Una abogada filipina maneja los 5.400 millones de euros de la herencia del Papa Francisco
El legado de Jorge Mario Bergoglio va más allá de su tarea pastoral. Su llegada al Vaticano ha supuesto una revolución en las arcas de la Iglesia.

Llegada del féretro del Papa Francisco I a la Basílica de San Pedro.
El Papa Francisco deja una herencia inusual pero crucial: unas finanzas vaticanas más limpias, transparentes y sólidas, con nada menos que 5.400 millones de euros en activos bajo custodia del Instituto para las Obras de Religión (IOR). No se trata solo de cifras o balances. Es el resultado de una reforma profunda que ha depurado estructuras, introducido controles estrictos y, sobre todo, ha confiado el futuro económico de la Iglesia a un nuevo perfil de liderazgo.
En un exhaustivo informe, el portal Informalia destaca que Sheila Marie Uriarte-Tan, abogada nacida en Filipinas, probablemente no protagonizará vitrales ni será recordada como una santa. Pero dentro de un siglo, en algún rincón de los archivos del Vaticano, su nombre podría aparecer en letras pequeñas como la mujer que cuidó los bienes de la Iglesia con la misma reverencia con que se guarda el pan eucarístico.
El Vaticano, ese escenario envuelto en solemnidad, ha sido durante siglos tanto un refugio espiritual como un ecosistema financiero repleto de sombras y silencios. Y entre esos muros centenarios, donde el incienso convive con el olor discreto del dinero, ahora hay una mujer al mando del IOR, el banco de la Santa Sede, moviéndose con la elegancia serena de quien entiende que la fe también se administra.
El citado portal destaca que Uriarte-Tan rompe con la figura tradicional del burócrata eclesiástico. No viste ropas litúrgicas ni ostenta joyas clericales. Su autoridad emana de la experiencia y la discreción, cultivadas a lo largo de más de treinta años en el mundo financiero. Desde las agitadas avenidas de Manila hasta los círculos más exclusivos de Ginebra, ha aprendido que la verdadera influencia no necesita ruido.
Con formación jurídica y experiencia en gestión fiduciaria y ética corporativa, ha sido elegida por el Papa Francisco para presidir el Consejo de Supervisión del IOR, una decisión que simboliza más que un nombramiento: representa un cambio de época. El pontífice argentino, conocedor de la realidad desde las periferias y no desde la cúpula, decidió cerrar una etapa y abrir otra, en la que el liderazgo también hable con voz femenina y la Iglesia actúe con la misma transparencia que exige, explica Informalia.
El IOR, creado en 1942 y durante mucho tiempo relacionado con escándalos financieros y secretos incómodos, ha comenzado una transformación. Con auditorías externas a cargo de Mazars Italia, incorporación al sistema SEPA y avales positivos de organismos internacionales, la institución busca convertirse en un referente de integridad financiera.
Los 5.400 millones del Papa
Hoy, el 99,6% de sus recursos -más de 5.400 millones de euros- se encuentra en bonos estatales, lejos de sectores polémicos como el armamento, el petróleo o las farmacéuticas con prácticas cuestionables. Solo una pequeña parte se dirige a inversiones éticamente responsables, en consonancia con la Doctrina Social de la Iglesia.
Detrás de cada cifra hay una causa: comunidades marginadas que reciben ayuda, centros de salud en lugares sin infraestructura, programas educativos donde la esperanza escasea. En 2023, 13,6 millones fueron destinados directamente a proyectos de caridad. Y aunque el dinero sigue fluyendo desde las oficinas del Vaticano, el verdadero cambio es que, por primera vez, su custodia está en manos de una mujer que ejerce el poder con responsabilidad y convicción.
Con el respaldo de figuras clave como Jean-Baptiste de Franssu, Javier Marín Romano y François Pauly, Uriarte-Tan se convierte en un pilar del nuevo modelo de gestión que promovió el Papa Francisco. Lejos de la opacidad que marcó etapas anteriores.
Francisco, con su enfoque pastoral y reformista, consiguió algo que parecía imposible: renovar las estructuras financieras del Vaticano sin romper su esencia espiritual. Con nuevas normativas, límites a los cargos, transparencia fiscal y un enfoque centrado en la confianza, deja un legado institucional sólido.