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Ridículo de Pedro Sánchez: fracasa su campaña internacional contra el Rey Felipe

Moncloa se ha borrado de la agenda exterior pensando que así iba a restar relevancia a los actos, pero lo cierto es que la presencia de nuestro Jefe de Estado da brillo y esquiva el boicot gubernamental.

El Rey Felipe y Pedro Sánchez, en el Mobile World Congress.

El Rey Felipe y Pedro Sánchez, en el Mobile World Congress.Europa Press

David Lozano
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En política exterior hay gestos que dicen más que un discurso. Y esta semana ha quedado retratada una escena que resume bien la paradoja de la política española: mientras el Gobierno de Pedro Sánchez parece empeñado en rebajar el protagonismo internacional de la Corona, el Rey Felipe sigue acumulando presencia diplomática y reconocimiento allí donde viaja.

El último episodio se ha visto en Lisboa. Felipe VI acudió a la toma de posesión del nuevo presidente portugués, António José Seguro, en una escena que llamó la atención por un detalle poco habitual: el monarca acudió sin la compañía de ningún ministro del Gobierno español.

La imagen no es menor. En los grandes actos internacionales lo habitual es que el jefe del Estado esté acompañado por miembros del Ejecutivo, que forman parte de la delegación oficial. Sin embargo, en esta ocasión el Rey compareció, tal y como destaca Monarquía Confidencial, en solitario, en un contexto internacional complicado marcado por la crisis en Oriente Próximo y por la reorganización de agendas diplomáticas.

Lo ocurrido en Portugal es solo el primer capítulo de una agenda internacional especialmente intensa. Felipe VI ha iniciado una auténtica maratón diplomática que lo llevará en apenas una semana por distintos países, con escala en América Latina tras su paso por Lisboa.

En términos diplomáticos, el movimiento tiene un significado claro: España mantiene su presencia institucional en las grandes citas internacionales gracias a la figura del Rey. Y lo hace en un momento en el que la política exterior del Gobierno de Sánchez atraviesa momentos de tensión y reconfiguración.

Paradójicamente, el intento de rebajar el perfil internacional de la Corona —una estrategia que desde Moncloa se ha interpretado como una forma de controlar el relato institucional— está produciendo el efecto contrario. Cuanto más se retira el Gobierno de la escena, más visible resulta la figura del monarca. Pedro Sánchez “se borra” pensando que así resta relevancia al Rey, pero Felipe VI brilla como protagonista. Una estrategia fallida y un ridículo más de Sánchez.

No es casualidad. Desde su proclamación en 2014, Felipe VI ha desarrollado una intensa agenda internacional que lo ha llevado a visitar más de 60 países, consolidando su perfil como uno de los jefes de Estado europeos con mayor presencia diplomática.

En ese contexto, su asistencia a la toma de posesión del presidente portugués tuvo también un valor simbólico importante. Seguro quiso agradecer públicamente su presencia y subrayó la importancia de la cooperación entre España y Portugal, reforzando el mensaje de cercanía entre ambos países.

El contraste político

Lo que emerge de este episodio es una escena reveladora. Mientras el Gobierno intenta marcar distancia institucional, la agenda internacional del Rey continúa desarrollándose con normalidad y, en muchos casos, con un protagonismo que trasciende las fronteras españolas.

La paradoja es evidente: la supuesta estrategia de aislamiento termina resaltando aún más la figura del jefe del Estado.

Porque en diplomacia las ausencias también hablan. Y cuando un país aparece representado solo por su Rey en una gran cita internacional, el mensaje que se percibe fuera no es necesariamente debilidad de la Corona, sino todo lo contrario: la imagen de un jefe de Estado que mantiene su papel mientras la política doméstica se queda en segundo plano.

Y esa es precisamente la contradicción que ha quedado al descubierto en esta semana diplomática.

Mientras Moncloa quiere aislarle, Felipe VI sigue brillando en el exterior, recordando que la política internacional no siempre se decide en el Gobierno, sino también en los escenarios donde España se presenta ante el mundo.

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