Letizia, descontrolada y sin protocolo, nuevo icono de la españolidad de Ceuta y Melilla
La Reina ha vuelto a demostrar que los pequeños detallesmarcan la diferencia. Su reacción con una ciudadana en Melilla desató los aplausos y reforzó la cercanía que ya mostró en Ceuta.

Letizia en la visita al Colegio Pintor Eduardo Morillas, en Melilla.
Si en Valencia, poco después de la DANA, fue el Rey Felipe quien se ‘coronó’, en esta ocasión ha sido el turno de la Reina. Doña Letizia ha encontrado en un abanico el mejor aliado para conquistar a los melillenses. En plena visita histórica de los Reyes a la ciudad autónoma, la Reina protagonizó una escena tan sencilla como espontánea que terminó arrancando los aplausos de quienes se agolpaban en la Plaza de España.
Sin grandes discursos ni gestos preparados, aceptó el regalo que le ofrecía una mujer entre el público y comenzó a abanicarse mientras continuaba el recorrido. Una anécdota que rompió por unos instantes la rigidez del protocolo y que se convirtió en una de las imágenes más comentadas de la jornada.
La escena resume el tono cercano que ha marcado el paso de Felipe VI y Letizia por Melilla. La Reina no se limitó a recibir el obsequio con una sonrisa o a agradecerlo de manera protocolaria: lo utilizó allí mismo, bajo el sol y ante una multitud que llevaba horas esperando para ver a los Monarcas. La reacción fue inmediata, con aplausos y muestras de simpatía de los ciudadanos que seguían cada movimiento de la comitiva.
El episodio llega, tal y como les estamos contando en ESdiario, después del multitudinario recibimiento que los Reyes disfrutaron el martes en Ceuta. En ambas ciudades, Felipe VI y Letizia han correspondido al cariño de la población acercándose a los vecinos, estrechando manos, atendiendo a quienes les entregaban regalos y prolongando los saludos más allá de lo estrictamente previsto. La visita a las dos ciudades autónomas, la primera de los Reyes como tales, está dejando imágenes de una conexión con la calle que ha ido mucho más allá de la formalidad institucional.
En Melilla, la expectación era máxima desde primera hora. Cientos de personas se congregaron en la Plaza de España con banderas nacionales y mensajes de bienvenida, mientras se escuchaban gritos de "¡Viva el Rey!", "¡Viva España!" y reivindicaciones de la españolidad de la ciudad. La llegada de los Monarcas, procedentes de Ceuta después de pasar allí la noche, tenía un significado especial: mostrar el respaldo de la Corona a una población que sigue muy pendiente de la seguridad de su frontera y de las consecuencias de la grave crisis migratoria del pasado verano.
En medio de ese ambiente, el abanico terminó convirtiéndose en protagonista inesperado. La mujer que se lo ofreció a la Reina difícilmente podía imaginar que su detalle acabaría generando semejante reacción. Letizia lo aceptó sin intermediarios, se abanicó durante unos segundos y después lo entregó a uno de sus escoltas para continuar saludando. Un gesto cotidiano, casi doméstico, que hizo que muchos ciudadanos percibieran a la Monarca más próxima y natural.
La escena también encaja con otros momentos del recorrido: la Reina se quitó la chaqueta para saludar con mayor comodidad, se detuvo ante los más pequeños y llegó a coger en brazos a un bebé. A ello se sumaron los dibujos y obsequios que recibió de los vecinos, en una jornada en la que el contacto directo con la gente se impuso a los tiempos marcados por el protocolo.
La calurosa acogida de Melilla prolonga así la vivida en Ceuta, donde los Reyes también fueron recibidos entre aplausos y banderas. En una visita cargada de simbolismo institucional y con mensaje inequívoco: la irrenunciable españolidad de ambas ciudades autónomas.
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