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sus problemas de salud mental acabaron con su carrera

Risa Amarga: Treinta años del triste final de Gracita Morales

Hace tres décadas la actriz fallecía a los 66 años después de tiempo olvidada por la industria y bajo el rumor de que había perdido toda su fortuna. Su sobrina confirmó que fue estafada por una monjas

Gracita Morales en los años 60.

Gracita Morales en los años 60.

David González
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Este 3 de abril se cumplen treinta años del fallecimiento de una de las actrices más taquilleras de la historia del cine español: Gracita Morales. La cómica falleció con 66 años pero su aspecto le hacía parecer mucho mayor. Durante años estuvo interpretando papeles de ingenua. Mujeres mucho más jóvenes que ella. Como si el tiempo se quisiera tomar venganza, en los últimos años de su vida acabó pareciendo mucho mayor de lo que era.

Gracita Morales pertenecía a esa generación de actores que conseguían salvar las peores películas. Característicos que cuando aparecían en pantalla robaban el protagonismo a las estrellas rutilantes de las que hoy pocos se acuerdan. Fue la actriz cómica favorita del público y los productores durante la década de los 60. Veinticinco años después fallecía para sorpresa de muchos después de años olvidada por la industria y bajo el rumor de fuertes problemas económicos. Sin embargo, lo que escondía la particular caída a los infiernos de la cómica era ni más ni menos lo que hoy conocemos como salud mental.

Ana Carvajal, sobrina de Gracita y también actriz, habló claro en el entierro de su tía para las cámaras de Televisión Española en 1995: "Sus últimos años eran complicados. Tomaba muchas pastillas y no la llamaban. Es mejor que la gente la recuerde en sus películas divertidas, que no han hecho felices". Años más tarde, en 2019, se confesaba con más naturalidad para las páginas del diario El Mundo. "No estaba arruinada ni sola. Hay que tener muy mala baba para decir semejantes cosas ante la enfermedad y decadencia de una persona. Se aprovecharon de sus problemas psiquiátricos. ¿Tú sabes lo que es hacer siete u ocho películas al año, tomarte pastillas para dormir y otras para levantarte? La llegamos a internar en un psiquiátrico varias veces porque se cortó las venas en dos ocasiones", explicaba al periodista Luis Fernando Romo.

Lo cierto es que Gracita Morales llegó a firmar uno de los contratos más importantes de la historia del cine español. Firmó con José María Reyzabal para ganar cinco millones de pesetas por cinco películas. Una auténtica barbaridad para la España del desarrollismo. Sin embargo, la actriz en su época más taquillera no renunció a seguir rodando películas con papeles secundarios. "En España sólo ganas dinero haciendo cine si eres Sara Montiel", se justificaba la cómica para aceptar roles característicos en vehículos al servicio de estrellas como Manolo Escobar, Rocío Dúrcal o Lola Flores.

Del éxito al olvido

María Gracia Morales Carvajal nació en Madrid el 11 de noviembre de 1928 en una familia bien situada. Su madre descendía de una importante saga de empresarios relacionados con la minería. Eran considerados los más ricos de Ciudad Real. Su padre por su parte era el dueño del Teatro Calderón. Desde pequeña soñó con ser bailarina pero sus pasos se encaminaros hacia la interpretación. Se enroló en la compañía de Josita Hernán y Luis Peña y empezó en roles dramáticos pero cuando salió a escena y habló con su característica voz de pito el teatro se vino a bajo con las carcajadas. Había nacido una actriz cómica.

Su éxito en el cine le vino relativamente tarde. Sobre todo a raíz de su participación en la genial Atraco a las tres (1962) de José María Forqué. Mariano Ozores intuyó sus posibilidades y la unió en pareja con José Luis López Vázquez. A raíz de Chica para todo (1963) se especializó sobre todo el papel de criaditas (vulgo 'chachas') respondonas y pícaras. Junto a López Vázquez representaron a la pareja de españolitos medios en un país que transitaba de la autarquía al desarrollismo económico y la explosión del turismo. Cintas como Sor Citroën (1967), Los palomos (1965) o Cómo está el servicio (1968) reventaron las taquillas y todavía hacen buenas audiencias cuando se emiten por televisión.

Sin embargo, en el mejor momento de su carrera todo se rompió. Se había casado en 1960 con el pintor Pedro Zerolo, uno de los maestros del nuevo realismo pictórico. El matrimonio resultó un fracaso sin paliativos empezando por la imposibilidad de tener hijos.

El carácter de Gracita cambió y tuvo grandes periodos de depresión. Poco a poco se fue haciendo más complicado trabajar con ella. Concha Velasco contaba en sus memorias como antes del rodaje de Juicio de faldas (1969) cuando el director, y pareja de Concha, José Luis Sáenz de Heredia le dijo que el personaje en película se llamaba como ella entró en un arrebato y tiró del mantel con todo el menaje encima al grito de: "¡Qué me llamo Gracita! ¡Hijo de puta!". 

López Vázquez, su eterno compañero, fue más claro: “Estaba enferma mentalmente, lo que le creó un estado de ansiedad que nos hacía la vida imposible a todos. Siendo una persona maravillosa, con un carisma y una personalidad asombrosas, gracia espontánea y arrebatadora... no compensaba trabajar a su lado”.

El caso es que durante años dejaron de llamarla. “Al tomar pastillas para acostarme, pastillas para levantarme y pastillas para trabajar, estaba desequilibrada. Puede que eso influyera un poco en que dejasen de llamarme", le contaría ella misma a Mercedes Milá en 1982.

Engañada en sus últimos

En los años 80 tímidamente comenzó a levantar la cabeza. El cineasta Eloy de la Iglesia le dio un papel autoparódico en El pico II (1984) junto a Rafaela Aparicio. También Mariano Ozores volvió a contar con ella para sus repartos, pero sobre todo hizo trabajos en teatro. Con la llegada de las televisiones privadas y la reemisión de muchos de sus antiguos éxitos hizo que muchos programas de carácter nostálgico llamaran a su puerta e incluso participó en un capítulo de la aclamada serie Los ladrones van a la oficina. También firmó un contrato para anunciar madalenas. Su último trabajo en 1994 fue un papel en Dora, Dora, un late show en TVE a cargo de Joan Monleón. Interpretaba una vez más a una criada, pero en este caso muda, renunciando al recurso de su característica voz.

Pero, ¿murió Gracita Morales arruinada? Ana Carvajal, en su citada entrevista en El Mundo, aportaría luz a la leyenda de su ruina. Gracias al éxito, la actriz llegó a tener una casa con jardín y un chalet en la Costa del Sol que hubo de vender. Acabó sus días en un piso de General Pardiñas, en pleno barrio de Salamanca de Madrid. Sin embargo, su final guardaba una sorpresa. "Es una historia muy fea porque estando muy enferma unas monjitas iban a su casa a cuidarla cuando no estaba la criada o yo no podía ir por algún motivo", explicaba la sobrina de Gracita. "Tras su muerte fui al notario porque era la única Morales viva y, por tanto, su heredera. Sin embargo, me dijo que les había dejado a unas monjitas su piso de la calle General Pardiñas y sus derechos de imagen, que al año pueden ser de 100.000 a 200.000 euros. Yo no tenía ni idea de todo esto porque mi tía lo había hecho a mis espaldas", añadía. 

Todavía hoy se emiten las películas de Gracita, y durante los 90 y los 2000 muchas cintas dieron el salto al VHS primero y al DVD después. Siendo una de las grandes estrellas del cine español, la congregación religiosa ha debido tomarse los derechos de imagen, que algunos calculan en 3 millones de euros, como un regalo de Sor Citroën.

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