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Ambiciones: el sueño hortera y mítico de Jesulín de Ubrique que conquistó los 90

En el corazón de la Sierra de Grazalema, en Cádiz, se erige Ambiciones, la icónica finca que Jesulín de Ubrique adquirió con solo 16 años y que se convirtió en el símbolo de su fulgurante éxito como torero y fenómeno mediático de los 90.

Finca Ambiciones.

Finca Ambiciones.Archivo

David González
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Jesulín de Ubrique irrumpió en el mundo taurino hace más de tres décadas, convirtiéndose en un fenómeno mediático gracias a su carisma, naturalidad y espontaneidad. En 1994, con solo 20 años, protagonizó una célebre corrida en Aranjuez que reunió a 9.000 mujeres, un evento cubierto por periodistas como Irma Soriano para Antena 3, quien recordaba su rápido ascenso en el programa de La Sexta Anatomía de...: "Con 16 años le preguntaron y dijo que todavía era virgen y llamó la atención esa forma de hablar, con su ceceo propio de la forma de origen y su naturalidad".

El símbolo máximo de su éxito fue la finca Ambiciones, adquirida en 1990 con apenas 16 años por una cantidad cercana a los 90 millones de pesetas (unos 550.000 euros actuales). Situada en unas 300 hectáreas dentro del Parque Natural de Grazalema, en el término municipal de Prado del Rey (Cádiz), la bautizó en honor a su primer toro. Similar a propiedades icónicas como El Lerele de Lola Flores o Cantora de Isabel Pantoja, Ambiciones se convirtió en un lugar de peregrinación en los 90: autobuses de admiradores se detenían en la puerta para fotos, y Jesulín saludaba desde dentro. El especialista en cultura popular Juan Sanguino la describe como "maravillosamente hortera, barroca", destacando que el torero presumía de que "la habitación más pequeña era la suya".

Tras cinco años de obras, la familia se mudó allí en 1995, inaugurando una espectacular residencia de 2.000 metros cuadrados con diez dormitorios, una sala de trofeos donde guarda recuerdos taurinos y de caza, zona de recreo, sala de juegos, gimnasio y decoración rústica en tonos castellanos. La finca incluye una plaza de toros propia, instalaciones para ganadería brava, una capilla con ventanales y campos donde pastan los toro s de lidia criados por Jesulín. Una anécdota emblemática de esa época fue su mascota, un tigre llamado Currupipi, que vivía en la finca.

Ambiciones fue durante años el emblema y el hogar de la familia Janeiro. Humberto Janeiro, padre del torero y administrador de sus bienes en aquel momento, viviría allí hasta 2003, mientras que Carmen Bazán se mudó cinco años después. Sin embargo, aunque fue el domicilio familiar hasta 2002, año en que Jesulín se casó con María José Campanario, hoy no es su residencia habitual. La pareja vive en una casa en El Bosque, cerca de donde residen Carmen Bazán y Víctor Janeiro con sus familias.

Su mantenimiento ha sido un desafío: malas inversiones y deudas de Humberto provocaron embargos parciales en 2012, y se rumoreó su venta (negada por Campanario). Jesulín intentó rentabilizarla como espacio para eventos exclusivos como bodas, un proyecto paralizado por la pandemia. Ambiciones ha sido escenario de momentos clave, como bautizos de los hijos de Jesulín, y sigue siendo un referente en la crónica rosa. Actualmente valorada en millones de euros, representa el legado taurino y familiar de los Janeiro, con un futuro aún por definir, incluyendo derechos hereditarios para todos sus descendientes. Tras 35 años, permanece como testimonio indeleble de los años de mayor esplendor del torero.

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