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Un hito histórico: Sarah Mullally, nombrada por Carlos III como la primera Arzobispa de Canterbury

Su designación, tras la renuncia de Justin Welby por un escándalo, refleja la modernización de la Iglesia en un momento crítico.

Sarah Mulley.

Sarah Mulley.GTRES

David González
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Sarah Mullally, de 63 años, ha hecho historia al convertirse en la primera mujer designada como Arzobispa de Canterbury, la máxima autoridad espiritual de la Iglesia de Inglaterra y líder de la Comunión Anglicana global, con cerca de 20 millones de miembros bautizados. Este nombramiento, aprobado formalmente por el rey Carlos III, jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, marca un hito en los casi cinco siglos de existencia de la institución, establecida tras la ruptura de Enrique VIII con la Iglesia Católica Romana en la década de 1530. Mullally, quien asumirá oficialmente el cargo en una ceremonia en la Catedral de Canterbury en enero, es la clériga número 106 en ocupar este puesto, que también incluye un asiento en la Cámara de los Lores del Parlamento británico, donde participa en debates sobre políticas públicas, como la libertad religiosa, y asiste a eventos de relevancia nacional.

La vida de Mullally refleja un profundo compromiso con la fe y la vocación. En su juventud, abrazó el cristianismo y comenzó su carrera en el Servicio Nacional de Salud británico (NHS) como enfermera especializada en oncología, ascendiendo hasta convertirse en la jefa de enfermería más joven de Inglaterra en 1999. Por sus contribuciones, fue honrada como "Dama del Imperio Británico (DBE)". Casada con Eamonn Mullally, con quien tiene un hijo y una hija, decidió en 2001 ordenarse sacerdotisa, dejando atrás su exitosa trayectoria en el ámbito sanitario para dedicarse plenamente al servicio religioso. En 2015, se convirtió en obispo de Crediton, en el primer año en que la Iglesia de Inglaterra permitió a mujeres ocupar este rol, y en 2018 asumió como obispa de Londres, el tercer puesto más relevante en la jerarquía anglicana, rompiendo barreras para futuras generaciones de mujeres.

El nombramiento de Mullally, ratificado por el rey Carlos III tras el proceso de selección de la Iglesia, llega tras un año de vacancia en el cargo, luego de la renuncia de Justin Welby, quien enfrentó críticas por su manejo de un escándalo de abuso sexual infantil ligado a John Smyth, identificado como el abusador en serie más prolífico vinculado a la Iglesia. Un informe independiente señaló que Smyth podría haber enfrentado la justicia si Welby lo hubiera denunciado en 2013, lo que desató demandas de reforma en la Iglesia. Mullally, consciente de los desafíos, expresó que siente "paz y confianza en que Dios la guiará" en esta "enorme responsabilidad".

Los retos de la Iglesia Anglicana

Como feminista declarada, Mullally ha abogado por una Iglesia más inclusiva. Durante su tiempo como obispa de Londres, presidió un grupo que guió la decisión de 2023 de permitir a los sacerdotes bendecir matrimonios entre personas del mismo sexo, un paso que describió como "un momento de esperanza", aunque reconoció las divisiones internas: "Sé que lo que hemos propuesto no es suficiente para muchos, pero sí demasiado para otros". Sin embargo, enfrenta resistencia de algunos obispos de alto rango que se oponen a la participación de mujeres en el sacerdocio y a su liderazgo en la institución. Además, su edad (63 años) generó dudas sobre su candidatura, ya que los arzobispos deben jubilarse a los 70, según la legislación.

El rey Carlos III Andrés

El rey Carlos III Andréseuropa press

En su rol en la Cámara de los Lores, Mullally deberá abordar temas complejos, como el proyecto de ley de muerte asistida en debate en el Parlamento de Westminster, al que se opone firmemente, abogando por mejorar los servicios de cuidados paliativos para proteger a las personas vulnerables. También ha destacado desafíos nacionales, como el derecho de las personas con enfermedades terminales, la respuesta a los refugiados que huyen de la guerra y la situación de comunidades marginadas, planteando la pregunta: "¿Quiénes somos como nación en un mundo al borde del abismo?".

En su primera visita como arzobispa electa, Mullally acudió a una iglesia local para colaborar en la preparación de paquetes de alimentos, mostrando su compromiso con las comunidades. Su trayectoria, desde enfermera hasta líder espiritual, encarna la transformación de la Iglesia de Inglaterra hacia una mayor diversidad y modernización, desafiando tradiciones centenarias en un momento crucial para la institución, con el respaldo del rey Carlos III en su histórica designación.

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