Caso Alcàsser: un criminólogo descubre una prueba crucial del crimen y la jueza lo admite
Treinta años después, el dramático triple asesinato de las niñas da un giro inesperado: nuevas pruebas forenses revelan rastros de sangre en el coche de Ricart, abriendo una línea inédita en la investigación

Miguel Ricart saliendo de la cárcel en noviembre de 2013.
El fantasma del caso Alcàsser vuelve a ocupar espacio en la crónica judicial más de treinta años después. Lo que parecía una historia cerrada, con nombres grabados a fuego en la memoria colectiva, ha dado un giro inesperado que ha sorprendido incluso a los propios investigadores.
El detonante ha sido la confesión de Miguel Ricart en un canal de YouTube, un movimiento que abrió la puerta a un nuevo capítulo. El criminólogo Félix Ríos, conocido por su empeño en revisar algunos de los casos más mediáticos de nuestra historia reciente, decidió personarse en la causa y pedir algo que parecía imposible: nuevas pruebas forenses con la tecnología de hoy, impensable en los años 90. La jueza no solo escuchó su petición, sino que la admitió en su mayor parte.
Ríos y su equipo plantearon hasta nueve diligencias, desde el reanálisis de cabellos hallados en tapicerías hasta inspecciones a los vehículos implicados. Y aunque aún faltan por conocerse la mayoría de resultados, uno ya ha generado titulares y debate: en el Opel Corsa de Miguel Ricart, la Guardia Civil ha detectado en el asiento trasero una reacción compatible con sangre.
El hallazgo, desconocido hasta ahora, encaja con lo que Ricart declaró hace tres décadas: que Antonio Anglés golpeó con la culata de una pistola a una de las chicas, provocando una hemorragia. El ADN encontrado no ha podido ser cotejado con las víctimas por su escasa calidad, pero la simple existencia de esa mancha, ignorada durante tanto tiempo, abre un nuevo frente y, sobre todo, genera un impacto emocional difícil de medir.
“En treinta años no había habido un solo avance forense”, lamenta Ríos en su pódcast Animales Humanos. Y pese a que los coches estuvieron expuestos a la intemperie, destrozados, inundados y cubiertos de polvo, el trabajo técnico ha permitido rescatar un indicio que parecía enterrado en el olvido.
Aún quedan por llegar seis o siete informes más: análisis de cabellos, restos en alfombras y prendas, todo lo que pueda aportar claridad a un caso que sigue marcado por las sombras. La pregunta de fondo es la misma que entonces: ¿hubo más autores implicados?
La nueva prueba no resuelve el misterio, pero sí pone de manifiesto algo evidente: Alcàsser sigue vivo en los tribunales y en la conciencia colectiva, y todavía guarda secretos que la ciencia está dispuesta a destapar.
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David Lozano