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Impresentable ofensa de Margarita Robles a la Reina Sofía implicando a La Armada

Las relaciones entre el Gobierno y la Casa Real son pésimas. De la frialdad se ha pasado al desprecio. Y eso ya es inaceptable y más cuando lo sufre la figura de la Emérita.

La Reina Sofía y la ministra de Defensa, Margarita Robles, en octubre de 2024.

La Reina Sofía y la ministra de Defensa, Margarita Robles, en octubre de 2024.Europa Press

David Lozano
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La fragata Bonifaz ha visto la luz en Ferrol en una ceremonia solemne que, más allá de su relevancia naval, ha desatado un nuevo choque político e institucional. Concebida como buque de última generación, equipada con los sistemas de combate y vigilancia más avanzados, la nave está llamada a ser una pieza clave en la proyección internacional de la Armada durante las próximas décadas. Sin embargo, la jornada que debía ser de orgullo y unidad quedó empañada por una ausencia clamorosa: la de la Reina Sofía.

El olvido es, sencillamente, impresentable. Porque si alguien encarna la continuidad y la memoria de la Corona, esa es la madre del Rey Felipe VI, siempre vinculada al ceremonial de la Armada. Su exclusión de los actos oficiales no se percibe como un descuido, sino como una maniobra calculada. Según ha podido confirmar ESdiario, en la propia Armada se apunta directamente a la ministra de Defensa, Margarita Robles, como responsable de lo ocurrido. Y entre oficiales reina el malestar: no quieren verse arrastrados a lo que califican como un “pulso político” que erosiona la imagen del Ejército.

La botadura, que reunió a autoridades civiles, mandos militares y representantes de Navantia junto a la industria auxiliar gallega, debía celebrarse como un hito industrial y económico para Ferrol. Pero terminó convertida en otro episodio del desencuentro entre Moncloa y la Casa Real. Porque esta no es una anécdota aislada, sino un capítulo más en un historial ya largo.

Los ejemplos abundan. Desde que Pedro Sánchez llegó al poder, Zarzuela ha sufrido desplantes en momentos clave: la exclusión del Rey Felipe en la entrega de despachos judiciales en Barcelona, el empeño del Gobierno en restar visibilidad a la Corona en Cataluña, la presión constante con las cuentas del Rey Emérito o la fría relación con la Reina Letizia. La línea estratégica es clara: minimizar la proyección institucional de la Monarquía frente al poder político.

Y a ese pulso se suman los incidentes de Paiporta, tras la devastadora DANA en la Comunidad Valenciana. Allí, cuando Pedro Sánchez acudió junto a los Reyes y al presidente autonómico, Carlos Mazón, a mostrar apoyo a los afectados, se encontró con la indignación vecinal. Los gritos y reproches fueron tan tensos que el presidente optó por abandonar precipitadamente la zona, dejando en el lugar a Felipe VI, Letizia y Mazón, que tuvieron que soportar en primera línea la frustración de los vecinos. En Zarzuela, según fuentes consultadas por ESdiario, aquel gesto fue leído como un abandono en toda regla, una huida que comprometía directamente la imagen de la Corona.

Y en La Moncloa, que acrecentó desde entonces la guerra contra la Casa Real, se interpretó como que Don Felipe quería quedar por encima de Sánchez y ridiculizarle por su huída.

En este contexto, lo ocurrido en Ferrol con la Bonifaz se entiende como un paso más en la misma dirección. La Armada pretendía exhibir modernidad y músculo tecnológico, pero acabó siendo escenario de un nuevo choque político. Y lo que debía ser una fiesta nacional para Galicia y para la Marina española terminó dejando un poso de incomodidad institucional.

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