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En Casa Real no dan crédito con la nueva confidente en Palacio de la Reina Emérita

En Zarzuela no dan crédito a la nueva relación de complicidad entre Doña Sofía y alguien inesperado tras el fallecimiento de su hermana, la Princesa Irene de Grecia.

Doña Sofía en la Catedral de Burgos de la exposición ‘Picasso. Raíces bíblicas’, este  pasado lunes

Doña Sofía en la Catedral de Burgos de la exposición ‘Picasso. Raíces bíblicas’, este pasado lunesTomás Alonso / Europa Press

David Lozano
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Hubo un tiempo en el que cualquier gesto de la Reina Sofía se interpretaban con paciencia casi monacal: una visita a un acto cultural, una aparición en un acto benéfico, un comentario medido más cercano a la prudencia que al interés mediático. Hasta ahora. Porque la crónica más reciente sobre la nueva vida de la Emérita— tras la muerte de su hermana la Princesa Irene de Grecia — ha encendido más de una mirada en La Zarzuela.

Lo que en otros tiempos habría pasado inadvertido, ahora genera sorpresa, asombro e incluso especulación entre quienes conocen los entresijos de la Casa Real: la relación que se ve entre Sofía y la  Reina Letizia. Sí, esa Letizia que, desde su llegada al corazón del trono, fue descrita como figura distante, cautelosa en su trato con la Reina Emérita y a menudo objeto de interpretaciones más políticas que personales.

Lo que se observa, tal y como cuenta el portal Monarquía Confidencial, en los últimos encuentros —visibles en actos públicos y en la convivencia cotidiana del entorno zarzuelino— es una complicidad que nadie esperaba. Una sintonía que rompe años de silencios cruzados en los que las apariciones simultáneas apenas eran la confirmación de un deber institucional, no de una conexión genuina.

En Palacio, según han señalado fuentes solventes consultadas por ESdiario, todo el mundo está “sorprendido por esta nueva relación”. No se trata solo de actitud en actos oficiales, ni de sonrisas fugaces captadas por los fotógrafos: es la sensación —según esas mismas fuentes— de que ambas han encontrado un espacio compartido, un terreno común donde la formalidad deja paso a gestos más fraternos. Un detalle que ha sorprendido a más de uno en los despachos de La Zarzuela, donde las dinámicas internas siempre han sido tan analizadas como discretas.

Y es que, cuando en una institución tan vigilada como la Corona se percibe un cambio de complicidades, no puede dejar de leerse como algo más que una simple coincidencia de agendas. Hay algo que se siente distinto en la manera en que la Emérita y la Reina Letizia, para alegría del Rey Felipe VI, comparten miradas, pasos o momentos de conversación —a veces más allá de lo estrictamente ceremonial— y que ahora reconfigura, silenciosamente, una historia que muchos creían ya escrita.

Hace no mucho tiempo, trascendía la mala (o al menos poca) relación entre las dos reinas, con algunos encontronazos bastante sonados, ya hubiesen sido filtrados o bien percibidos en público, como el rifirrafe de la misa de Pascua en Palma. Hoy, en cambio, basta una sonrisa, un gesto compartido o una foto conjunta para que la crónica palaciega perciba que hay un cambio de relación. Y esta nueva complicidad entre reinas, la una que fue y la otra que es, podría marcar un capítulo inesperado —y revelador— en la narrativa y relación familiar de la Corona española.

Y, sin duda, el punto positivo en todo esto, demostrando humanidad y cariño, se lo lleva la algunas veces cuestionada, precisamente por su frialdad, Doña Letizia.

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