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Rocío Flores se mofa de su madre, Rocío Carrasco, tras el palo judicial con pena de prisión

La sentencia marca moralmente a Rociíto mientras su hija pone rumbo a Jerez de la Frontera para celebrar el fallo con sus amigas y Gloria Camila: la vida le sabe mejor a la nieta de Rocío Jurado

Gloria Camila y Rocío Flores, unidas tras la condena a Cornejo y Madrid.

Gloria Camila y Rocío Flores, unidas tras la condena a Cornejo y Madrid.Europa Press

David Lozano
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Tal y cómo les ha venido informando ESdiario, la Audiencia Provincial de Madrid ha lanzado un golpe seco sobre el universo mediático que sustentaba la docuserie de Rocío Carrasco. La sentencia contra Óscar Cornejo y Adrián Madrid, productores de La Osa Producciones, no es un mero trámite: declara probado un delito de revelación de secretos, impone dos años de prisión, condena a los productores a pagar 200.000 euros a Rocío Flores y les retira la posibilidad de ejercer profesionalmente durante dos años.

El tribunal argumenta con nitidez que en el documental se difundieron informes y datos procedentes de un expediente judicial de menores —informes psicosociales, sanciones, entrevistas— materiales que, por su propia naturaleza, gozaban de reserva y protección reforzada. La conclusión judicial no admite ambages: se vulneró el honor, la intimidad y el derecho a la reinserción de la hoy adulta afectada.

Esa resolución no sólo castiga a dos productores: desactiva, en parte, el aparato narrativo que durante años sostuvo la versión pública de los hechos. Porque cuando la televisión convierte el dolor y los papeles judiciales en espectáculo, llega el día en que la ley revisa las taquillas de la emoción y dicta sentencia.

La familia, la fiesta y la contradicción

Tras conocerse la sentencia, tal y cómo recoge Informalia, Rocío Flores, nieta de La más grande, emprendió un viaje que fue leído por muchos como búsqueda de refugio y contención, pero por otros como una celebración en todo lo alto: rumbo a Jerez de la Frontera, donde la esperaba su tía Gloria Camila. Allí, en medio de las famosas zambombas, la joven se dejó ver con amigas y publicó historias en las que decía que “la vida le sabe mejor” y brindaba por un respiro tras la tormenta. Lejos de un gesto de frivolidad, para su entorno fue un gesto de alegría: reunir a la familia, buscar alegría y festejar una sentencia que vapulea a su madre y su relato en el polémico documental emitido en su día por Mediaset España con Carlota Corredera como principal protagonista, además de Rociíto, claro esáa.

La imagen de Rocío Carrasco, por su parte, queda ahora irreductiblemente marcada por la decisión judicial. No se trata de perseguir la intención moral de quien ventiló un relato privado con la intención de ser escuchada: se trata de que el tribunal ha considerado que, con ese gesto, se traspasaron límites legales que protegen a los menores y a su intimidad. Y cuando las cámaras devoran documentos judiciales, la justicia interviene y resta puntos a la narrativa televisiva.

En lo simbólico este fallo es inevitablemente doloroso para Rocío Carrasco: la victoria moral que buscaba al convertir su historia en un relato público se encuentra con una factura judicial que pesa y que, además, abre una grieta en la manera en la que la televisión maneja historias de carne y hueso. Porque hay cosas que, por muy veraces que sean, no deben ser aireadas sin la autorización de quien las sufrió.

Y mientras Jerez canta y unas copas tintinean, queda claro que la sentencia no cierra el debate: lo desborda. ¿Quién tiene derecho a contar? ¿Dónde termina la memoria legítima y comienza la intromisión punible? La respuesta la ha dado un juez.

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