Filtración indigna al Rey Felipe: seísmo en Zarzuela tras la visita de Pedro Sánchez

Nunca debió salir del despacho real y, sin embargo, lo ha hecho. Parece que esta vez la cosa no viene de La Moncloa y sí del interior de Palacio.

El Rey Felipe en un despacho con Pedro Sánchez en el Palacio Real de la Almudaina.Europa Press

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La reunión entre Felipe VI y Pedro Sánchez debía quedar encerrada entre las cuatro paredes del despacho real. Una conversación institucional, discreta y sometida a esa regla no escrita que durante décadas ha protegido a la Corona de las turbulencias políticas: lo que ocurre en Zarzuela no sale de Zarzuela. Pero esta vez algo se ha roto. Y la marejada, lejos de proceder del exterior, ha nacido dentro de los propios muros de Palacio.

La posterior difusión de detalles relacionados con el encuentro entre el Rey y el presidente del Gobierno ha provocado un profundo malestar en el entorno de Felipe VI. No se trata únicamente de la incomodidad que pueda generar una filtración más o menos inoportuna. En Zarzuela preocupa especialmente que la información haya trascendido desde círculos próximos a la institución, porque el hermetismo constituye uno de los principales mecanismos de protección de la neutralidad de la Corona.

La cuestión, adelantada por Monarquía Confidencial, adquiere todavía mayor relevancia por el momento político que atraviesa España y por la sensibilidad de algunos de los asuntos que afectan directamente a la Jefatura del Estado. El Rey y Sánchez mantienen una relación institucional que obliga a preservar determinados canales de comunicación, incluso cuando existen discrepancias. Precisamente por eso, cualquier detalle que abandone el despacho real puede terminar convertido en munición política.

Y en esta ocasión la consigna de Felipe VI parece ser inequívoca: no habrá una guerra pública con Moncloa, pero tampoco se permitirá que las filtraciones marquen la relación entre la Casa del Rey y el Gobierno.

Pese al evidente enfado existente en Zarzuela, la decisión adoptada en lo más alto de la institución pasa por rebajar la tensión públicamente. No se quiere alimentar un enfrentamiento abierto con Sánchez ni convertir las diferencias entre ambas instituciones en un espectáculo mediático. Pero esa voluntad de discreción no debe interpretarse como una renuncia a defender la posición de la Corona.

Felipe VI pretende dejar claros sus límites, pero lo hará donde considera que debe hacerlo: en privado. Los canales informales y las conversaciones a puerta cerrada serán el terreno elegido para trasladar aquello que, a juicio de la Casa del Rey, no debería volver a suceder.

Es precisamente ahí donde reside una de las claves de esta nueva tensión entre Zarzuela y Moncloa. El Rey sabe que cualquier respuesta pública puede terminar alimentando una crisis institucional que nadie desea. 

La Corona necesita preservar su neutralidad y, para ello, necesita preservar también la confidencialidad de sus conversaciones. Lo contrario coloca al Rey en una posición especialmente delicada: cualquier conversación mantenida con el presidente del Gobierno puede terminar interpretada políticamente t utilizada como argumento partidista.

En Zarzuela quieren cortar esa dinámica de raíz. Cerrar filas internamente, reforzar los mecanismos de control de la información y mantener abiertos los puentes con el Ejecutivo, pero sin renunciar a una regla que consideran esencial: lo que se habla en el despacho del Rey debe permanecer en el despacho del Rey.

Casa Real ha convertido el hermetismo en una auténtica herramienta institucional. Felipe VI conoce perfectamente que la Corona juega en un terreno especialmente sensible y que cualquier palabra, gesto o conversación puede ser utilizado para alimentar interpretaciones que excedan por completo de la realidad.

Por eso la reacción del Rey resulta especialmente significativa. Frente a la tentación de responder públicamente, Felipe VI habría elegido la vía contraria: máxima firmeza en la intimidad y máxima prudencia de cara al exterior.

Una estrategia que encierra además un mensaje evidente para quienes hayan podido contribuir a las filtraciones. Que no haya una respuesta pública no significa que no haya consecuencias internas. Que Zarzuela quiera calmar las aguas no significa que vaya a aceptar que se vuelva a vulnerar el espacio reservado a las conversaciones institucionales.

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Felipe VI ha decidido no echar más gasolina al fuego. Pero eso no significa que haya pasado página. Al contrario: el Rey quiere que quede claro, en privado y sin necesidad de grandes gestos públicos, que existen unas líneas rojas que no deben cruzarse.