Tensión en Moncloa: la Princesa Leonor destruye a Pedro Sánchez con un giro inesperado

La última encuesta sobre la Corona descoloca a la presidencia del Gobierno: la popularidad de la heredera despega, incluso entre votantes del PSOE, y refuerza una Monarquía que el presidente y sus socios quieren debilitar.

Felipe VI, Letizia, Leonor y Sofia, llegando a El Pardo, este sábado.GTRES

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En Zarzuela llevan días leyendo encuestas con la misma calma satisfecha con la que se saborea un triunfo inesperado. Cincuenta años después de la restauración de la Monarquía, el último sondeo de Sigma Dos revela en El Mundo algo que en Moncloa, por mucho que intenten disimularlo, ha caído como un jarro de agua fría: la Corona no solo resiste; se recupera. Y lo hace con fuerza. Un clima que contrasta de manera evidente con la hostilidad política que Pedro Sánchez ha evidenciado hacia la institución, desde desaires simbólicos hasta maniobras para arrinconar a la Familia Real en el debate público.

Pero los datos son tozudos. Y esta vez no son buenos para el presidente del Gobierno, que siempre ha jugado con la convicción —manifestada en numerosas ocasiones en su entorno— de que España acabaría caminando hacia una república bajo su liderazgo. La realidad demoscópica apunta en dirección contraria.

La Monarquía, lejos de apagarse tras los años oscuros del caso Juan Carlos I, vive un renacimiento alentado por la figura fresca, disciplinada y sorprendentemente transversal de la Princesa Leonor, cuyo magnetismo social ya tiene nombre: leonormanía.

El dato más demoledor del estudio es también el que mejor explica el malestar en la izquierda gubernamental: el 60% de los españoles cree que Leonor de Borbón será una buena jefa de Estado, y entre los menores de 30 años esa cifra escala hasta un sorprendente 75,4%. No es un apoyo: es una ola generacional.

Pero lo realmente inesperado está en el corazón electoral del propio Sánchez. Más de la mitad de los votantes del PSOE —un 53,8%— confía en Leonor para encabezar la Jefatura del Estado. Incluso entre los simpatizantes de Sumar, el espacio político más beligerante con la Corona, casi un 22% reconoce en ella una futura reina solvente.

Es decir: mientras el Gobierno sostiene un pulso soterrado con la institución, sus votantes empiezan a ver a la heredera como un valor útil, moderno y limpio, un activo que genera estabilidad donde la política genera confrontación. Y eso, para un Ejecutivo que coquetea ideológicamente con el republicanismo, es una derrota cultural en toda regla.

La Corona mejora su imagen… gracias a ella

La encuesta también refleja una recuperación global: el 61,3% de los ciudadanos considera que Leonor está mejorando la imagen de la Monarquía, un dato que vuelve a subir entre los jóvenes. El único flanco pendiente, según los encuestados, es su impacto en los “valores democráticos”, donde aún pesa más la figura de Felipe VI. Pero incluso en ese apartado, la heredera comienza a construir una autoridad propia.

El estudio también pregunta por la utilidad de la Monarquía en estas cinco décadas. Y aquí llega otra sorpresa para La Moncloa: el 55,5% cree que ha sido útil, incluidas amplias mayorías en PP, Vox… y también en el PSOE (52,6%). Eso sí, la brecha generacional sigue viva: los mayores valoran más el papel de la Corona durante la Transición; los jóvenes, marcados por los escándalos del Emérito, se acercan con más distancia. Pero es justamente ahí donde Leonor se convierte en puente y solución.

Tras años de desgaste, crisis institucionales y escándalos que parecían haber herido de muerte al modelo parlamentario, la Monarquía encuentra en la figura de Leonor su mayor oportunidad desde 1975. Su imagen limpia y su capacidad para conectar con perfiles ideológicos distintos no solo reconstruyen la confianza: desbaratan el relato republicano de la izquierda gubernamental, que se queda sin argumentos mientras la heredera consolida una popularidad transversal.

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La Corona, vapuleada durante una década, mira al futuro con un optimismo que en Moncloa incomoda y en Zarzuela reconforta. Y lo hace gracias a una protagonista inesperada para muchos, pero decisiva para casi todos: Leonor, el rostro de la continuidad y de una renovación que ni Sánchez ni sus socios esperaban tan pronto… ni tan fuerte.