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Reunión urgente de Podemos para analizar el futuro del partido

Pablo Fernández admite el “palo enorme” sufrido por su formación, promete una reflexión sobre el rumbo estratégico y deja en el aire si habrá alianza o choque con IU y Sumar en la próxima cita andaluza.

(Foto de ARCHIVO)
La secretaria política de Podemos y eurodiputada, Irene Montero, interviene durante el acto de cierre de campaña electoral de Podemos en Castilla y León, a 13 de marzo de 2026, en Valladolid, Castilla y León (España). Podemos-Alianza Verde cierra su campaña autonómica en el Centro Cívico Esgueva de Valladolid, con Miguel Ángel Llamas arropado por Ione Belarra e Irene Montero, en un acto centrado en defender servicios públicos, frenar a PP y Vox y reclamar políticas sociales y democráticas más ambiciosas en Castilla y León.

Photogenic/Claudia Alba / Europa Press
13 MARZO 2026;MITIN;CIERRE DE CAMPAÑA;CAMPAÑA ELECTORAL;
13/3/2026

(Foto de ARCHIVO) La secretaria política de Podemos y eurodiputada, Irene Montero, interviene durante el acto de cierre de campaña electoral de Podemos en Castilla y León, a 13 de marzo de 2026, en Valladolid, Castilla y León (España). Podemos-Alianza Verde cierra su campaña autonómica en el Centro Cívico Esgueva de Valladolid, con Miguel Ángel Llamas arropado por Ione Belarra e Irene Montero, en un acto centrado en defender servicios públicos, frenar a PP y Vox y reclamar políticas sociales y democráticas más ambiciosas en Castilla y León. Photogenic/Claudia Alba / Europa Press 13 MARZO 2026;MITIN;CIERRE DE CAMPAÑA;CAMPAÑA ELECTORAL; 13/3/2026PHOTOGENIC PRG

Luis Sordo
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Podemos vuelve a asomarse al precipicio electoral y, esta vez, ya sin excusas convincentes. El descalabro en Castilla y León, donde la formación morada ha quedado fuera de las Cortes con un raquítico 0,7% de los votos y apenas algo más de 9.000 papeletas, ha abierto una crisis política de primer nivel en un partido que lleva demasiado tiempo instalado en la decadencia, la fragmentación y el autoengaño.

El coportavoz de la formación, Pablo Fernández, compareció este lunes en Madrid con gesto sombrío para admitir lo que ya era imposible maquillar: el resultado ha sido “muy malo”, “nefasto” y un “palo enorme”. Una descripción que, lejos de exagerar, se queda incluso corta si se pone en contexto. Podemos no solo desaparece institucionalmente de una comunidad en la que tenía presencia, sino que confirma una tendencia de hundimiento que ya venía apuntando en otras citas recientes, como ocurrió en Aragón.

Unirse a sumar ¿Sí o no?

La dirección estatal intenta ahora vender una futura “reflexión” sobre su rumbo estratégico, cuyas conclusiones, según Fernández, se conocerán en “próximos días”. Traducido al lenguaje político habitual: toca ganar tiempo, enfriar el golpe y buscar una salida narrativa a un fracaso que revela algo más profundo que un simple mal resultado. Lo que ha quedado dañado no es solo una candidatura, sino la propia viabilidad del proyecto morado en muchos territorios.

Fernández trató de envolverse en una cierta épica de la resistencia, apelando a la necesidad de una izquierda “nítida”, “atractiva” y “transformadora” frente al PSOE. Pero el problema para Podemos es que ese discurso suena cada vez más a consigna reciclada que a propuesta con capacidad real de reconectar con el electorado. La insistencia en las mismas fórmulas retóricas contrasta con unas urnas que llevan tiempo dictando una sentencia severa: el espacio a la izquierda de los socialistas aparece dividido, agotado y cada vez menos creíble.

Especialmente significativo fue el intento del dirigente morado de esquivar una de las grandes preguntas del momento: qué ocurrirá en Andalucía. Habrá o no candidatura unitaria con IU y Sumar. Habrá acuerdo o volverá la guerra fratricida en la izquierda. Fernández no quiso concretar nada y se limitó a refugiarse en una fórmula burocrática: la decisión corresponde a la dirección autonómica y “tomaremos la mejor decisión posible”.

La frase, aparentemente prudente, es en realidad la fotografía perfecta del desconcierto interno. Porque si algo ha evidenciado el batacazo en Castilla y León es que la dispersión pasa factura y que competir entre siglas que comparten electorado puede resultar letal. Aun así, Podemos sigue sin atreverse a despejar incógnitas, quizá porque cualquier movimiento encierra un coste: ceder supone reconocer debilidad, pero resistirse a un acuerdo puede acelerar aún más la irrelevancia.

Pablo Iglesias, vuelve a la escena

En medio del naufragio, reapareció también Pablo Iglesias, siempre dispuesto a ejercer de intérprete supremo del desastre. Desde RNE calificó de “terrible” el resultado y cargó contra la “destrucción” del espacio que fue Unidas Podemos. A su juicio, la ruptura entre fuerzas que antes compartían proyecto está arrastrando a toda la izquierda a una dinámica perdedora. Y, en una muestra más de la nostalgia que domina buena parte del discurso morado, defendió que cuando Podemos e IU concurren juntos, como en Extremadura, la tendencia cambia.

Iglesias, además, dejó una de esas frases suyas con pretensión de lucidez cruda al comparar la política con las salchichas: se consumen, pero conviene no preguntar cómo se fabrican. La ocurrencia no resuelve, sin embargo, el problema de fondo. Porque el rearmado de la izquierda alternativa puede ser difícil, como él mismo admite, pero resulta aún más complicado cuando quienes reclaman la reconstrucción llevan años alimentando vetos, personalismos y choques internos.

Un futuro desconocido

Podemos intenta ahora transmitir que “hay esperanza” y que sabrá levantarse de unos comicios “catastróficos”. El problema es que la esperanza, por sí sola, no tapa los datos. Dos elecciones seguidas sin representación en territorios relevantes, una marca cada vez más erosionada y una incapacidad llamativa para ordenar alianzas convierten ese optimismo en una declaración de intenciones más que en una expectativa razonable.

El golpe de Castilla y León no es un accidente aislado. Es el síntoma de una enfermedad política más seria: la pérdida de pulso, de utilidad y de espacio. Y mientras la dirección morada promete reflexiones futuras sin aclarar decisiones inmediatas, la realidad sigue avanzando sin esperarles. Andalucía será la próxima prueba de fuego. Allí ya no bastará con hablar de autocrítica. Tocará elegir entre asumir la debilidad o seguir fingiendo que aún mandan como antes.

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