Aterradores segundos finales de Encarnita Polo: gritos mientras la estrangulaba y crimen premeditado
Sabemos lo que pasó de madrugada. La Policía se pregunta ahora cómo pudo llegar el asesino a su víctima. Y las familias, en pie de guerra.

Encarnita Polo en una imagen de archivo.
Todavía no había despuntado el alba en Ávila cuando el horror se abrió paso en silencio. Eran las 3:30 de la madrugada del viernes cuando un celador de la residencia Decanos de Ávila escuchó algo que le heló la sangre: ruidos sordos, golpes amortiguados, suspiros entrecortados, un gemido que no sonaba a una pesadilla, sino a alguien a punto de quedar sin voz.
Alarmado, avanzó por el pasillo desierto. La puerta de Encarnita Polo —la eterna voz de Paco, Paco— estaba entornada. Sin pestillo. Algo no cuadraba. Al empujarla, se topó con una escena que jamás podrá olvidar:
Un hombre inclinado sobre la artista, estrangulándola con las manos, mientras ella, ya casi sin aliento, apenas podía emitir aquellos últimos sonidos que él había escuchado minutos antes sin comprender que eran su agonía.
En cuestión de segundos todo se convirtió en caos.
Desde la sala de coordinación de la Policía Nacional saltó el aviso: “agresión en curso, víctima en estado crítico”. Aún nadie había dicho el nombre de Encarnita Polo, pero la urgencia lo decía todo, tal y como cuenta el periodista de sucesos Nacho Abad.
Tres patrullas llegaron en un estallido de sirenas. Los agentes irrumpieron en la residencia y encontraron al celador y a un compañero reteniendo al agresor, un interno de la unidad destinada a pacientes con trastornos mentales. El hombre estaba fuera de sí, desorientado, incapaz de articular palabra coherente. Fue derivado directamente a psiquiatría del Hospital de Ávila.
Para Encarnita, ya no había nada que hacer. Los sanitarios solo pudieron certificar su muerte.
Ataque súbito y la clave ¿cómo pudo llegar hasta ella?
Los primeros indicios apuntan a que Encarnita estaba dormida cuando el agresor logró escapar de la zona de pacientes psiquiátricos, un área que supuestamente dispone de mecanismos de control y celdas de inmovilización. Sin explicación aún, consiguió llegar a la habitación de la artista y la atacó sin previo aviso.
La cantante —cuyo estado físico se había deteriorado en los últimos tiempos— apenas tuvo margen de reacción. El ataque fue brusco, inesperado y letal.
La Policía trabaja ahora para reconstruir cada minuto previo al crimen. Han tomado las grabaciones de las cámaras, revisan accesos, movimientos y posibles fallos en la supervisión nocturna. La gran incógnita es clara:
Los investigadores quieren escuchar a todos los residentes. No descartan nada: desde un posible conflicto previo, hasta la teoría de que el atacante se hubiera obsesionado con Encarnita Polo. Es esta versión la que se baraja ahora como más posible, tal y como ha podido saber ESdiario. La Policía cree que el asesino, que apenas llevaba dos días en la residencia, se escapó y accedió a la habitación de Polo con intenciones homicidas premeditadas.
Silencio impuesto y familias en pie de guerra
La directora de la residencia reunió de urgencia a la plantilla y prohibió hacer declaraciones a los medios. Al mismo tiempo, el juez del caso decretó secreto de sumario, consciente de la enorme repercusión del suceso y de la necesidad de evitar filtraciones.
Pero el fuego ya estaba encendido.
Esa misma tarde, varias patrullas tuvieron que regresar al centro. Familiares de otros residentes estaban fuera de sí, reclamando explicaciones, exigiendo responsabilidades. Hubo conatos de tensión, empujones y gritos. La Policía Nacional intervino para evitar que la indignación se transformara en algo peor.
Lo que ocurrió en esa habitación no solo es un crimen. Es un fallo estrepitoso en la protección de una residencia donde una mujer de 82 años murió pidiendo aire sin que nadie pudiera llegar a tiempo.
Y cuyas últimas voces, ahogadas y casi invisibles, solo alcanzó a escuchar un celador que aún carga con los sonidos de esa madrugada.
Chismógrafo
Un famoso amigo íntimo de Encarnita Polo pone en una situación muy incómoda a su única hija
Maribel Fernández