Moncloa gasta otros 15.000 euros en maquillaje de Pedro Sánchez para ocultar su rostro demacrado
Presidencia del Gobierno quiere maquillar los problemas del presidente tapando su deteriorado aspecto. Un nuevo contrato de un elevado importe para solo 6 meses más.

Pedro Sánchez, en la Munich Security Conference.
Pedro Sánchez vuelve a protagonizar una polémica que retrata a la perfección el ADN de su Gobierno: obsesión por la imagen, desprecio por la realidad. Mientras España afronta una cascada de problemas políticos, económicos y sociales, La Moncloa ha decidido invertir de nuevo en pulir el rostro del presidente ante las cámaras.
El Ministerio de la Presidencia ha adjudicado un nuevo contrato para servicios de maquillaje y peluquería destinados a las comparecencias públicas del Ejecutivo. El contrato asciende a más de 15.400 euros por seis meses y vuelve a recaer en la misma profesional que lleva años vinculada a la imagen pública del Gobierno. Un gasto menor en términos presupuestarios, sí, pero enorme en términos simbólicos.
Porque el mensaje es demoledor: Sánchez prefiere corregir las sombras de su rostro antes que las sombras de su gestión.
Según ha revelado Vozpópuli, la decisión llega tras una ola de comentarios sobre el aspecto del presidente en una reciente rueda de prensa, donde su maquillaje fue objeto de debate en redes sociales y medios. En lugar de centrarse en el fondo del mensaje político, el debate se desplazó a la forma. Y eso, precisamente, es lo que más parece preocupar a La Moncloa.
No es un caso aislado. Desde la llegada de Sánchez al poder, el gasto acumulado en contratos de peluquería y maquillaje supera los 247.000 euros, con costes por sesión que han oscilado entre los 206 y los 331 euros. Una cifra que evidencia hasta qué punto la imagen ha sido elevada a política de Estado.
Mientras tanto, los españoles siguen esperando soluciones a problemas mucho más urgentes: inflación, vivienda, seguridad, crisis institucional y deterioro de la confianza pública.
La defensa oficial del Gobierno es que la imagen forma parte del mensaje político y que la exposición mediática requiere profesionales de estética. Puede ser cierto. Pero lo inquietante es que esa lógica parece haberse convertido en el eje central del sanchismo: gobernar como si se tratara de una campaña permanente, donde la estética sustituye a la política.
En un contexto de creciente desgaste, con escándalos judiciales, tensiones internas en el PSOE y una oposición al alza, Sánchez opta por reforzar su equipo de maquillaje. No su equipo político. No su programa. No su credibilidad.
La obsesión estética de Sánchez no es una anécdota frívola, sino una metáfora del proyecto político del presidente. La Moncloa funciona cada vez más como un plató televisivo, donde la puesta en escena importa más que la sustancia.
No es casual que la adjudicación del contrato se haya producido tras un episodio mediático que afectó a la percepción pública del presidente. El mensaje interno es claro: hay que controlar la narrativa visual, aunque la narrativa política esté en crisis.
Mientras Sánchez retoca su imagen, millones de españoles sienten que nadie retoca sus problemas. Mientras el presidente se somete a contouring, la confianza en las instituciones se somete a erosión. Mientras Moncloa ajusta focos y brochas, los ciudadanos ajustan sus bolsillos.
En política, la forma importa. Pero cuando la forma sustituye al fondo, lo que queda es pura propaganda.
Y eso, precisamente, es lo que muchos españoles empiezan a ver cada vez con más claridad cuando miran a La Moncloa: un Gobierno obsesionado con la estética, pero incapaz de afrontar la estética realidad de un país cansado de maquillaje político.
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Patricia Rodríguez Corchado