Rhudo, el local maldito de los famosos que nunca fue de Llorente o Griezmann, acaba ante el juez
Al proyecto también aparecían como vinculados los actores Miguel Ángel Silvestre y Álex González, pero la realidad es bien distinta.

Mario Hermoso, De Paul,Saúl, Koke, Marcos Llorente, Memphis Depay y Griezmann en la presentación de Rhudo.
Durante meses, el restaurante Rhudo fue uno de esos lugares de Madrid donde todo parecía encajar en la ecuación perfecta del éxito: cocina sofisticada, estética de club exclusivo y una lista de nombres conocidos que convertía cualquier inauguración o cena en un pequeño acontecimiento social.
En torno al proyecto orbitaban rostros populares del deporte y la interpretación. El futbolista del Atlético de Madrid Antoine Griezmann, su compañero de equipo Marcos Llorente y los actores Miguel Ángel Silvestre y Álex González aparecían como asociados al restaurante en crónicas, fotografías y comentarios del ecosistema social madrileño.
La idea que se instaló rápidamente era sencilla: Rhudo era un restaurante impulsado por famosos. Un proyecto gastronómico respaldado por estrellas del fútbol y del cine. Sin embargo, con el paso del tiempo esa narrativa ha empezado a resquebrajarse.
Lla realidad del negocio era muy distinta de la que se proyectó hacia fuera. El restaurante nunca ha sido propiedad de ninguno de esos nombres conocidos que durante meses aparecieron vinculados al proyecto. Ni de Griezmann. Ni de Llorente. Ni de Silvestre. Ni de González.
Incluso el chef Paco Roncero, otro de los nombres asociados públicamente al restaurante en sus inicios, tampoco habría sido propietario del establecimiento.
El control empresarial del negocio siempre estuvo en manos de la familia Fernández-Luengo, vinculada desde hace años al sector de la estética y la restauración. Un grupo empresarial que también está detrás de la conocida cadena de peluquerías Marco Aldany y del grupo de ocio y restauración Grupo Salvaje.
Los hermanos Zeus, Daniel y Alejandro Fernández Luengo habrían sido los verdaderos promotores del restaurante desde el principio. Una propuesta atractiva… que terminó mal
Entonces, ¿cómo acabaron todos esos nombres famosos asociados al proyecto?
La explicación que dan personas cercanas a los implicados a ESdiario tiene que ver con una fórmula cada vez más habitual en el mundo del ocio y la restauración: incorporar a figuras conocidas como inversores minoritarios y, al mismo tiempo, como embajadores mediáticos del negocio.
Según estas fuentes, a los futbolistas y actores se les propuso participar en el proyecto aportando, sobre todo, su imagen pública. Su presencia ayudaría a posicionar el restaurante como uno de los locales de referencia en la noche madrileña.
La propuesta, sobre el papel, resultaba atractiva.Pero con el tiempo, explican, la relación se fue deteriorando hasta el punto de que varios de los implicados consideran ahora que fueron engañados en el desarrollo del proyecto.
El desenlace de aquella historia que comenzó entre focos, inauguraciones y fotografías en redes sociales está ahora mucho más cerca de un juzgado que de una mesa de restaurante.
Según las mismas fuentes, los perjudicados han iniciado procesos judiciales contra la familia Fernández-Luengo.
Las acciones se habrían planteado en distintos frentes, tanto en la vía civil como en la penal, con el objetivo de aclarar responsabilidades sobre el funcionamiento societario del negocio y el uso de su imagen en el proyecto.
El conflicto, por ahora, se mueve en el terreno judicial y todavía deberá resolverse en los tribunales.
El riesgo de poner el nombre
La historia de Rhudo deja también una reflexión que en Madrid se repite cada vez con más frecuencia en el mundo de la restauración de lujo. Los restaurantes ya no compiten solo por la carta o por el chef. Compiten también por la notoriedad.
Y en esa batalla la presencia de deportistas o actores se ha convertido en un poderoso reclamo mediático.
Pero el caso de Rhudo demuestra que esa estrategia tiene una cara menos visible.
Porque cuando un proyecto se presenta públicamente como el restaurante de varios famosos, la percepción se instala con rapidez. Y desmontarla después resulta mucho más difícil.
Durante meses se dio por hecho que el restaurante pertenecía a quienes simplemente habían aceptado participar en el proyecto.Una confusión que terminó dañando su imagen. La historia de Rhudo empezó como un símbolo de glamour gastronómico y acaba ante la Justicia.
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Candela Alba