El Rey Felipe impulsa un giro radical en la seguridad de Casa Real: la Guardia Civil toma el control
El monarca, en contra del operativo que se mantenía desde el reinado de Don Juan Carlos, ha impulsado un modelo de protección más práctico en el que cobra todo el protagonismo la Benemérita

El Rey Felipe en la Unidad de Formación y Doctrina del Servicio Marítimo de la Guardia Civil.
En los pasillos del Palacio de la Zarzuela se ha producido un ajuste sutil pero significativo en el esquema de seguridad que rodea a la Familia Real. Lejos de los focos y en modo trabajo interno, el Rey Felipe VI ha impulsado un modelo más práctico y operativo, donde la Guardia Civil gana terreno en funciones clave, dejando atrás el énfasis simbólico que marcó el reinado de su padre.
El Rey Juan Carlos I siempre mantuvo una conexión visible y afectiva con la Guardia Real, ese cuerpo histórico que evocaba la continuidad de la Corona a través de uniformes de gala, desfiles y una presencia ceremonial que reforzaba la imagen institucional. Era un estilo acorde con los años de la Transición, cuando la Monarquía necesitaba afirmarse en el paisaje democrático naciente.
Felipe VI, tal y como destaca el portal Monarquía Confidencial, en cambio, ha optado por una protección más integrada en el tejido cotidiano del Estado, priorizando la funcionalidad sobre lo escenográfico. Aquí entra en escena la Benemérita, con su implantación capilar en todo el territorio y su proximidad al ciudadano de a pie. El monarca ha mostrado en repetidas ocasiones su aprecio por este cuerpo, no solo en el ámbito de la seguridad personal, sino como garante de la legalidad y la cohesión nacional.
Esta apuesta del Rey por la Guardia Civil cobra especial relevancia en un momento en que la institución goza de un reconocimiento aún mayor entre los españoles. Encuestas recientes reflejan que la imagen de la Benemérita ha mejorado para cerca del 38% de la población, consolidándola como uno de los pilares mejor valorados del Estado, junto al Ejército y la Policía Nacional. Y no es casualidad: el magnífico trabajo de la Unidad Central Operativa (UCO) en la lucha contra la corrupción ha sido determinante, destapando tramas que afectan a distintos ámbitos políticos con una profesionalidad que trasciende colores partidistas.
Sin embargo, este brillo no ha estado exento de sombras. Pese a su labor impecable, la Guardia Civil ha enfrentado presiones y obstáculos desde el Ministerio del Interior, encabezado por Fernando Grande-Marlaska. Denuncias de mandos internos hablan de intromisiones, intentos de anticipar informes judiciales y maniobras para apartar a investigadores clave, en un contexto donde las pesquisas de la UCO tocan casos sensibles para el Gobierno y su entorno. Fuentes cercanas al Instituto Armado lamentan estas trabas, que contrastan con la independencia que siempre ha caracterizado a la Benemérita.
Al final, el cambio en Zarzuela no es una ruptura, sino una adaptación a los tiempos: una Monarquía más cercana, más operativa, que confía en instituciones como la Guardia Civil para proyectar solidez y servicio público. En un país donde la confianza en lo político se resquebraja, gestos como este refuerzan la idea de que la Corona busca alinearse con lo que más valora la sociedad: eficacia, honradez y proximidad. El tricornio, una vez más, se erige en símbolo de esa España que resiste.
Chismógrafo
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David Lozano