Jordi González desentierra el boicot a La Noria de Telecinco: Vasile sabía de donde venían los tiros
Han pasado muchos años pero el presentador no olvida y ahora ha decidido tirar de la manta y sacar a la luz la verdad de lo que sucedió con la cancelación más sonada de la pequeña pantalla.

Jordi González ha hablado con más claridad que nunca del boicot a "La Noria".
Catorce años después de que La Noria se despidiera en silencio (y sin un solo anuncio que amortiguara el golpe), Jordi González ha decidido volver a ese cráter televisivo que aún humea en la memoria colectiva. Lo ha hecho en La fórmula del éxito, el podcast de Uri Sabat, donde el presentador ha narrado con una franqueza poco habitual cómo se vivió desde dentro el episodio que cambió para siempre la relación entre audiencia, marcas y cadenas privadas.
El detonante es de sobra conocido: la entrevista a Rosalía García, madre de El Cuco, cuando su hijo estaba imputado por encubrimiento en el caso Marta del Castillo. No era su primera aparición televisiva (antes había pasado por Cuatro y Antena 3), pero sí la que desató un boicot sin precedentes. En cuestión de horas, Twitter se convirtió en un campo de batalla y las marcas huyeron como si Telecinco hubiera abierto un portal al inframundo.
“Se empezó a decir que estábamos pagando a asesinos, lo cual no era cierto”, recuerda González: “Pagábamos a la madre de un imputado por encubrimiento. Pero a mí me sientan delante a una invitada y mi trabajo es entrevistarla”. La explicación no frenó la tormenta: el programa quedó desierto de publicidad durante meses, un paisaje que el presentador describe como “un camino del desierto terrible”.
En el centro del huracán, Paolo Vasile, entonces máximo responsable de Mediaset, decidió resistir. Según González, su postura fue clara: “Él sospechaba de donde venían los disparos. No voy a quitar el programa por presión. Lo quitaré cuando vuelva toda la publicidad”. Y así fue. Cuando en enero los bloques recuperaron su densidad habitual (nueve minutos de anuncios por tanda), Vasile dio la orden: fin de La Noria, inicio de otra cosa.
El episodio dejó una cicatriz profunda en la industria. Por primera vez, la audiencia descubrió que podía tumbar un programa sin cambiar de canal, solo dejando de comprar. Y las cadenas entendieron que el boicot podía convertirse en un arma de destrucción masiva. “Es una guerra como la de Irán que no gana nadie”, sentencia González. Desde entonces, el sector mantiene un pacto tácito: no tentar al caos.