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Page, el último verso suelto, dinamita Ferraz: "El PSOE ha olvidado a la mayoría"

"No somos un partido para agradar a los que nos atacan desde dentro". El presidente castellano-manchego, siempre incómodo para Moncloa, vuelve a levantar ampollas con su análisis descarnado tras el cónclave socialista. ¿Ruptura definitiva o estrategia para salvar los muebles?

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, en Uña.

REMITIDA / HANDOUT por JCCM
Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma
07/7/2025

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, en Uña. REMITIDA / HANDOUT por JCCM Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma 07/7/2025JCCM

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Francisco Pérez

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El eco de los aplausos y las consignas del reciente Congreso del PSOE apenas se ha disipado en los pasillos de Ferraz, y ya ha vuelto a resonar la voz más crítica y disonante dentro del partido: la de Emiliano García-Page. El presidente de Castilla-La Mancha, un verso suelto por definición en el guion sanchista, no ha tardado en encender todas las alarmas en la cúpula socialista con unas declaraciones que, más que una crítica, parecen una enmienda a la totalidad de la línea política marcada por Pedro Sánchez y su equipo.

"El PSOE ha olvidado a la mayoría", sentenciaba Page con su habitual contundencia, dejando en el aire una pregunta incómoda para muchos en la dirección: ¿A qué mayoría se refiere el barón socialista? La respuesta apunta directamente a ese caladero de votantes de centro-izquierda, moderados, e incluso socialdemócratas desencantados, que han visto con creciente preocupación el viraje del partido hacia postulados más radicales y pactos, a su juicio, incomprensibles.

Las palabras de Page, pronunciadas en un tono que dejaba entrever más hastío que sorpresa, no son un farol. Son el culmen de una serie de desencuentros que vienen de lejos y que se han agudizado con cada decisión estratégica del Gobierno de coalición. El presidente castellano-manchego ha sido el único líder territorial que no ha rehuido la confrontación directa con la dirección federal, erigiéndose en el guardián de las esencias de un socialismo que, para muchos, se ha desdibujado.

El congreso, ¿un espejismo de unidad?

El cónclave socialista, celebrado con bombo y platillo para proyectar una imagen de unidad monolítica en torno a Sánchez, parece ahora, a la luz de las declaraciones de Page, un mero espejismo. Las costuras se ven desde lejos, y la figura del presidente castellanomanchego emerge como la de un opositor interno que se niega a tragar con ruedas de molino.

Fuentes cercanas a Ferraz, que prefieren mantener el anonimato, expresan su hartazgo con la actitud de Page, a quien acusan de "hacer el juego a la derecha" y de "poner palos en las ruedas" en un momento crucial para el Gobierno. Sin embargo, otras voces, más discretas, admiten que las preocupaciones de Page no son infundadas y que conectan con un sentir mayoritario en buena parte de las bases del partido, silenciadas por el rodillo de la dirección.

¿Ruptura o estrategia de supervivencia?

La gran pregunta que ahora resuena en los corrillos políticos es si las palabras de Page son el preludio de una ruptura definitiva con la línea oficial del partido o, por el contrario, una estrategia calculada para posicionarse de cara a futuros escenarios. No es un secreto que el presidente castellanomanchego goza de un amplio respaldo en su feudo y que su perfil moderado podría ser un activo valioso en un escenario post-Sánchez.

Lo que sí parece claro es que Page ha vuelto a agitar las aguas de un PSOE que hierve. Sus declaraciones abren un nuevo capítulo en la crónica de las tensiones internas del partido, dejando en el aire la incógnita de hasta dónde está dispuesto a llegar el último verso suelto del socialismo para defender lo que él considera la verdadera esencia del PSOE. El tablero está más agitado que nunca.

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