La nueva metedura de pata de Iñigo Onieva con los latinoamericanos puede obligarle a tragarse sus palabras
Como sea cierto de lo que nos informan las "malas lenguas" el marido de Tamara Falcó va a tener que recular de lo que presume en un abrir y cerrar de ojos.

Íñigo Onieva empieza con polémica su nueva aventura empresarial.
"No queremos que esto se convierta en el club de los latinoamericanos tampoco. Queremos que haya un equilibrio entre la comunidad local y la internacional", es la declaración del yerno de Isabel Preysler para describir el nuevo local que ha inaugurado junto a su socio Manuel Campos en Madrid hace tan sólo unos días.
El empresario Íñigo Onieva ha abierto las puertas de Vega Members Club, un espacio exclusivo en Madrid con membresías de hasta 2.500 euros y un proceso de selección para nuevos socios. No más de 500 participantes en este club de alto nivel.
Las palabras del marido de Tamara Falcó se producen en la visita guiada del local a algunos medios de comunicación para explicar cómo será el proceso de selección de los socios del que dicen que será el nuevo local de moda de la capital española.
Chismógrafo
Isabel Preysler y Tamara Falcó, gran apoyo de Íñigo Onieva en su nuevo proyecto
Sara Conde
Según aseguran las malas lenguas, que la mayoría de la veces son las que cuentan la verdad, en los primeros días de vida del local había más figurantes puestos por los empresarios que socios propiamente dichos. Como sea cierto de lo que nos informan estas "malas lenguas" van a tener que abrir el cupo a latinoamericanos los empresarios de este nuevo local.
La metedura de pata del joven empresario que estudió un master en Londres, como él mismo ha querido recalcar en esta misma entrevista a El Mundo, de la tan comentada declaración reside en la forma en cómo se dice las cosas y quiénes son sus protagonistas. Ni muchos españoles, ni extranjeros podrán acceder a ser socios por la cantidad dineraria solicitada para ser socio. No es cuestión de latinoamericanos. En este segundo grupo hay quien tiene muchos más que en el primero aunque no lo parezca. El problema es que Iñigo Onieva vive en un mundo de compartimentos estancos y clasificados según su escaso mundo por diferentes barrios de Madrid. Y del país entero. Vive en una burbuja entre los suyos y los adquiridos, los Preysler. Y no todos son iguales que Onieva