Tensión en Zarzuela: el Emérito abronca al Rey Felipe por lo sucedido con el Papa
Don Juan Carlos ha vuelto a opinar sobre la forma de actuar de la Casa Real y le ha afeado a su hijo algo que está ocurriendo durante los actos oficiales en España con el Pontífice.

El Papa León XIV junto a los Reyes Felipe VI y Letizia.
La visita del Papa León XIV a España ha dejado una imagen de unidad institucional hacia el exterior, pero también ha abierto una nueva grieta dentro de la Familia Real. Según fuentes del entorno de Juan Carlos I, el Rey Emérito ha trasladado su malestar por el papel otorgado a la Reina Sofía durante los actos oficiales, un reproche dirigido directamente a la estrategia seguida por Felipe VI y su equipo.
Lo que en principio podría parecer una simple discrepancia de protocolo ha adquirido una dimensión mayor dentro del entorno de la Zarzuela. Fuentes consultadas por el citado medio aseguran que este nuevo desencuentro ha provocado preocupación en la Casa Real, consciente de que cualquier diferencia entre padre e hijo termina proyectándose sobre la imagen de la institución en un momento especialmente simbólico como la visita del Pontífice.
Según asegura Monarquía Confidencial, Don Juan Carlos I considera que la reina Sofía debía haber tenido una presencia mucho más destacada en una cita de estas características. Para el Emérito, su trayectoria, su relación histórica con el Vaticano y el enorme prestigio internacional que conserva la convierten en uno de los grandes activos de la Monarquía española, especialmente en acontecimientos vinculados a la Iglesia católica.
La crítica no se dirige, según esas mismas fuentes, al desempeño institucional de Felipe VI ni de la Reina Letizia durante la visita del Papa. De hecho, el emérito habría valorado positivamente la imagen ofrecida por los Reyes y por la Princesa Leonor y la Infanta Sofía. El desacuerdo se centra exclusivamente en el protagonismo concedido a Doña Sofía, que, a su juicio, quedó relegada a un papel demasiado secundario.
Para Juan Carlos I, la figura de la reina emérita continúa siendo un elemento de estabilidad y de continuidad histórica de la Corona. Considera que su buena valoración pública y su experiencia en este tipo de encuentros internacionales deberían aprovecharse más y no limitarse a una presencia testimonial. En su entorno llegan incluso a sostener que apartarla de este protagonismo supone un error de cálculo institucional.
No es la primera vez que afloran diferencias de criterio entre el anterior y el actual jefe del Estado sobre la gestión de la institución. Sin embargo, este episodio resulta especialmente significativo porque gira en torno a una figura, la Reina Sofía, que históricamente ha mantenido una estrecha relación con el Vaticano y ha participado en numerosos encuentros con distintos pontífices a lo largo de las últimas décadas.
Precisamente por ello, el episodio ha sido interpretado por algunos observadores como un nuevo síntoma de la distinta visión que padre e hijo tienen sobre el papel que deben desempeñar los miembros de la anterior generación de la Familia Real. Mientras Felipe VI ha impulsado desde su proclamación una institución más reducida y centrada en la Familia Real nuclear, Juan Carlos I sigue defendiendo que figuras como la Reina Sofía aportan un valor institucional difícilmente sustituible.
La consecuencia es una nueva discrepancia que, aunque se desarrolla en el ámbito familiar y protocolario, vuelve a poner de manifiesto las diferentes sensibilidades existentes sobre el futuro y la imagen de la Corona. Y, según las fuentes citadas, esa situación no ha pasado inadvertida en la Casa Real, donde preocupa que estas diferencias terminen alimentando la percepción de una nueva distancia entre el Rey y su padre.
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