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Muere el Tadzio de 'Muerte en Venecia' tras una vida marcada por el alcoholismo y rencor a Visconti

Huérfano temprano, acosado en Cannes y hundido por la fama, abandonó el cine europeo por Japón y luchó con el alcoholismo tras perder un hijo. El documental de 2021 reconcilió parcialmente su pasado; deja un legado trágico de belleza destructiva.

El actor sueco en 'Muerte en Venecia'.

El actor sueco en 'Muerte en Venecia'.FILMIN

David González
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El intérprete y cantante sueco Björn Andrésen, célebre en todo el mundo por su icónica interpretación de Tadzio en Muerte en Venecia (1971), dirigida por Luchino Visconti —adaptación cinematográfica de la novela homónima de Thomas Mann—, ha fallecido a los 70 años. La noticia fue confirmada por el realizador Kristian Petri al periódico Dagens Nyheter, donde se indicó que el deceso ocurrió el sábado anterior, sin revelar la causa. Su hija difundió un obituario el 27 de octubre, y Petri, amigo de décadas del actor, lo describió como "una persona valiente". Junto a Kristina Lindström, Petri codirigió en 2021 el documental El chico más bello del mundo (o El joven más hermoso del mundo), que exploró la compleja relación de Andrésen con la fama y obtuvo una nominación al Gran Premio del Jurado en el Festival de Sundance.

Nacido en Estocolmo en 1955, Andrésen creció marcado por una infancia traumática: perdió a su padre en un accidente y a su madre por suicidio cuando tenía apenas diez años. Criado por su abuela, quien lo impulsó hacia el modelaje y la actuación, debutó en el cine con un rol secundario en En kärlekshistoria (o Una historia de amor, 1970), dirigida por Roy Andersson. 

Sin embargo, su consagración internacional llegó al año siguiente, con solo 15 años, al ser seleccionado por Visconti tras una exhaustiva búsqueda por Europa —que descartó a candidatos como el español Miguel Bosé, ahijado del director, vetado por su padre, el torero Luis Miguel Dominguín—. 

En Muerte en Venecia, Andrésen encarnó a Tadzio, el atractivo y andrógino adolescente polaco que obsesiona al profesor Gustav von Aschenbach (interpretado por Dirk Bogarde), en una Venecia acechada por el cólera. Aunque la película no fue un éxito comercial masivo en su estreno, el joven captó toda la atención: en el Festival de Cannes de 1971, la prensa lo apodó "el chico más guapo del mundo" (o "el joven más hermoso del mundo", según el propio Visconti), un rótulo que lo perseguiría toda la vida.

El impacto de ese rol fue inmediato y, en gran medida, destructivo. Andrésen denunció años después el acoso mediático, el manejo explotador durante el rodaje y un episodio traumático en Cannes, donde tras la premiere fue llevado a un local gay y sufrió acoso, sintiéndose "como un trofeo ambulante" o "un animal exótico en una jaula". "Visconti se comportó como un capitalista depredador que no dudó en usar a un adolescente para vender su película", declaró al diario Göteborgs-Posten. "Si pudiera retroceder, le habría enviado al diablo", agregó, afirmando que el director "sacrificaría cualquier cosa o a cualquiera por su obra" y que la cinta "me ha jodido la vida bastante". 

A todo esto se sumó la reacción de celos que provocó el joven en Helmut Berger, considerado 'el hombre más bello del mundo', muso de Visconti y pareja del director milanés. Bergen siempre despreció al joven Andrésen. 

El actor en sus últimos años.

El actor en sus últimos años.archivo

Ésta, incapaz de sobrellevar esa notoriedad precoz, abandonó rápidamente el cine europeo y se trasladó a Japón, donde fue explotado en promociones agotadoras —obligado a espectáculos musicales y a tomar comprimidos para soportar el ritmo—, convirtiéndose en un ícono del "flower boy" (jóvenes efébicos, precursor de figuras como Leonardo DiCaprio o Timothée Chalamet). Allí probó la música pop y actuó en producciones de serie B.

De regreso en Suecia, prosiguió una carrera sostenida pero modesta, con más de treinta filmes y series, incluyendo estudios de interpretación en los años 80, una participación como teclista en el grupo pop Sven-Erics y un rol secundario conmovedor en Midsommar (2019), de Ari Aster, donde apareció como un hombre frágil, delgado y canoso, irreconocible del efebo de antaño. 

Su vida personal estuvo jalonada por tragedias: con su esposa, la poeta Susanna Roman, tuvo dos hijos —Robine y Elvin—, pero este último falleció a los nueve meses por síndrome de muerte súbita del lactante, lo que lo sumió en una depresión prolongada, separación y problemas con el alcohol, como él mismo relató en el documental de 2021.

Petri evocó el año que tardaron en convencerlo para rodar el filme, un proceso "divertido y a ratos doloroso", donde Andrésen se reconcilió parcialmente con su pasado. "Nunca he visto tantos fascistas y gilipollas como en el cine o el teatro", comentó en una entrevista con The Guardian hace cuatro años. Su presencia sutil y trágica quedará eternamente ligada a esa visión de juventud efímera en la obra de Visconti, un legado imborrable pese a una filmografía posterior irrelevante.

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