La filtración que sacude Casa Real: el amor de Doña Sofía por Harald V
La muerte del rey noruego ha devuelto al primer plano una historia sentimental de la juventud de la Reina Sofía que ella siempre negó, pero que Pilar Eyre sostiene que fue mucho más intensa
La Reina Sofía en Sevilla, en la inauguración del Congreso Internacional de Enfermedades Neurodegenerativas.
La muerte de Harald V de Noruega ha dejado una fotografía inevitablemente ligada a la Reina Sofía. El monarca noruego fallecía a los 89 años y con él desaparece también uno de los protagonistas de una de las historias sentimentales más controvertidas de la juventud de la madre de Felipe VI. Una relación sobre la que la propia Sofía siempre ha dado una versión muy diferente a la que durante décadas han defendido algunos cronistas reales.
Porque antes de Juan Carlos I hubo otro nombre en la vida de la entonces princesa Sofía de Grecia. Harald, heredero de la Corona noruega, estuvo en el centro de los planes matrimoniales de las familias reales griega y noruega. Federica de Grecia y Astrid de Noruega llegaron a favorecer encuentros entre ambos con la intención de que aquella relación terminara en boda. Sin embargo, el proyecto no salió adelante y Harald terminaría casándose con Sonja Haraldsen.
Es precisamente ahora, después de la muerte del rey noruego, cuando Pilar Eyre recupera aquella historia en su blog de la revista Lecturas y se pregunta qué habrá sentido la Reina Sofía al enterarse del fallecimiento. La periodista sostiene que Harald y Sofía llegaron a ser novios y que estuvieron incluso cerca de casarse, una versión que choca frontalmente con el relato que la propia Emérita ofreció años después.
Sofía siempre negó que hubiese existido un auténtico noviazgo. En su biografía autorizada explicó que hubo interés por parte de las familias, encuentros y especulaciones, pero calificó el resultado de aquel supuesto emparejamiento como nulo. Sin embargo, Eyre mantiene otra versión y asegura que aquel episodio dejó una huella mucho más profunda en la joven princesa.
El momento clave habría llegado en 1961, durante la boda del duque de Kent en Londres. Según el relato recuperado por Eyre, Harald habría evitado sentarse junto a Sofía pese a que todo parecía dispuesto para que ambos aparecieran como pareja. La situación habría resultado especialmente incómoda para la princesa griega, hasta que otro joven príncipe ocupó el lugar que el heredero noruego había dejado libre.
Ese hombre era Juan Carlos de Borbón.
La historia dio entonces un giro que acabaría cambiando el destino de dos monarquías. Juan Carlos y Sofía comenzaron a acercarse durante aquellos días en Londres y un año después se casaron en Atenas. Harald, por su parte, tuvo que librar durante años su propia batalla para poder casarse con Sonja, una mujer que no pertenecía a una familia aristocrática. Finalmente, en 1969, consiguió su propósito.
Lo que quedó atrás fue una relación cuya verdadera naturaleza continúa siendo objeto de interpretaciones distintas. La Reina Sofía ha negado que existiera aquel romance, mientras que periodistas como Pilar Eyre o Jaime Peñafiel han defendido durante años que sí hubo sentimientos y que Harald fue una figura sentimental mucho más importante de lo que se ha querido admitir públicamente. Lo que está claro es que este tipo de comentarios, tal y como reconocen fuentes de Palacio a ESdiario, disgustan en la Casa Real.
Y hay un detalle que hace especialmente significativa la muerte del monarca noruego. Pese a que aquella supuesta historia de amor nunca llegó al altar, Harald y Sofía mantuvieron durante décadas una relación de amistad y cercanía entre sus respectivas familias. Sus caminos volvieron a cruzarse en numerosas ocasiones y las imágenes de ambos juntos han dejado constancia de una relación cordial que sobrevivió al paso del tiempo.
Por eso la pregunta de Pilar Eyre adquiere ahora una dimensión especial. ¿Qué habrá sentido realmente la Reina Sofía al conocer la muerte de Harald? La respuesta pertenece únicamente a ella. Pero el fallecimiento del rey noruego ha conseguido algo que parecía imposible: devolver al presente una historia de juventud que la Emérita lleva décadas intentando dejar en el pasado.
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David Lozano