terminal, mientras se empeñan denodadamente por ponerle siglas ideológicas al virus indiscriminado. La función se repite un día tras otro donde apenas cambia levemente el parte de guerra con su número de muertos, heridos muy graves, graves y tullidos para el futuro; eso sí, también empiezan a contarnos las altas hospitalarias como bálsamo para la desesperación colectiva.

"Nessun maggior dolore che ricordarsi del tempo felice nella miseria" escribió Dante cuando en el siglo XIV la peste negra recorría Europa, dejando trasuya millones de extintos sin distinguir riquezas, condiciones y situaciones humanas o edades. A más de un cura lo bajaron del púlpito para colgarlo porque Dios no le hacía caso; físicos y galenos tenían que huir de sus pueblos cuando irremediablemente fracasaban las fórmulas y remedios de la ciencia de entonces, dejando la única opción del encierro en el lazareto. Poco parece que hayamos avanzado desde entonces, excepto en la soberbia del ignorante que tiene mucho de globalizado y de semiológico o semiótico, según se mire. Déjà vu setecientos años después, con ligeros recordatorios de otras pandemias con el rótulo de la gripe como sustantivo y el adjetivo de cualquier país al que echarle la culpa.

Hoy el ‘Levante feliz’, tan recordado en estos dantescos ‘tiempos de miseria’, es el number one (según quien calcule) contabilizando tumbas, nichos y urnas funerarias, amén del overbooking en UCIs, y en los hospitales se silba por lo bajini la salsa "No hay cama 'pa' tanta gente": sonreír a la adversidad por no llorar lo irremediable. El clima y el trasbordo de civilizaciones nos han hecho así, por lo cual va a ser muy difícil enclaustrarnos como a nórdicos, salvo que Moncloa, a quien de mala gana suele obedecer la Generalitat Puig, vuelva a dar el toque de queda absoluto y para todos.

Tanto me da que la llueca sea blanca, negra o tricolor variopinta con tal de que ponga huevos, es decir que la vacuna prevenga contra la Covid-19

La pescadilla se muerde la cola de la economía versus salud y viceversa, agrandando el perpetuo dilema entre el huevo y la gallina. Aunque si somos prácticos lo mismo nos da Aristóteles y la Biblia que Darwin, porque sin la una no hay los otros, y a la recíproca, por tanto y cuanto, dejemos los bizantinismos para los palabreros políticos, y vayamos a la prioridad de la supervivencia.

Primero, tanto me da que la llueca sea blanca, negra o tricolor variopinta con tal de que ponga huevos, es decir que la vacuna venga de los pérfidos británicos, del absolutismo ruso, de la dictablanda chinorri o de los cowboys americanos, el caso es que prevenga contra la Covid-19, y en porcentaje veramente garantizado muy cercano al 90%.

Segundo, no hay nada más peligroso y descorazonador que los distingos por edades, poniendo topes que siempre provocarán malestar y, probablemente, reyertas, se tienen de 50,55,60 años en adelante, cuando lo fácil hubiera sido administrar la más conveniente para cada tramo de edad según el criterio de los médicos de cabecera, que son quienes mejor conocen a sus pacientes. Basta que a la gente la alarmen sobre la carencia de determinado producto, para que se arrojen a los supermercados hasta agotarlo, aunque se corten con el envase o lo rompan. No somos país para viejos.

La obligación de quienes nos administran, y a quienes dimos confianza en las últimas, sería hablarnos con una sola voz y no marear la perdiz ni a la gallina

Tercero, a la emperatriz de las Europas, Úrsula von der Leyen le han tomado el pelo los ingleses y los laboratorios multinacionales, pero con sede en Wall Street; no puede decir Pedro Sánchez una cosa, o lo que es peor quedarse en el esotérico limbo de los justos y Ximo Puig, otra, que inmediatamente será cuestionada por Mónica Oltra. Y a partir de aquí cada cual de los alcaldes y alcaldesas de esta Comunidad Valenciana (talmente como las demás) aplicar la normativa de su librillo según las diferentes siglas que ahora mismo lleven en la tapa del multipartidismo variable, que mañana será cainita en busca de un votante parejo, como ya, tal cual demuestran con descarada insolidaridad y el nadie conoce a nadie, los inmediatos comicios catalanes.

La obligación de quienes nos administran, y a quienes dimos confianza en las últimas, sería hablarnos con una sola voz y no marear la perdiz ni a la gallina (que confundía una amiga mía), pero su devoción al partido y al cargo bien remunerado están trocando en paranoia colectiva lo que deberá ser salvamento de náufragos. Monete sapiens.