lugares comunes del corazón
Yerbabuena, el paraíso serrano donde Rocío Jurado y Ortega Cano se dieron un mediático 'sí, quiero'
En Castilblanco de los Arroyos, 'La Más Grande' encontró paz lejos de los focos, celebró una boda legendaria en su ermita blanca, crió a sus hijos adoptivos y vivió sus días más felices hasta que su fallecimiento puso fin a la vida familiar tal y como se había desarrollado hasta entonces.

Boda de Rocío Jurado y Ortega Cano en Yerbabuena.
En junio de 1994, José Ortega Cano adquirió la finca Matute, una extensa propiedad de cerca de 800 hectáreas ubicada en el municipio sevillano de Castilblanco de los Arroyos, en plena Sierra Morena. La compró al torero Juan Antonio Ruiz Espartaco, y la renombró como Yerbabuena. Esta dehesa, dedicada a la montanera del cerdo ibérico, la producción apícola de excelente miel y la cría de toros bravos, se transformó rápidamente en el refugio favorito de la pareja formada por el diestro y Rocío Jurado. Próxima a la histórica Vía de la Plataparte del Camino de Santiago, la finca ofrecía un entorno privilegiado de paz y serenidad rural andaluza, ideal para evadirse del estrellato.
Yerbabuena no era solo una residencia, sino un santuario personal para Rocío Jurado. Allí reposaba entre giras, planeaba nuevos proyectos, ejercía de magnífica anfitriona con familiares, amigos y periodistas, y disfrutaba de la naturaleza rodeada de olivos, encinas y un lago con una pequeña isla. La revista ¡Hola! visitó la propiedad en numerosas ocasiones, capturando momentos íntimos como la pareja junto a la amplia piscina, navegando en barca o posando con su hija Gloria Camila en 2003, mientras relataban sus veranos: Ortega cabalgando, Rocío cantando, bañándose y preparando nuevos discos. “Aparte de muchas preocupaciones, mi marido me ha dado la vida”, declaraba la tonadillera en 1998, tras la recuperación del torero de una grave cornada en Mallorca.
El corazón espiritual de la finca era la ermita de Las Vírgenes, cuya construcción comenzó el 5 de diciembre de 1994 en una colina rodeada de olivos. Diseñada por el arquitecto sevillano Juan Antonio Balbontín y su hijo Santiago, el templo, con su campanario, cúpula y puerta tallada por artesanos cordobeses, se avista desde las calles de Castilblanco. La campana, adquirida en un anticuario de Linares, resonaba en las ocasiones más señaladas, y Rocío solía cerrar el día entonando la Salve frente al altar.
Inicialmente planeada en la basílica de La Macarena, la boda de Rocío Jurado y José Ortega Cano se celebró finalmente en esta ermita el 17 de febrero de 1995, apenas dos días después de su consagración. Oficiada por el sacerdote Antonio de Mora y Mora, con la colaboración de Ángel Romero, la ceremonia contó con 200 asistentes en el interior, mientras pantallas gigantes permitían seguirla a los cerca de 2.000 invitados al banquete posterior. El evento, retransmitido en directo por cadenas españolas e hispanoamericanas, paralizó el pueblo: medios acamparon semanas antes, y vecinos y curiosos se congregaron en la Avenida Antonio Machado para ver llegar a figuras como Juana Reina, Curro Romero, Paloma San Basilio o Gracia Montes.
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El altar estaba dominado por un altorrelieve de la Santísima Trinidad y albergaba imágenes marianas como la Virgen de Regla, del Rocío, la Caridad del Cobre, la Macarena o la Fuensanta. Incluía también un San Cayetano y un San Onofre en homenaje a la madre de la cantante, Rosario, además de cuadros regalados por vecinos: San Benito de Castilblanco y la Virgen de Gracia, patrona del municipio.La ermita acogió otros hitos familiares: la boda de Rocío Carrasco y Antonio David Flores en marzo de 1996, y el bautizo de Gloria Camila y José Fernando en febrero de 2000, en una jornada campestre y cercana.
La conexión de Rocío con Castilblanco trascendía Yerbabuena. Regaló a la Virgen del Rosario de la Parroquia del Divino Salvador una saya elaborada con los bordados del traje de luces rojo que Ortega llevó en una grave cornada en Cartagena de Indias (1995). Como exvoto por su recuperación, donó también un cuadro a la ermita de San Benito Abad, a 12 km del pueblo, donde participaba en romerías y rezaba junto al río Viar. Con su hijo José Fernando, acudía ocasionalmente a la ermita de la Virgen de Escardiel, donde el niño ayudaba como monaguillo.
En el día a día, era habitual ver a la artista en el mercadillo semanal de los jueves, regateando con humor, comprando pipas de calabaza o conversando con vecinos en comercios locales.

Finca Yerbabuena.
Tras el diagnóstico de cáncer de páncreas en 2004, anunciado públicamente en septiembre, Yerbabuena sirvió como lugar de recuperación. En julio de ese año, desde la finca se desplazó a Madrid para una intervención quirúrgica. Fiel a sus promesas, cumplió devociones como postrarse ante la Virgen de Regla en Chipiona en 2005.
Rocío Jurado falleció el 1 de junio de 2006. Ese día, vecinos rindieron tributo en la entrada de la finca y rezaron por ella ante la Virgen del Rosario. Meses después, en agosto de 2006, Ortega Cano declaraba ante las cámaras: “Aunque Rocío ya no esté aquí, para mí es como si estuviera. Yo voy a seguir siendo el hombre que la va a seguir amando toda su vida”. Un año después, posaba en la casa llena de recuerdos, incluidos trajes significativos como el de su Puerta Grande en Las Ventas o el que Rocío vistió para ¡Viva el pasodoble! junto a sus hijos Gloria Camila y José Fernando, quienes le ayudaban en el duelo.

Rocío Jurado.
En 2013, el mismo año en que fue condenado por homicidio imprudente, Ortega vendió Yerbabuena a la ganadera peruana Rocío Torres Carcasi, cerrando un capítulo de casi quince años que unió profundamente a la artista con Castilblanco de los Arroyos.
Hoy, vecinos como el joven cantaor Rafael Jesús Velázquez impulsan iniciativas para homenajear públicamente a Rocío Jurado en el municipio, reconociendo la suerte de haberla tenido entre ellos durante una etapa tan significativa de su vida. La ermita de Las Vírgenes, visible desde el pueblo, sigue evocando su memoria, como un barco blanco en un mar de oro entre encinas y olivos.