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Trasciende un grave incidente del Rey Felipe ocurrido durante las vacaciones

Se ha convertido en toda una pesadilla para Zarzuela y lo peor de todo es que parece que no hay solución. Es todo un quebradero de cabeza para la seguridad

El Rey Felipe, en la entrega de premios de la 44ª Copa del Rey de Vela Mapfre.

El Rey Felipe, en la entrega de premios de la 44ª Copa del Rey de Vela Mapfre.Europa Press

David Lozano
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El verano de la Familia Real vuelve a poner sobre la mesa uno de los problemas más difíciles de resolver para Zarzuela: cómo proteger la intimidad de Felipe VI cuando el Rey deja atrás la agenda oficial y se convierte, simplemente, en un ciudadano disfrutando de sus días de descanso. Mallorca, escenario tradicional de las vacaciones reales, vuelve a demostrar que existe un territorio que la Casa del Rey no puede controlar completamente.

El problema no está en la seguridad física del Monarca. El dispositivo que protege a Felipe VI funciona y está diseñado para acompañarle incluso durante sus jornadas privadas. La verdadera dificultad aparece unos metros más allá, allí donde termina el perímetro que controla la seguridad de la Casa del Rey y comienza un espacio en el que cualquier ciudadano puede disponer de una cámara y obtener una imagen del Rey sin que Zarzuela pueda impedirlo.

Precisamente esta es la cuestión que pone de manifiesto El Confidente de la Corte. El medio señala las dificultades que afrontan los equipos de comunicación y protocolo de Zarzuela para preservar la privacidad del Rey durante sus vacaciones en Palma, especialmente ante la posibilidad de que se obtengan fotografías desde lugares ajenos al control de la Casa del Rey.

Y existe un elemento especialmente delicado: las imágenes de Felipe VI durante sus momentos de ocio, incluso en bañador. No porque exista nada extraordinario en que el Rey se comporte como cualquier otra persona durante sus vacaciones, sino porque Zarzuela quiere evitar que escenas estrictamente privadas terminen convertidas en material público. En este sentido, según ha podido saber ESdiario, durante su estancia en Palma este verano ha habido, al menos, dos incidentes entre la escolta y fotógrafos.

La diferencia puede parecer pequeña, pero para la Casa del Rey resulta fundamental. Una cosa es la imagen que Felipe VI decide ofrecer en un acto institucional, cuidadosamente preparada dentro de una agenda oficial, y otra muy distinta aquella fotografía captada a distancia durante una jornada de descanso.

Punto débil fuera del perímetro

La brecha resulta difícil de cerrar precisamente porque no depende exclusivamente de los escoltas. El dispositivo puede garantizar que nadie se acerque indebidamente al Monarca, pero no puede controlar completamente lo que sucede en los alrededores de los lugares que frecuenta.

Ese es el auténtico quebradero de cabeza para Zarzuela.

Una fotografía puede tomarse desde una embarcación, una vivienda, una terraza, un establecimiento o cualquier otro punto situado fuera del perímetro de seguridad. Y una vez que esa imagen entra en circulación, el control sobre ella prácticamente desaparece.

Las redes sociales han multiplicado todavía más ese problema. Hace años una fotografía tomada durante unas vacaciones podía tardar horas o incluso días en llegar a una redacción. Ahora puede estar circulando por miles de teléfonos móviles en cuestión de minutos.

La Casa del Rey se enfrenta así a una paradoja difícil de resolver: cuanto más intenta normalizar la vida privada del Rey, más complicado resulta protegerla.

Felipe VI quiere disfrutar de Mallorca, como ha hecho durante buena parte de su vida. La Familia Real mantiene allí una tradición estival profundamente vinculada a Marivent, al deporte y a la vida social de la isla. Pero el Monarca no deja de ser el Jefe del Estado en ningún momento y su imagen tiene una dimensión institucional incluso cuando se encuentra fuera de la agenda.

De ahí que los equipos de comunicación y protocolo trabajen con un margen cada vez más estrecho.

La prolongación de la estancia de Felipe VI en Mallorca ha vuelto a poner de manifiesto esa dificultad. Mientras la Reina Letizia, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía regresaban a Madrid después de sus compromisos estivales, el Rey prolongaba su presencia en la isla por sus propios planes. Esa circunstancia aumentaba, inevitablemente, la exposición del Monarca durante unos días en los que su actividad tenía un componente mucho más privado.

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