De estrella del destape a pionera en abrir el debate de la eutanasia: la historia de Azucena Hernández
Fue un icono de los 80, sufrió un accidente que cambió su vida y luego defendió lo que nadie quería escuchar. La historia de la actriz sigue desafiando a España hoy.
Azucena Hernández con Concha Velasco en TVE en 2002.
La legalización de la eutanasia en España vive hoy uno de sus capítulos más impactantes con el inminente procedimiento de Noelia Castillo Ramos, la joven de 25 años de Barcelona que recibirá la ayuda para morir tras una prolongada batalla judicial y la férrea oposición de su padre y colectivos conservadores. Tras más de 20 meses de recursos ante tribunales españoles y el propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la última vía legal para frenar su decisión ha sido desestimada y, este jueves, la eutanasia se hará efectiva, en lo que ya se considera un hito del derecho al “morir dignamente” en España.
El caso de Noelia ha reabierto con fuerza el debate ético y social sobre los límites y las garantías de la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia, en vigor desde 2021, en la que se reconoce la posibilidad de solicitar la muerte asistida ante situaciones de sufrimiento insoportable e irreversible. Su historia (que ha trascendido por la confrontación familiar, la intervención de asociaciones religiosas y un largo recorrido judicial) pone sobre la mesa cuestiones que, décadas atrás, hubieran sido impensables en el discurso público español.
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Mucho antes de este debate contemporáneo, ya hubo voces valientes que desafiaron el silencio y el estigma en torno al derecho a morir con dignidad. Una de ellas fue Azucena Hernández, actriz y personalidad mediática popular en los años 80 que, tras sufrir un gravísimo accidente de tráfico que la dejó tetrapléjica en 1986, se convirtió en una de las primeras figuras públicas en defender abiertamente la eutanasia en los medios de comunicación.
Nacida en Barcelona en 1960, Hernández entró en el mundo del espectáculo por casualidad cuando con 18 años fue elegida Miss Barcelona, representando a la provincia en Miss España. Este corto paso por el mundo del modelaje hizo que el mundo del cine llamara a su puerta. Hizo su debut en la película Las eróticas vacaciones de Estela, una de las típicas producciones de Ignacio F. Iquino caracterizadas por, bajo el manto del destape, hacer películas de mal gusto y un punto de machismo.
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A partir de ahí empezó una fulgurante carrera acompañando a los cómicos de la época, siempre ligera de ropa. Llegó a participar en 23 películas entre 1979 y 1986. Rodó sobre todo con la factoría Ozores en filmes como El erótico enmascarado (1980) junto a Fernando Esteso, Brujas mágicas (1981) con Andrés Pajares o El Cid Cabreador (1983) con Ángel Cristo. También participó en otras producciones con toques más gamberros como Las crónicas del bromuro (1979), Bacanal en directo (1979) o El consenso (1980), donde se hacía una parodia de la situación política. Estas últimas llevaron la inevitable clasificación 'S'.
Como protagonista llegó a interpretar La momia nacional (1981) e Historias aberrantes (1982), donde compartió protagonismo con la reina del destape María José Cantudo y que se rodó en la finca Valdelafuentes, propiedad de la familia Franco.
Azucena Hernández
Su carrera comenzó a tomar otro aire cuando aceptó rodar a las órdenes de Eloy de la Iglesia en La estanquera de Vallecas (1987) y en la obra de teatro Enrique IV de Pirandello. En ese momento, sufrió el accidente que le cambió la vida. Fue a la vuelta del teatro, camino de Las Rozas, el 19 de octubre de 1986, ocasionado por culpa de la lluvia. La actriz sufrió una parálisis del 90% de su cuerpo con 26 años.
En los años inmediatamente posteriores, su drama fue portada de las revistas del corazón y llegó a recibir la visita de Julio Iglesias que le aseguró ayuda económica para viajar a Estados Unidos y mejorar su situación. Además, en febrero de 1988 se celebró un festival benéfico con el fin de recaudar dinero para ella al que acudieron varios artistas del momento.
Azucena Hernández en una de sus películas.
Azucena habló sin rodeos sobre la dignidad de elegir el propio final de vida en una entrevista televisiva con Iñaki Gabilondo, generando un debate entonces casi inexistente en España. Su postura fue controvertida y rompió con los tabúes del momento, cuando la sociedad apenas abordaba públicamente estas cuestiones. Por su testimonio y visibilidad, muchos recuerdan hoy a Hernández como una pionera del debate sobre la eutanasia en nuestro país.
Aunque la carrera de Azucena quedó truncada por su parálisis, su lucha personal y su intervención en los medios son parte de la memoria colectiva sobre. Cada cierto tiempo la revista ¡Hola! Le dedicaba un reportaje, sobre todo en su época en la Hospital de Tetrapléjicos de Toledo. También visitó varios programas de televisión como Tiempo al tiempo con Concha Velasco en Televisión Española. En ocasiones recordó que antiguos compañeros de profesión se fueron olvidando de ella, aunque siempre citó a Andrés Pajares como uno de los que ocasionalmente acudía a visitarla y darle ánimos.
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Su postura personal con respecto a la eutanasia cambió. Ciertos tratamientos le dieron una mejoría en su vida y fue recuperando las ganas de vivir. Incluso se enamoró de un compañero en el centro toledano. En sus últimas entrevistas se mostraba animada y con ganas de vivir, sin embargo, siempre se mantuvo firme con que se cambiase la legislación a favor de la eutanasia y defendió la postura de Ramón Sampedro, que se hizo célebre por la lucha contra el Esatado para la eutanasia y cuya historia universalizó Alejandro Amenábar en Mar Adentro (2004), cinta oscarizada donde en la piel del gallego se puso Javier Bardem.
Azucena falleció a los 59 el 4 de diciembre de 2019. La actriz dejaba un recuerdo como uno de los rostros más simpáticos de los años del destape y pionera en poner el debate público un asunto tan controvertido como la eutanasia.