La Catedral de Cuenca recupera una calle medieval sepultada durante más de cinco siglos
Los estudios en la parte trasera del templo reconstruyen la antigua calle de la Limosna, utilizada en la Edad Media por los más necesitados para recibir pan y trigo.

Antigua calle Limosna de la Catedral de Cuenca.
La Catedral de Cuenca continúa sacando a la luz capítulos desconocidos de su pasado. Los trabajos de estudio que se desarrollan en la parte posterior del templo han permitido reconstruir la historia de la antigua calle de la Limosna, una vía medieval que terminó desapareciendo bajo las sucesivas ampliaciones de la Catedral entre los siglos XV y XVI.
Lo que hoy se encuentra bajo techo fue durante siglos un pequeño camino empedrado que discurría junto al borde de la hoz del Huécar. Los estudios realizados permiten situar allí una vía utilizada por los habitantes de la Cuenca medieval y, especialmente, por quienes acudían hasta el horno del Palacio Episcopal para recibir una ración de pan o de trigo.
La tradición se remonta aproximadamente al año 1300. Los obispos de Cuenca mantenían entonces una práctica asistencial vinculada al ejemplo de San Julián, primer responsable de la diócesis después de la reconquista cristiana. Los vecinos más necesitados transitaban por esta calle situada detrás de la antigua Catedral para recoger los alimentos que se repartían desde el entorno episcopal.
Las investigaciones apuntan a que se trataba de un camino estrecho y escarpado, pavimentado con piedra para reducir la formación de barro y situado en paralelo a la muralla y a la calle de Ronda. Su ubicación permite además comprender mejor cómo era la Catedral medieval antes de sus grandes transformaciones y hasta qué punto el edificio se encontraba literalmente asomado sobre la hoz.
La ampliación de la Catedral acabó engullendo la calle
El destino de aquella vía cambió con las grandes obras emprendidas en el templo. Durante el siglo XV, la Catedral experimentó una importante ampliación que afectó a espacios como la Capilla Honda, la Sala Capitular y la Sacristía Mayor, extendiendo progresivamente el edificio hacia el límite de la hoz del Huécar.
Los investigadores calculan que la calle comenzó a perder su función a finales del siglo XV. El proceso terminó aproximadamente un siglo después, cuando culminaron las obras de la girola y se levantaron las capillas renacentistas superpuestas a la muralla. Para entonces, la antigua calle de la Limosna había quedado definitivamente sepultada bajo la Catedral.
Ahora, la dirección del templo estudia cómo recuperar y poner en valor este espacio. Entre las actuaciones necesarias se encuentran su limpieza, restauración e iluminación, con el objetivo de incorporarlo en el futuro a los recorridos visitables de la Catedral y utilizarlo para explicar tanto la evolución del edificio como el urbanismo medieval de Cuenca.
Y el subsuelo podría esconder todavía más sorpresas. Los responsables de los trabajos consideran que futuras intervenciones podrían sacar a la luz nuevos restos del antiguo complejo urbano e incluso aportar pistas sobre uno de los grandes enigmas arqueológicos de la ciudad: la localización de la planta de la antigua mezquita mayor de la medina de Cuenca.