Ana Rosa Quintana estrena yate y desquicia a Pedro Sánchez y sus medios
La presentadora de Telecinco apura sus vacaciones a bordo de un nuevo barco y a la espera de regresar este lunes 31 a su programa. La izquierda busca cualquier excusa para atacarla

Ana Rosa Quintana, a bordo de su nuevo yate.
Ana Rosa Quintana vuelve a estar en el centro de la polémica, aunque esta vez no por una entrevista, una exclusiva o alguna de sus opiniones políticas. El motivo de las críticas es bastante más sorprendente: haberse comprado y estrenado un barco. Una circunstancia absolutamente privada que, sin embargo, ha servido para que determinados sectores de las redes sociales vuelvan a cargar contra la periodista, convertida desde hace tiempo en uno de los principales objetivos mediáticos del entorno más próximo al sanchismo.
Informalia sitúa a Ana Rosa disfrutando de unos días de descanso a bordo de su nuevo yate, acompañada por su marido, Juan Muñoz, que ejerce de capitán durante la travesía. El barco habría supuesto una inversión cercana al millón de euros y representa, sencillamente, una nueva adquisición dentro del patrimonio de la presentadora. Nada más. Pero en el clima de polarización actual, parece que hasta disfrutar de las vacaciones puede convertirse en munición política.
Porque lo verdaderamente llamativo no es que Ana Rosa tenga un barco, sino la reacción que provoca que lo tenga. Desde determinados medios y perfiles identificados con posiciones próximas al Gobierno, tal y como ha comprobado ESdiario, se han deslizado críticas hacia la presentadora, mientras en redes sociales los ataques se han recrudecido, presentando el yate como una especie de símbolo contra el que cargar. Una lectura que difícilmente se sostendría si la protagonista no fuera precisamente Ana Rosa Quintana.
Y es que existe un contexto que resulta imposible ignorar. Ana Rosa es considerada desde hace años una enemiga mediática del sanchismo, una de las voces televisivas que más duramente cuestionan la gestión del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Sus programas han dedicado amplios espacios a los escándalos políticos, las investigaciones judiciales y las polémicas que rodean al Gobierno y al PSOE. Y esa posición le ha granjeado una lluvia de críticas procedentes de quienes consideran que forma parte de esa denominada “derecha mediática”.
La propia Ana Rosa ha tenido que responder en numerosas ocasiones a este tipo de ataques. En el pasado llegó a denunciar públicamente que Pedro Sánchez la señalaba como integrante de esa supuesta “derecha mediática”, mostrando su hartazgo ante una etiqueta que considera interesada.
Ahora el arma es un barco.
La paradoja resulta evidente. No se cuestiona una información periodística, una opinión o una investigación: se cuestiona que una periodista tenga capacidad económica para adquirir un yate y decida disfrutarlo durante sus vacaciones. Y ahí es donde la polémica empieza a parecer menos relacionada con el barco y mucho más con quien se encuentra a bordo.
Ana Rosa, además, no ha ocultado nunca su posición económica ni su éxito profesional. Lleva décadas siendo uno de los rostros más importantes de la televisión española y ha construido un patrimonio acorde con una trayectoria profesional extraordinariamente prolongada. Pretender convertir ahora una compra privada en un asunto político resulta, cuando menos, llamativo.
Y más todavía cuando la periodista acaba de regresar de Ceuta, donde se desplazó para informar sobre la gravísima crisis migratoria que atraviesa la ciudad. Allí fue precisamente donde volvió a recibir ataques políticos: el ministro Óscar Puente llegó a cargar contra ella públicamente por haberse trasladado a la ciudad para cubrir la crisis.
El episodio demuestra que el problema para sus detractores no parece ser dónde está Ana Rosa, sino que Ana Rosa esté. Si informa sobre Ceuta, se la critica. Si analiza al Gobierno, se la señala. Y si se marcha de vacaciones y estrena un barco, también.