Tras años de tensiones: Froilán logra la insólita unión entre la Infanta Elena y la Reina Letizia.
Las cuñadas llevaban más de una década distantes, e incluso enfrentadas, pero ahora les une un mismo propósito que tiene que ver con el nieto que vive con el Rey Emérito

La Infanta Elena y Froilán, en Madrid.
Desde que nació, Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón cargó con un título invisible: el de primer nieto de los Reyes Juan Carlos y Doña Sofía. Su llegada fue celebrada con entusiasmo y durante años se siguieron sus pasos con lupa: estudios, amistades, romances… Pero lo que acabó calando en la opinión pública fue su imagen de fiestero incorregible, siempre en titulares por el motivo equivocado.
Cansado de que cada escapada nocturna se convirtiera en un escándalo, Froilán puso tierra de por medio y fijó su residencia en Abu Dabi, donde comparte ciudad con su abuelo. Allí, en la Abu Dhabi National Oil Company, encontró trabajo y un sueldo que oscila entre los 6.000 y 7.000 euros mensuales, según se publicó. Vida cómoda, deportes como el pádel o el kitesurf y cenas en restaurantes exclusivos completan su día a día en un apartamento perfectamente equipado. Eso sí, con escapadas puntuales a España para reencontrarse con familia y amigos, como este verano, aunque mucho más discreto que en el pasado.
Esa discreción no es casualidad. Según publicó Monarquía Confidencial, la Infanta Elena habría pedido expresamente a su hijo que adoptara un perfil bajo. Y aquí es donde entra en juego una lectura política y familiar: más allá de proteger a Froilán de nuevas polémicas, su madre habría querido tender un puente hacia la Reina Letizia y la Casa Real. Desde hace años, Zarzuela exige a los primos de la princesa Leonor que eviten los escándalos para no salpicar a la heredera. Y Elena, que siempre estuvo enfrentada a Doña Letizia desde el caso Nóos —cuando defendió a su hermana Cristina y a Iñaki Urdangarin frente al aislamiento impuesto por Felipe y Letizia—, estaría ahora tratando de suavizar tensiones.
El cambio de Froilán es visible. Este verano no ha sido cazado en plazas de toros ni en fiestas interminables; ha preferido pasar desapercibido. Incluso con la prensa se muestra más amable, un contraste absoluto con aquel joven bronco y polémico. Pilar Eyre recordaba en su canal de YouTube que “se le provocaba mucho por ser el nieto del rey”, y que muchas peleas no las inició él. Ahora, la propia periodista admite que amigos cercanos lo describen como un joven serio y responsable, volcado en su proyecto vital.
Sin embargo, el esfuerzo por mantenerlo lejos de los focos responde también a un contexto familiar complicado. La relación con su madre es estrecha, pero la que mantiene con su padre, Jaime de Marichalar, quedó muy dañada tras el ictus que él sufrió en 2001. Aquella etapa, marcada por discusiones y frialdad, dejó cicatrices en los hermanos Froilán y Victoria Federica. “Muchos creen que tuvo una infancia dorada, pero en realidad fue muy desgraciada”, apunta Eyre.
Hoy, a sus 27 años, Froilán encara una nueva etapa. Vive lejos, mantiene un perfil bajo y parece decidido a enterrar su pasado más polémico. Una transformación que no solo tranquiliza a su madre, sino que satisface, aunque sea discretamente, a Zarzuela. Porque su silencio y discreción no son solo un gesto personal: son un guiño hacia la reina Letizia y un movimiento que puede allanar el camino para recomponer viejas fracturas en la Familia Real.
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