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El Emérito, sin control, cuenta todo sobre el agrio desencuentro entre Doña Letizia y la Reina Sofía

Don Juan Carlos vuelve al ataque contra la esposa del Rey Felipe, relata el incidente de Palma y también denuncia la ‘barrera’ que ha impedido que, tanto él como la Emérita, tengan contacto familiar con sus nietas.

Imagen del famoso incidente en la Semana Santa de 2018.

Imagen del famoso incidente en la Semana Santa de 2018.redes sociales

David Lozano
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En la intrahistoria de la Familia Real hay episodios que nunca se borran, momentos congelados en imágenes que dieron la vuelta al mundo y que, durante años, quedaron envueltos en un silencio casi quirúrgico. Uno de ellos es, sin duda, el célebre incidente a las puertas de la catedral de Palma en la misa de Pascua de 2018: aquel choque en público entre Doña Sofía y la Reina Letizia que ocupó portadas, editoriales, tertulias y hasta análisis internacionales. La Casa Real jamás dio una explicación. Las versiones se sucedieron, siempre difusas. Hasta ahora.

Juan Carlos I, que ha decidido contarlo todo en sus memorias Reconciliación, rompe por fin el silencio… y lo hace con una contundencia que ha sorprendido incluso a quienes lo conocen. "Resultó ser un desastre", escribe sin rodeos para describir aquel momento en el que la Reina Letizia intervino cuando Doña Sofía trataba de hacerse una foto con sus nietas. El  monarca Emérito no suaviza ni matiza: califica el episodio —y el comportamiento de su nuera— como un error estrepitoso que arruinó la imagen de unidad que la Casa Real quería proyectar aquel día.

La escena está en la retina de todos: Sofía, sonriente, tratando de posar con la Princesa Leonor y la Infanta Sofía; las niñas incómodas; Letizia cruzándose entre el objetivo y la abuela; Leonor esquivando un abrazo; el Rey Felipe VI y el propio Juan Carlos observando la situación con evidente incomodidad. Durante semanas se debatió si la intervención de la Reina fue un intento de proteger a sus hijas o un gesto de tensión hacia su suegra. Juan Carlos despeja la incógnita: sí hubo enfado, sí hubo malestar, sí fue una escena innecesaria que dejó tocada la convivencia interna.

Pero el Rey Emérito va más allá. En un tono que mezcla melancolía y reproche, confiesa una de las grandes espinas de su vida familiar: la distancia con sus nietas. "Nunca he podido salir solo por Madrid con Leonor y Sofía", lamenta. Añade incluso que la Reina Sofía tampoco ha podido recibirlas a solas en Palma, como sí hace con sus otros nietos. Habla de encuentros esporádicos, visitas breves, oportunidades perdidas. Y cuenta que a su mujer le habría encantado transmitirles la historia familiar, la genealogía, los valores que él considera parte esencial de la Corona. "Le habría gustado estar más cerca, sobre todo viviendo a escasos cien metros", apunta. Toda una confesión que se convierte, según apuntan a ESdiario fuentes próximas a Palacio, en "otra declaración de guerra".

Las memorias, más que aclarar, vuelven a encender un episodio que la institución siempre había tratado de tapar. Lo hace un Juan Carlos sin filtros, sin miedo y sin intención de rebajar un solo adjetivo. Y en la Zarzuela, donde la estrategia ha sido siempre pasar página, su diagnóstico suena a un portazo final: el de un rey que no se guarda ya nada y que, cuando mira atrás, llama "desastre" a uno de los instantes más incómodos de la monarquía reciente.

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