Palo legal y una dura traición arruinan la nueva empresa de Kiko Matamoros y Kiko Hernández
El proyecto de los colaboradores, Los Kikos TV arranca totalmente gafado con dos contratiempos que serán difíciles de asumir y, lo que es peor, complicado de superar.

Kiko Hernández, Belén Esteban y Kiko Matamoros en 'Ni que fuéramos shhh'.
El regreso mediático de Kiko Hernández y Kiko Matamoros nace torcido. Muy torcido. Lo que debía ser la reaparición en tromba del autodenominado “eje del mal”, que tantas tardes de gloria ha dado al Sálvame de Telecinco, en el ecosistema digital ha arrancado entre problemas legales, rectificaciones forzadas y una sensación incómoda de proyecto gafado incluso antes de subir el primer vídeo.
El primer golpe ha sido jurídico. El espacio que ambos anunciaron con orgullo bajo un nombre tan provocador como “Gilipollas tú” ha tenido que ser fulminado antes de ver la luz. El motivo no es creativo ni estratégico, sino mucho más prosaico: el nombre no se puede usar. Un conflicto con el registro de la marca ha obligado a abortar la denominación original, un revés que el propio Matamoros reconocía sin rodeos en redes sociales: “Ya nos han jodido el nombre del programa”. Un palo legal de los que dejan marca… y que encienden todas las alarmas en un estreno.
La solución ha sido tan rápida como poco inspirada. El canal pasa a llamarse Los Kikos TV, una etiqueta neutra, casi de transición, muy alejada del espíritu irreverente y gamberro con el que pretendían irrumpir en YouTube. Ellos insisten en que el contenido seguirá siendo ácido y sin filtros, pero el cambio de nombre no es un detalle menor: marca el primer retroceso estratégico antes de empezar.
Pero el verdadero terremoto llega por detrás. La Osa Producciones Audiovisuales —la heredera directa de La Fábrica de la Tele y Fabricantes Studio— ha querido marcar distancias de forma oficial. La productora de Óscar Cornejo y Adrián Madrid ha difundido un comunicado para dejar claro que el proyecto de los Kikos no tiene nada que ver con ellos, que es una iniciativa “personal e independiente” y que queda fuera de su paraguas empresarial.
Más allá del tono cordial del mensaje, el gesto se interpreta en el sector como una traición en toda regla. Hernández y Matamoros fueron durante años pilares fundamentales del universo Sálvame, y ahora arrancan su nueva etapa sin red, sin respaldo y sin el sello de quienes los hicieron. Un corte limpio que no estaba en el guion y que deja al descubierto la fragilidad del proyecto.
El resultado es un estreno que llega con demasiados interrogantes: un nombre cambiado por obligación, una productora que se desmarca públicamente y dos comunicadores que, además de dar la cara, deberán asumir ahora la gestión, la responsabilidad legal y el riesgo empresarial de su aventura digital.
Demasiados tropiezos para un debut. Porque en televisión —y más aún en YouTube— las primeras señales importan. Y esta historia, por ahora, ha empezado con mal pie.
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