La TV3 de Illa humilla al Rey Felipe y le acusa de vicios ocultos: “le gusta…”
Es un presentador de la televisión catalana al que le gusta poner en una diana al Emérito y ahora al actual jefe del Estado o a Santiago Abascal.

Los Reyes Felipe VI y Letizia y Salvador Illa, este pasado 23 de junio.
Hay provocaciones que cuestan caro. Pero hay otras que salen gratis. E incluso se pagan con dinero público. Es el caso de Jair Domínguez, el presunto cómico y presentador que ha hecho del desprecio a España y a los españoles su marca de identidad, y que sin embargo cobra de la televisión autonómica catalana —TV3—, financiada en gran parte con los presupuestos del Estado. Es decir, con el dinero de todos.
Domínguez, rostro habitual de programas como Està Passant o El Búnquer, ha vuelto a colocarse en el centro del huracán mediático tras su comentario —lapidario, arrogante, burlesco— sobre la última visita de los Reyes Felipe y Letizia a Montserrat. Mientras los titulares recogían la tensión entre manifestantes y la policía catalana, y cómo Felipe VI tuvo que entrar por la puerta de atrás del monasterio, Jair lo resumía con tres palabras en redes sociales:
“Ya le gusta”.
Una frase que puede sonar ingeniosa a algunos. Pero que revela un patrón más preocupante: el desprecio como método. La burla como combustible. La fractura como objetivo.
No es la primera vez. En una entrevista reciente, Domínguez reconocía que recibe amenazas por redes cada vez que lanza una de sus pullas, especialmente desde lo que él llama “España”. Pero lejos de preguntarse si el tono tiene algo que ver, se limita a señalar a los demás como violentos. Olvida, eso sí, que él también es español —aunque le pese— y que una parte de su sueldo lo pagan ciudadanos de Cuenca, de Cádiz o de Zamora, por poner ejemplos.
Y ahí está el verdadero problema. No en su libertad para opinar —que debe respetarse—, sino en el doble juego institucional que permite que quien insulta al Estado cobre del Estado. Que quien atiza al Rey Felipe, a los partidos, a millones de ciudadanos, tenga micrófono y foco financiado por una televisión pública.
Sus declaraciones en el diario Ara no dejan lugar a dudas. En una entrevista en la que se le pregunta a quién pondría hoy en una diana como la que usó en 2012 con la imagen de Juan Carlos I, Domínguez responde sin matices:
“Al Rey actual, por ejemplo. Este siempre, de serie. A Santiago Abascal. Y de catalán, a Ramon Espadaler, porque simboliza todo lo que detesto de Catalunya.”
La frivolidad con la que habla de colocar a personas reales en una diana —literal o simbólica— da escalofríos. Pero aún más, la normalización de este discurso como si fuese una forma de humor o crítica cultural. No lo es. Es una forma de señalar. De dividir. De sembrar hostilidad.
En La Zarzuela, estas salidas de tono no pasan desapercibidas. Fuentes consultadas por ESdiario apuntan que los comentarios de Domínguez han causado malestar tanto al Rey Felipe VI como a sus hermanas. No por el desprecio personal —al fin y al cabo, están acostumbrados—, sino por el mensaje de fondo: el de una televisión pública que da cobertura y altavoz al insulto como forma de expresión política. Y todo sin consecuencias.
Jair Domínguez dice lo que le da la gana. Sí. Y tiene todo el derecho a hacerlo. Pero los ciudadanos también tienen derecho a preguntarse por qué lo hace desde una plataforma pública, pagada por todos, donde el sarcasmo se convierte en ideología y el insulto en seña de identidad. Y en TV3 ahora, supuestamente, no mandan los independentistas, en la Generalitat catalana, aunque no haya cambiado nada, ahora gobierna el socialista Salvador Illa.
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