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Intolerable error que ha causado el tenso cara a cara entre la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin

Pablo Urdangarin no avisó a sus padres de que ambos tenían la intención de acudir a su partido de balonmano. Un error involuntario que ha propiciando uno de los encuentros más incómodos de los últimos tiempos.

Iñaki Urdangarin y la Infanta Cristina coinciden en el partido de Pablo.

Iñaki Urdangarin y la Infanta Cristina coinciden en el partido de Pablo.Europa Press

David Lozano
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El reencuentro público entre la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín no fue casual ni inocuo. Llegó apenas unos días después de que el ex duque de Palma se sincerara como nunca en una entrevista televisiva, en la que habló sin ambages de su condena por el Caso Nóos y de la ruptura con quien definió como “uno de los grandes amores de su vida”. Unas palabras que removieron viejas heridas y que, inevitablemente, flotaban en el ambiente cuando ambos coincidieron de nuevo, esta vez en la grada.

Tal y como informa Europa Press, el escenario fue el último partido de Pablo Urdangarín con el Fraikin BM Granollers, un encuentro deportivo que acabó convirtiéndose en un incómodo cara a cara entre dos personas que hace no tanto compartían vida, familia y futuro. El choque fue frío, distante y cargado de gestos que decían mucho más que cualquier palabra.

Sin embargo, ESdiario ha podido saber que la tensión vivida ese día tuvo un detonante concreto y hasta ahora desconocido. El reencuentro se produjo por un error involuntario de Pablo, que suele avisar con antelación a sus padres sobre la asistencia de uno u otro a sus partidos para evitar situaciones incómodas. En esta ocasión, el joven había asegurado a su madre, la Infanta Cristina, que su padre no acudiría al encuentro. La sorpresa fue mayúscula cuando Iñaki apareció en el polideportivo.

La incomodidad fue inmediata. Cristina e Iñaki evitaron cualquier tipo de contacto visual o gesto de cercanía durante buena parte del partido, manteniendo una distancia física que reflejaba el delicado momento que atraviesan. Él se situó en la parte superior del recinto, acompañado por su inseparable amigo Roberto Molina. Ella, varios metros más abajo, cerca del banquillo, junto a dos amigas.

Ambos centraron toda su atención en animar a su hijo, que firmó una actuación destacada en la victoria de su equipo frente al Bidasoa Irún. Solo en el descanso se produjo el instante más tenso: Iñaki pasó por delante de su exmujer y le dirigió una mirada fugaz, que Cristina esquivó bajando la cabeza, dejando claro que no era el momento para ningún acercamiento.

Tras un breve cruce en la cafetería —del que no hay imágenes—, el ambiente pareció suavizarse ligeramente. Iñaki se mostró algo más relajado, conversando con sus acompañantes y pendiente del móvil, mientras Cristina de Borbón se volcó por completo en la grada, aplaudiendo, animando y celebrando cada jugada de su hijo como la madre orgullosa que es.

Consciente de la incomodidad que podía generar cualquier gesto final, Urdangarín optó por no acercarse a felicitar a Pablo Urdangarin tras el pitido final. Se despidió desde la distancia y abandonó el recinto en solitario. Cristina, en cambio, permaneció en el pabellón, charlando distendidamente y esperando a su hijo para celebrar juntos la victoria.

Según ha podido saber este medio, Pablo pidió disculpas a ambos nada más terminar el partido, visiblemente afectado por la situación generada. Un gesto que demuestra hasta qué punto el joven intenta proteger a sus padres y evitar escenas incómodas, incluso cuando los errores —humanos— acaban sacando a la superficie heridas que aún no han cicatrizado.

Porque más allá del balonmano, de las entrevistas y de las declaraciones públicas, lo ocurrido en la grada dejó una evidencia difícil de ignorar: la historia entre Cristina e Iñaki sigue pesando, y cada reencuentro, por casual que sea, vuelve a ponerlo todo en primer plano.

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