Escándalo salpica a Zarzuela: difunden vídeos porno de la Princesa Amalia de Holanda
La neerlandesa ha sido víctima de un delito con vídeos sexuales falsos, generados por IA. La de Orange tiene estrechos lazos con la Familia Real y pasa largas temporadas en Madrid

Amalia de Holanda a la salida de una cafetería, en noviembre de 2023, en Madrid.
Catalina Amalia de los Países Bajos, heredera al trono neerlandés, atraviesa un momento especialmente oscuro de su vida pública. A sus 21 años, la princesa de Orange se ha visto envuelta en una pesadilla digital: un portal especializado en pornografía manipulada con inteligencia artificial difundió vídeos falsos en los que se utiliza su rostro de manera fraudulenta. El material, alojado en la página MrDeepFakes, ya clausurada, superó los dos millones de reproducciones y, aunque el sitio desapareció de la red en mayo, el daño es irreparable: las imágenes adulteradas circulan, se comparten y se multiplican.
La investigación de las autoridades neerlandesas apunta a un hombre de 73 años como uno de los implicados en esta trama internacional de deepfakes. En el caso de Amalia, los registros muestran un alcance escalofriante: más de 200.000 visitas mensuales en todo el mundo. Una exposición sin control que ha generado indignación en La Haya, pero también una ola de preocupación en Madrid, donde la joven princesa tiene más arraigo del que muchos imaginan.
Porque el vínculo de Amalia con la Casa Real española es mucho más estrecho de lo que se suele recordar. En 2022, cuando recibió amenazas de la mafia marroquí del narcotráfico y tuvo que abandonar su piso de estudiante en Ámsterdam, los reyes Guillermo y Máxima buscaron refugio para su hija en un entorno seguro. Y fue Felipe VI y la Reina Letizia quienes, en la más absoluta discreción, la acogieron en Madrid durante semanas. La princesa neerlandesa se convirtió así en huésped temporal de la Zarzuela, en un gesto de confianza que confirmó la complicidad histórica entre ambas familias reales.
No era un hecho aislado. Amalia, Princesa de Orange, ha tejido lazos sólidos con España: mantiene amistad con la hija de Alberto Cortina y Elena Cué, en cuya residencia se ha alojado, y comparte afinidad con Allegra, bisnieta de la duquesa de Medinaceli. Su presencia en determinados círculos de la aristocracia madrileña ha pasado inadvertida para el gran público, pero no para quienes observan cómo la heredera de Orange encuentra en nuestro país un segundo hogar, casi una prolongación de su propio palacio en La Haya.
El contraste entre esa vida privada y los ataques públicos que sufre es brutal. Primero fueron las amenazas de la mafia, después los rumores sobre su seguridad, más tarde un accidente a caballo que le fracturó el brazo y, ahora, la violencia intangible de la manipulación digital. Cada episodio es un recordatorio de la fragilidad que acompaña a los herederos de las monarquías europeas en pleno siglo XXI. La tecnología multiplica los riesgos y convierte la privacidad en una quimera.
Aun así, Amalia no se ha replegado. Ha continuado sus estudios, acompaña a sus padres en actos oficiales y se muestra firme en sus compromisos institucionales. En la Casa Real neerlandesa se baraja incluso que Guillermo y Máxima lideren una campaña contra este tipo de delitos digitales cuando la investigación judicial concluya. Pero mientras tanto, el apoyo de Don Felipe y Doña Letizia y los lazos españoles de la princesa se revelan como un refugio estratégico y emocional.
Amalia de Orange simboliza, quizá sin quererlo, la encrucijada de los futuros soberanos: la herencia de una tradición centenaria enfrentada a un presente hiperconectado y hostil. Y en esa encrucijada, España se ha convertido en uno de sus apoyos más firmes, como si la historia de las coronas de La Haya y Madrid escribiera un nuevo capítulo de complicidad frente a un mundo que ya no perdona ni a los herederos.
Chismógrafo
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David Lozano